3.1. Evolución política: Conquista, Emirato y Califato de Córdoba.
CONQUISTA MUSULMANA.
Los árabes musulmanes, alentados por la idea de la "guerra santa", iniciaron en el siglo VII una fulgurante expansión por el Oriente Medio y el norte de África, llegando hasta las costas del océano Atlántico.
Aprovechando la crisis interna del reino visigodo, envuelto en una de sus constantes luchas internas por el poder monárquico, tropas musulmanas, compuestas por árabes y beréberes, cruzaron el estrecho de Gibraltar en el año 711 iniciando la conquista de la península ibérica.
Dirigidos por el beréber Tariq, lugarteniente del gobernador del Norte de África, Musa ibn Nusayr los musulmanes derrotaron en la batalla de Guadalete (711) al último rey visigodo, Rodrigo, que perdió la vida en el combate.
Animados por aquel éxito, los invasores decidieron proseguir el avance por las tierras hispanas, primero en dirección a Toledo, posteriormente hacia Zaragoza. En apenas tres años, los musulmanes lograron conquistar la mayor parte de las tierras hispánicas sin encontrar apenas resistencia. Solo las regiones montañosas de las zonas cantábrica y pirenaica escaparon a su control.
Junto a los árabes, que ocupaban los puestos dirigentes, grupo bereberes del norte de África engrosaron las filas de los invasores musulmanes.
Los árabes tenían fuertes estructuras tribales (qaysíes, kalbíes) que mantuvieron largo tiempo fuertes enemistades que pronto se manifestaron al repartirse las tierras ocupadas.
A todos estos problemas entre los árabes, hay que añadir los provocados por los beréberes islamizados del norte de África, reacios a someterse a un autoridad central. Resultado de todo ello fue un oscuro período de luchas y enfrentamientos entre los distintos clanes árabes, y entre árabes y beréberes, que durará toda la primera mitad del siglo VIII.
Diversos magnates nobiliarios visigodos decidieron pactar con los invasores, como fue el caso de Teodomiro, en la región murciana. Las escasas fuentes disponibles nos hacen pensar que la conquista se realizó principalmente mediante capitulaciones y rendiciones acordadas entre los señores godos y los conquistadores musulmanes. La violencia fue más la excepción que la regla.
CALIFATO Y EMIRATO.
El Emirato (756-929)
Tras la invasión musulmana, la mayor parte de la península ibérica se convirtió en una nueva provincia del califato islámico, Al-Andalus. Al frente de este territorio se colocó a un Emir o gobernador que actuaba como delegado del Califa musulmán, por entonces perteneciente a la dinastía Omeya, con capital en ciudad de Damasco.
Los musulmanes realizaron algunas incursiones por el norte de la Peninsula, pero fueron derrotados por los astures en Covadonga (722). También penetraron en suelo franco, donde ocuparon ciudades como Narbona, pero sufrieron un duro golpe ante el ejército de los francos en las proximidades de Poitiers (732). Esta batalla supuso el fin de la expansión árabe musulmana en Europa.
A mediados del siglo VIII tuvo lugar un hecho clave. La dinastía Omeya fue víctima de la revolución Abasí, familia que se adueñó del Califato. Un miembro de la familia derrotada logró escapar, refugiándose en Al-Andalus, donde, gracias a los apoyos que encontró, se proclamó emir. Se trataba de Abd-al-Rahman I (756-788), con quien comenzaba en Al-Andalus el período conocido como emirato independiente, debido a que acabó con la dependencia política de los califas abasíes, que habían establecido su sede en la ciudad de Bagdad. Al-Andalus siguió reconociendo al Califa Abasí como líder espiritual del mundo musulmán.
Abd-al-Rahman I fijó su capital en la ciudad de Córdoba e inició la tarea de construcción de un estado independiente en Al Andalus. Para ello necesitaba fundamentalmente tres cosas: un ejército, unos ingresos económicos, y sofocar las posibles revueltas de sus enemigos. El desafío al poder central de Córdoba fue una constante en las grandes familias nobles musulmanas asentadas en las diversas regiones de Al-Andalus.
El Califato de Córdoba (929-1031)
Un importante paso en el fortalecimiento de Al-Andalus se dio en el año 929, cuando el emir Abd-al-Rahman III (912-961) decidió proclamarse Califa, cargo en el que confluían el poder político y el religioso. “Nos parece oportuno que, en adelante, seamos llamado Príncipe de los Creyentes”, se escribía en una carta que el nuevo califa envió a sus gobernadores.
El Califa residía en el alcázar de Córdoba, situado junto a la gran mezquita. Unos años después de su autoproclamación, Abd-al-Rahman III ordenó construir, al oeste de la capital, la impresionante ciudad-palacio de Madinat al-Zahra, convertida en residencia califal y en el centro del poder político de Al-Andalus.
Almanzor y la crisis del Califato de Córdoba
En las últimas décadas del siglo X, Almanzor se hizo con el poder efectivo en Al-Andalus; ejercía el cargo de hachib, una especie de primer ministro. Mientras tanto, el califa de la época, Hisham II (976-1009), vivía recluido en el palacio de Madinat al-Zahra sin ejercer en lo más mínimo el poder político.
Almanzor, que basó su poder en el Ejército, integrado sobre todo por soldados beréberes, organizó terroríficas campañas contra los cristianos del norte peninsular. Su muerte en año 1002 inició el proceso de descomposición política (fitna) que llevó al fin del Califato en el 1031.
3.2. La crisis del siglo XI. Reinos de taifas e imperios norteafricanos.
En 1031 acabó el Califato de Córdoba y Al Andalus se desintegró en 30 reinos de taifas (en árabe banderías), ricos y cultos pero débiles militar y políticamente. Las disputas entre ellos eran frecuentes y debían pagar parias (tributos) a los reinos cristianos para no ser invadidos. En 1085 Alfonso VI de Castilla tomó Toledo y los reyezuelos taifas asustados pidieron ayuda a los Almorávides, bereberes integristas que hacían la yihad o guerra santa a los cristianos. Unificaron los reinos taifas desde 1086, pero su dominio se desintegró desde 1140 por el ataque de los Almohades surgiendo nuevas taifas. En 1147 cruzaron a la península los Almohades, aún más fanáticos. Su califa Abd-al-Mumin construyó un imperio en el norte de Africa, con capital en Rabat. Unificaron los reinos taifas, derrotando en Alarcos (1195) a los castellanos; pero fueron vencidos en las Navas de Tolosa (1212) ante una coalición cristiana dirigida por Alfonso VIII de Castilla. Tras la toma de Sevilla (1248) sólo quedó el reino taifa de Granada.
. La crisis del siglo XI: Los reinos de Taifas.
Al morir el dictador Almanzor (1002) el Califato de Córdoba entró en un periodo de decadencia, estallando una guerra civil, hasta que en 1031 desapareció. Surgieron unos 30 pequeños reinos de taifas (banderías). Se clasifican en tres grupos, según su composición étnica: taifas árabes (Zaragoza, Sevilla, Córdoba, Toledo, Badajoz, entre las más importantes), beréberes (Granada, Málaga) y eslavas (Murcia, Valencia). Eran muy débiles militar y políticamente, por lo que no pudieron impedir el avance de los reinos cristianos del Norte, a los que tuvieron que pagar fuertes tributos en oro (parias) para mantener su independencia. Por ello, los reyes aumentaron los impuestos a sus súbditos. Estos reinos eran muy brillantes cultural y artísticamente. Cuando el rey Alfonso VI de Castilla conquistó Toledo (1085) el reyezuelo taifa de Sevilla, asustado, pidió ayuda a los almorávides del Norte de África, que invadieron la península, unificando Al- Andalus y acabando con las taifas.
3.3. La organización económica y social.
La principal fuente de riqueza de Al Ándalus -el Estado musulmán en la Península durante la Edad Media era la agricultura, basada en la trilogía mediterránea (trigo, vid y olivo), que se cultivaban en grandes latifundios de secano; los musulmanes incorporaron nuevos cultivos (algodón, arroz, caña de azúcar, los cítricos?) y avanzadas técnicas de riego (norias y acequias). Las ciudades fueron marco de la industria textil (seda y lino) y de la artesanía especializada: Toledo era famosa por sus armas, Játiva por su papel, Málaga por su cerámica de reflejos metálicos, Granada por sus espadas y Córdoba por su rica orfebrería, repujados de cuero y objetos de cristal. También era muy importante el comercio. El exterior se benefició del uso de la moneda y de la posición privilegiada de Al Andalus entre Europa y África; se exportaban aceite, armas, tejidos? y se importaban productos de lujo de Oriente, especias y esclavos. El interior se realizaba alrededor del zoco o mercado.
La sociedad de Al Ándalus estaba dividida en diferentes grupos étnicos, religiosos y económicos:
La aristocracia árabe era propietaria de grandes latifundios en las mejores tierras y ocupaba los puestos clave en la administración; los bereberes eran campesinos o artesanos pobres y estaban marginados. Ambos eran musulmanes.
Los hispanovisigodos que vivían bajo dominio musulmán y que formaban la mayoría de la población se dividían en dos grupos: los muladíes convertidos al Islam y los mozárabes, minoría cristiana que pudo conservar su religión a cambio del pago de impuestos.
Los judíos, dedicados a los negocios mercantiles, residían en barrios diferenciados (juderías) y gozaron de consideración por su papel comercial y cultural.
Otros grupos minoritarios eran esclavos: los eslavos, que formaban parte del ejército mercenario y que llegaron a ocupar altos cargos y poseer riquezas, una vez libertos, y los negros.
3.4. El legado cultural. Al-Andalus: El pensamiento y las letras.
Al Andalus conoció un gran esplendor cultural en el siglo X (Califato de Córdoba), durante los reinados de Abd-al-Rahmán III y Al-Hakam II. Córdoba se convirtió en un atractivo centro cultural, donde se desarrollaron las ciencias -matemáticas, astronomía, botánica, medicina, historia- y la literatura, en especial la poesía, que cantaba el amor y la vida palaciega. Los eruditos, que se expresaban en lengua árabe, tradujeron obras de la ciencia griega, persa e india, que se divulgaron por Occidente a través de la España musulmana.
El periodo de los reinos de taifas, en el siglo XI, fue la edad de oro de la cultura andalusí, pese al declive político. Los principales reyezuelos rivalizaron como mecenas artísticos, en un clima de gran libertad intelectual. La corte de Sevilla fue famosa por sus poetas, como Ibn Zaydun y el propio rey Almotamid. El poeta y erudito cordobés Ibn Hazm escribió El collar de la paloma, un importante tratado sobre el amor.
Las invasiones norteafricanas de almorávides y almohades, con su fanatismo e intolerancia religiosa, provocaron el exilio de muchos intelectuales como los tres grandes de la filosofía y la medicina del siglo XII: Avempace, Averroes y el judío Maimónides, que trataron de conciliar la filosofía de Aristóteles con sus respectivas creencias y ejercieron enorme influencia en Europa.
El reino nazarita de Granada conoció durante los siglos XIV y XV un gran esplendor cultural. Destacan el historiador Ibn Jaldun y el poeta Ibn Zamrak, cuyos poemas decoran la Alhambra.
3.5. La mezquita y el palacio en el arte hispano-musulmán.
Aunque la arquitectura andalusí se asentó sobre la tradición romano-visigoda y aportó los elementos más típicos del mundo islámico: arcos, cubiertas y la rica ornamentación basada en motivos geométricos, vegetales y epigráficos.
La gran mezquita de Córdoba es la obra emblemática de al-Ándalus. Su construcción comenzó a mediados del siglo VIII, en tiempos del emir Abd-al-Rahman I, y más tarde sería objeto de sucesivas ampliaciones. Las partes más brillantes datan del siglo X, sobre todo de tiempos del califa al-Hakam II, en cuya época se construyó el espectacularmihrab, caracterizado por la riqueza de los materiales empleados (en particular, los mármoles), por la original solución constructiva de las originales bóvedas de nervios y, finalmente, por la impresionante fantasía decorativa que lo acompaña.
Muy importante fue, asimismo, la impresionante ciudad-palacio de Madinat al-Zahra, edificada en tiempos de Abd-al-Rahman III. Para su construcción se trajeron materiales de diversos lugares, como el norte de África, de donde procedía el mármol. Madinat al-Zahra albergaba, en su parte superior, una serie de palacios; en la zona media, jardines y vergeles, y en la parte inferior, la mezquita mayor y las viviendas de los servidores de palacio. Desafortunadamente, durante la guerra civil que precedió a la desaparición del califato, Madinat al-Zahra fue destruida.
También hay buenos ejemplos del arte musulmán fuera de Córdoba, como la mezquita toledana de Bib al-Mardom, posteriormente convertida en la iglesia del Cristo de la Luz.
Otros ejemplos esenciales de la arquitectura en Al-Ándalus son el Palacio de la Alfajeríaen Zaragoza, del período almorávide, la torre de la Giralda en Sevilla, de tiempos almohades, y sobre todo, el palacio granadino de la Alhambra, obra cumbre de los nazaríes. Exponente de la potencia económica y el brillo cultural del reino nazarí es un recinto fortificado que reúne en un mismo conjunto, un palacio oficial con funciones administrativas, un palacio privado, la residencia del monarca y amplias zonas de ocio. La Alhambra sobresale por su fantasía ornamental así como la conjunción entre arquitectura y entorno natural.
sábado, 24 de septiembre de 2011
domingo, 18 de septiembre de 2011
CUESTIONES BLOQUE I
CUESTIONES.
1.1 El proceso de hominización en la Península Ibérica: Nuevos hallazgos.
El proceso de hominización se inició en África. De allí salió hace 1,5 millones años la especie homo ergaster ("hombre trabajador") que se extendió por O. Próximo, Asia y Europa. En la Gran Dolina de la sierra de Atapuerca (Burgos) se hallaron en 1994 los restos fósiles más antiguos de Europa (de hace unos 800.000 años). Se trataba de cráneos y mandíbulas de seis individuos- dos adultos y cuatro niños- pertenecientes a una nueva especie del género Homo, el homo antecessor ("hombre predecesor). Eran altos y fuertes y practicaban el canibalismo.
En la Sima de los Huesos del yacimiento de Atapuerca se han encontrado esqueletos completos de 32 individuos de hace unos 300.000 años, clasificados como preneanderthales. El homo sapiens de Neanderthal en la Península durante el Paleolítico Medio (100.000- 35.000 a.C). Era muy robusto, conocía el fuego, hacía útiles elaborados y enterraba a los muertos. Se extinguió hace unos 25.000 años por causas desconocidas. Se han hallado restos en Santander (Cueva Morin),Granada, Málaga y recientemente en Gibraltar los que quizá sean los últimos neandertales
El homo sapiens sapiens o de Cro-Magnon, nueva especie de procedencia africana con rasgos físicos semejantes a los actuales, llegó a la Península hace unos 40.000 años y convivió con el Neanderthal. Hacía arcos y flechas, útiles de hueso y pinturas rupestres. El hombre actual desciende genéticamente de él.
1.2. La pueblos prerromanos.
Entre los siglos V y III a. de C, la Península Ibérica era un mosaico de pueblos que vivían en la Edad del Hierro o Protohistoria. Se agrupaban en dos grandes áreas culturales:
a) Pueblos ibéricos (sur y levante): mostraban influencia cultural de fenicios y griegos. Hablaban la misma lengua y conocían la escritura. Su economía era agropecuaria pero también realizaban actividades comerciales y usaban moneda. Se organizaban políticamente en ciudades-estado, bajo el gobierno de reyezuelos (régulos) o asambleas. Sus poblados amurallados se situaban en lugares elevados. La sociedad estaba jerarquizada, comprendiendo desde la aristocracia hasta los esclavos; había relaciones de carácter personal (como la "devotio ibérica". Su arte era importante -Damas de Elche y de Baza- la cerámica..).
b) Pueblos celtas (norte, centro, oeste): eran de origen indoeuropeo y estaban más atrasados que los iberos. Los del centro y oeste (vacceos, vetones, carpetanos, lusitanos) tenían una economía agrícola o ganadera, con escaso comercio y no usaban moneda; la sociedad estaba organizaba en tribus, agrupadas por parentesco en clanes y gobernadas por una aristocracia guerrera, elegida según el prestigio personal. Los pueblos del norte (galaicos, astures, cántabros, vascones) eran los más atrasados debido a su aislamiento geográfico. Eran ganaderos y pescadores; sus poblados (castros) estaban fuertemente amurallados. Los celtíberos de la zona centro-oriental de la meseta eran indígenas que habían asimilado la cultura celta.
1.3. Las colonizaciones históricas: Fenicios, griegos y cartagineses.
En el primer milenio a. C llegaron a la Península estos tres pueblos colonizadores. Buscaban comerciar con los indígenas para obtener metales (cobre, oro, plata, estaño) y otros productos. Aportaron nuevos modos de vida.
Los fenicios establecieron enclaves comerciales en Gadir (Cádiz) - fundada hacia 800 a. C-, Malaka (Malaga), Sexi (Almuñécar) y Abdera (Adra). Introdujeron la vid, el cerdo,tejidos de púrpura, el torno del alfarero, salinas, salazones y el alfabeto. Los griegos, sus rivales comerciales, llegaron hacia el siglo VI a.C. Desde Massalia (Marsella), fundaron colonias: Rhode (Rosas) y Emporion (Ampurias); Mainake (en Málaga) y Hemeroskopeion (Denia). Trajeron el olivo, el asno, la gallina, la moneda, obras de arte y las vocales del alfabeto. Ambos comerciaron con el misterioso Tartessos. Los cartagineses, procedentes de la colonia fenicia del norte de África, llegaron en el siglo VI a.C. Tras expulsar a los griegos, se enfrentaron a Roma en las Guerras púnicas por el control del Mediterráneo occidental. Querían conseguir metales, bases territoriales y mercenarios para su ejército. Fundaron Ebussus (Ibiza) y Cartago Nova (Cartagena), su capital.
1.4. Etapas de la conquista de la Península por Roma.
En el siglo III a. C. Roma y Cártago pugnaban por el Mediterráneo Occidental. En el 219 a.C. Aníbal, militar cartaginés, atacó Sagunto (aliada de Roma). Los romanos consideraron roto el Tratado del Ebro iniciándose la II Guerra Púnica (218-206a.C) y la ocupación romana de la península. Etapas:
1ª) ocupación del litoral mediterráneo y los valles del Guadalquivir y Ebro (218-170 a.C.). En el 218 desembarcan en Ampurias. En el 209 Escipión el Africano, toma Cartago Nova y en el 206 Gades. Los abusos tributarios causan revueltas indígenas que son sofocadas con dureza por el cónsul Catón.
2ª) penetración en la Meseta (154-133 a. de C). Hallaron gran resistencia indígena: guerras lusitanas, dirigidas por Viriato usando táctica de guerrillas, asesinado por orden de Roma y guerras celtibéricas, con la heroica resistencia de Numancia, asediada por Escipión Emiliano hasta su rendición en el 133. Excepto por la conquista de Baleares en el 123, las guerras civiles en Roma frenan el avance.
3ª) las guerras cántabro-astures (29-19 a. de C): la resistencia de estos atrasados indígenas fué tan fuerte que obligó a Augusto a acudir en persona. Finalmente fueron sometidos a esclavitud en las minas .
1.5. El proceso de romanización: el legado cultural.
Llamamos romanización al proceso de asimilación de las estructuras económicas, sociales, políticas, jurídicas y culturales del Imperio romano por los pueblos conquistados. En ella podemos distinguir varios aspectos:
El latín se impuso como lengua común, el derecho romano (leyes, concepción del estado...), la religión politeísta romana (Júpiter, Saturno…) y, posteriormente, en el siglo I el cristianismo. La estancia de las legiones es otro punto fundamental en el proceso. La romanización fue intensa en el levante y sur, escasa y tardía en el norte.
El proceso de romanización llegó a su máxima expresión con la extensión de la ciudadanía romana a todos los habitantes libres del Imperio (Caracalla, s.III dC.)
. El legado cultural de los romanos es enorme: los nombres de Hispania y de las provincias romanas, ciudades (como Emérita Augusta, Tarraco, Legio o Hispalis), que se llenaron de monumentos, como el acueducto de Segovia, el arco de Bará, los teatros de Mérida y Sagunto, el anfiteatro de Itálica, las murallas de Lugo, el puente de Alcántara, etc. Hispania fue cuna de emperadores (Adriano, Trajano, Teodosio) e intelectuales (el filósofo Séneca, los escritores Marcial y Quintiliano, el geógrafo Mela, el historiador Lucano, el agrónomo Columela).
La monarquía visigoda: Las instituciones
Los visigodos eran un pueblo germánico que llegaron en el año 411 como federados de los romanos para expulsar a suevos, vándalos y alanos que habían invadido Hispania en el 409. Al caer el Imperio romano de Occidente (476) y tras ser derrotados por los francos en Vouillé (507), establecieron un reino visigodo en la Península con capital en Toledo. Leovigildo conquistó el reino suevo (585) y Suintila expulsó a los bizantinos; pero no lograron someter a los vascones. Recaredo logró la unificación religiosa al convertirse al catolicismo en el III Concilio de Toledo (589) y Recesvinto unificó la legislación visigoda y romana en el Liber Iudiciorum o Fuero Juzgo (654).
El reino visigodo fue el primer Estado político independiente y unificado de la Península. La monarquía era muy débil por ser electiva. Entre sus instituciones destacan: 1.- El Aula Regia: asamblea consultiva formada por la alta nobleza y colaboradores del rey. 2.- El Officium Palatinum, núcleo del Aula Regia con personas de confianza real. 3.- Los Concilios de Toledo, asambleas en principio religiosas y luego políticas, integradas por el rey, la Iglesia y la nobleza.
1.1 El proceso de hominización en la Península Ibérica: Nuevos hallazgos.
El proceso de hominización se inició en África. De allí salió hace 1,5 millones años la especie homo ergaster ("hombre trabajador") que se extendió por O. Próximo, Asia y Europa. En la Gran Dolina de la sierra de Atapuerca (Burgos) se hallaron en 1994 los restos fósiles más antiguos de Europa (de hace unos 800.000 años). Se trataba de cráneos y mandíbulas de seis individuos- dos adultos y cuatro niños- pertenecientes a una nueva especie del género Homo, el homo antecessor ("hombre predecesor). Eran altos y fuertes y practicaban el canibalismo.
En la Sima de los Huesos del yacimiento de Atapuerca se han encontrado esqueletos completos de 32 individuos de hace unos 300.000 años, clasificados como preneanderthales. El homo sapiens de Neanderthal en la Península durante el Paleolítico Medio (100.000- 35.000 a.C). Era muy robusto, conocía el fuego, hacía útiles elaborados y enterraba a los muertos. Se extinguió hace unos 25.000 años por causas desconocidas. Se han hallado restos en Santander (Cueva Morin),Granada, Málaga y recientemente en Gibraltar los que quizá sean los últimos neandertales
El homo sapiens sapiens o de Cro-Magnon, nueva especie de procedencia africana con rasgos físicos semejantes a los actuales, llegó a la Península hace unos 40.000 años y convivió con el Neanderthal. Hacía arcos y flechas, útiles de hueso y pinturas rupestres. El hombre actual desciende genéticamente de él.
1.2. La pueblos prerromanos.
Entre los siglos V y III a. de C, la Península Ibérica era un mosaico de pueblos que vivían en la Edad del Hierro o Protohistoria. Se agrupaban en dos grandes áreas culturales:
a) Pueblos ibéricos (sur y levante): mostraban influencia cultural de fenicios y griegos. Hablaban la misma lengua y conocían la escritura. Su economía era agropecuaria pero también realizaban actividades comerciales y usaban moneda. Se organizaban políticamente en ciudades-estado, bajo el gobierno de reyezuelos (régulos) o asambleas. Sus poblados amurallados se situaban en lugares elevados. La sociedad estaba jerarquizada, comprendiendo desde la aristocracia hasta los esclavos; había relaciones de carácter personal (como la "devotio ibérica". Su arte era importante -Damas de Elche y de Baza- la cerámica..).
b) Pueblos celtas (norte, centro, oeste): eran de origen indoeuropeo y estaban más atrasados que los iberos. Los del centro y oeste (vacceos, vetones, carpetanos, lusitanos) tenían una economía agrícola o ganadera, con escaso comercio y no usaban moneda; la sociedad estaba organizaba en tribus, agrupadas por parentesco en clanes y gobernadas por una aristocracia guerrera, elegida según el prestigio personal. Los pueblos del norte (galaicos, astures, cántabros, vascones) eran los más atrasados debido a su aislamiento geográfico. Eran ganaderos y pescadores; sus poblados (castros) estaban fuertemente amurallados. Los celtíberos de la zona centro-oriental de la meseta eran indígenas que habían asimilado la cultura celta.
1.3. Las colonizaciones históricas: Fenicios, griegos y cartagineses.
En el primer milenio a. C llegaron a la Península estos tres pueblos colonizadores. Buscaban comerciar con los indígenas para obtener metales (cobre, oro, plata, estaño) y otros productos. Aportaron nuevos modos de vida.
Los fenicios establecieron enclaves comerciales en Gadir (Cádiz) - fundada hacia 800 a. C-, Malaka (Malaga), Sexi (Almuñécar) y Abdera (Adra). Introdujeron la vid, el cerdo,tejidos de púrpura, el torno del alfarero, salinas, salazones y el alfabeto. Los griegos, sus rivales comerciales, llegaron hacia el siglo VI a.C. Desde Massalia (Marsella), fundaron colonias: Rhode (Rosas) y Emporion (Ampurias); Mainake (en Málaga) y Hemeroskopeion (Denia). Trajeron el olivo, el asno, la gallina, la moneda, obras de arte y las vocales del alfabeto. Ambos comerciaron con el misterioso Tartessos. Los cartagineses, procedentes de la colonia fenicia del norte de África, llegaron en el siglo VI a.C. Tras expulsar a los griegos, se enfrentaron a Roma en las Guerras púnicas por el control del Mediterráneo occidental. Querían conseguir metales, bases territoriales y mercenarios para su ejército. Fundaron Ebussus (Ibiza) y Cartago Nova (Cartagena), su capital.
1.4. Etapas de la conquista de la Península por Roma.
En el siglo III a. C. Roma y Cártago pugnaban por el Mediterráneo Occidental. En el 219 a.C. Aníbal, militar cartaginés, atacó Sagunto (aliada de Roma). Los romanos consideraron roto el Tratado del Ebro iniciándose la II Guerra Púnica (218-206a.C) y la ocupación romana de la península. Etapas:
1ª) ocupación del litoral mediterráneo y los valles del Guadalquivir y Ebro (218-170 a.C.). En el 218 desembarcan en Ampurias. En el 209 Escipión el Africano, toma Cartago Nova y en el 206 Gades. Los abusos tributarios causan revueltas indígenas que son sofocadas con dureza por el cónsul Catón.
2ª) penetración en la Meseta (154-133 a. de C). Hallaron gran resistencia indígena: guerras lusitanas, dirigidas por Viriato usando táctica de guerrillas, asesinado por orden de Roma y guerras celtibéricas, con la heroica resistencia de Numancia, asediada por Escipión Emiliano hasta su rendición en el 133. Excepto por la conquista de Baleares en el 123, las guerras civiles en Roma frenan el avance.
3ª) las guerras cántabro-astures (29-19 a. de C): la resistencia de estos atrasados indígenas fué tan fuerte que obligó a Augusto a acudir en persona. Finalmente fueron sometidos a esclavitud en las minas .
1.5. El proceso de romanización: el legado cultural.
Llamamos romanización al proceso de asimilación de las estructuras económicas, sociales, políticas, jurídicas y culturales del Imperio romano por los pueblos conquistados. En ella podemos distinguir varios aspectos:
El latín se impuso como lengua común, el derecho romano (leyes, concepción del estado...), la religión politeísta romana (Júpiter, Saturno…) y, posteriormente, en el siglo I el cristianismo. La estancia de las legiones es otro punto fundamental en el proceso. La romanización fue intensa en el levante y sur, escasa y tardía en el norte.
El proceso de romanización llegó a su máxima expresión con la extensión de la ciudadanía romana a todos los habitantes libres del Imperio (Caracalla, s.III dC.)
. El legado cultural de los romanos es enorme: los nombres de Hispania y de las provincias romanas, ciudades (como Emérita Augusta, Tarraco, Legio o Hispalis), que se llenaron de monumentos, como el acueducto de Segovia, el arco de Bará, los teatros de Mérida y Sagunto, el anfiteatro de Itálica, las murallas de Lugo, el puente de Alcántara, etc. Hispania fue cuna de emperadores (Adriano, Trajano, Teodosio) e intelectuales (el filósofo Séneca, los escritores Marcial y Quintiliano, el geógrafo Mela, el historiador Lucano, el agrónomo Columela).
La monarquía visigoda: Las instituciones
Los visigodos eran un pueblo germánico que llegaron en el año 411 como federados de los romanos para expulsar a suevos, vándalos y alanos que habían invadido Hispania en el 409. Al caer el Imperio romano de Occidente (476) y tras ser derrotados por los francos en Vouillé (507), establecieron un reino visigodo en la Península con capital en Toledo. Leovigildo conquistó el reino suevo (585) y Suintila expulsó a los bizantinos; pero no lograron someter a los vascones. Recaredo logró la unificación religiosa al convertirse al catolicismo en el III Concilio de Toledo (589) y Recesvinto unificó la legislación visigoda y romana en el Liber Iudiciorum o Fuero Juzgo (654).
El reino visigodo fue el primer Estado político independiente y unificado de la Península. La monarquía era muy débil por ser electiva. Entre sus instituciones destacan: 1.- El Aula Regia: asamblea consultiva formada por la alta nobleza y colaboradores del rey. 2.- El Officium Palatinum, núcleo del Aula Regia con personas de confianza real. 3.- Los Concilios de Toledo, asambleas en principio religiosas y luego políticas, integradas por el rey, la Iglesia y la nobleza.
domingo, 15 de mayo de 2011
LA TRANSICIÓN
La Transición a la Democracia (1976/1982)
1.- LA TRANSICIÓN POLÍTICA
Rasgos definidores
Mientras en los años 60 y 70 se estaban produciendo vertiginosos cambios en la sociedad española, el régimen de Franco permanecía estático en lo fundamental; una estructura política fosilizada convivía con una sociedad dinámica:
La población se concentra en las ciudades: cada vez tienen más peso las clases medias y los obreros industriales.
Se producen cambios en las formas de vida y los comportamientos sociales: progresiva incorporación de la mujer al trabajo.
Se va formando una nueva escala de valores de carácter más abierto y menos influida por la cultura religiosa: ideas, modas, música, costumbres..
Se diversifican los medios de comunicación con la aparición de nuevos medios, especialmente con la televisión, una ventana abierta al exterior de España.
El acceso a la educación de amplias capas sociales contribuyó al cambio de mentalidad.
Irrumpen generaciones que no han vivido la guerra civil y que miran al futuro.
Aparecen fisuras en los pilares del régimen: en especial en la Iglesia y el ejército con la aparición de la UMD.
Se quiebra el sistema de relaciones laborales: el sindicato vertical deja de controlar el movimiento obrero.
Las dos dictaduras de la Europa no comunista caen en 1974: Portugal y Grecia.
El fin de un modelo económico agotado: crisis del petróleo a partir de 1973.
En esta situación se produce la muerte de Franco, cuyas Leyes Fundamentales preveían la continuidad del régimen en forma de monarquía no democrática. Sin embargo, los protagonistas de la política de los primeros años del reinado de Juan Carlos I, pronto dieron muestras de querer adecuar la situación política a los cambios sociales que se habían producido, más todavía dada la necesidad de la economía española de integrarse en las comunidades europeas ante la situación a la que se había llegado como consecuencia de la crisis de 1973.
Todo ello condujo a la transición a la democracia partiendo de la estructura jurídica del franquismo, aprobando una nueva Ley Fundamental que derogaba otras y que va a permitir abrir en España un proceso constituyente que nos lleve un sistema democrático homologable en Europa, tal como pedían las conclusiones de Munich de 1962 (“Contubernio de Munich”).
Características: protagonistas colectivos e individuales – contexto internacional
Aunque hubo una cierta, pero limitada movilización popular, mayor en las zonas en las que se pedían libertades nacionales, y de que la oposición al franquismo se movilizó en petición de una ruptura al régimen franquista creando dos plataformas que se agruparon alrededor del PSOE y PCE1 y que acabarán fusionándose en la Platajunta2 de 1976, la transición fue impulsada desde el poder, ya que se piensa que el régimen era insostenible, que la monarquía para afianzarse necesitaba democratizarse y, sobre todo, por el callejón sin salida a que ha llegado la economía española tras la crisis de 1973, que había agotado el modelo de crecimiento económico y necesitaba de un nuevo impulso que solo podía venir de nuestra integración en Europa, siendo necesario para ello que España se convirtiese en una democracia homologable.
Estas circunstancias hicieron que los principales protagonistas de la transición fueran el Rey (nombrado su sucesor por Franco), Torcuato Fernández Miranda (presidente de las cortes franquistas) y Adolfo Suárez, nombrado presidente del gobierno por el Rey y cuya carrera política la había hecho en el Movimiento Nacional (Vicesecretario General del Movimiento y Ministro Secretario General del Movimiento en el gobierno de Arias Navarro).
La transición se vio favorecida por la crisis final del franquismo que enfrentaba a los partidarios del régimen en dos sectores irreconciliables, sobre todo tras el asesinato de Carrero Blanco: reformistas y “bunker”. Coincidió además con un proceso de avance de las democracias y caída de las dictaduras que quedaban en Europa Occidental con la desaparición del gobierno de los Coroneles en Grecia y de los Salazar en Portugal, el avance de la democracia en América Latina y después en Europa del Este.
Acontecimientos significativos:
El 20 de noviembre de 1975 muere, después de una larga agonía, Franco. Semanas antes (27 de septiembre) habían sido ejecutados 5 miembros de ETA y del FRAP. Por si no fuera suficiente, en el Sahara, la “Marcha Verde” organizada por Marruecos situó al país al, borde de la guerra. El desgobierno de los últimos meses, provocado por la incertidumbre del futuro después de la muerte de Franco, acentuó los problemas.
NOTAS:
1 En junio de 1956 el PCE diseña su política de "Reconciliación Nacional" que será fundamental para integrar a este partido en la política de la Transición.
2 Coordinación Democrática o Platajunta fue un organismo unitario creado el 26 de marzo de 1976, fruto de la fusión de la Junta Democrática de España (establecida en 1974 por el PCE y con la adhesión gradual de CCOO, PSP, PTE, ASA e independientes) con el organismo rival, Plataforma de Convergencia Democrática (establecida en 1975 por el PSOE, Movimiento Comunista, democristianos y socialdemócratas). Sus objetivos eran la amnistía, la libertad de asociación política y la convocatoria de elecciones a Cortes Constituyentes.
De todas las maneras, tan pronto murió Franco, se cumplieron las previsiones sucesorias y el Príncipe Juan Carlos juró como rey el 22 de noviembre de 1975. En este momento la monarquía significaba la continuidad del régimen, pero el Rey parecía decidido a abrir una nueva etapa.
De la muerte de Franco a las elecciones de junio de 1977: El primer gobierno de la monarquía continuó presidido por Arias Navarro, aunque con innovaciones importantes:
1. Fraga en Gobernación, Areilza en Asuntos Exteriores y Garrigues en Justicia. Todos partidarios de un cambio, aunque moderado de la política española. Además eran personas muy relacionadas con la empresa y sus deseos de reforma expresaba la necesidad de llevarlas a cabo para salir de la difícil situación económica (crisis de 1973). Así mismo, el nombramiento como presidente de las Cortes de Torcuato Fernández Miranda, consejero del Rey, hombre hábil y profundo conocedor de las leyes franquistas, fue también de gran importancia.
Este equipo inició una cierta reforma política que Arias calificó de “democracia a la española”. Con todo, dos fuerzas antagónicas acelerarán los cambios:
.
La sociedad demostró un vigor extraordinario en la demanda de libertades.
• La oposición, la Junta Democrática liderada por el PCE y la Plataforma de Convergencia Democrática liderada por el PSOE, se unificó el 4 de abril de 1976 en un solo organismo: Coordinación Democrática (“Platajunta”) que definió como programa para la “ruptura democrática”: legalización de los partidos, amnistía, estatutos de autonomía, libertades políticas y personales…
Durante los primeros meses del año 1976 se producen una serie de manifestaciones en las principales ciudades españolas (sobre todo Barcelona y Madrid) dando apoyo a estas peticiones. Comisiones Obreras organizó huelgas. En Barcelona en febrero de 1976 una manifestación de 100.000 personas pedía “libertad, amnistía y estatuto de autonomía”.
En Vitoria, la muerte de 5 personas en una manifestación provocó una huelga general.
Los conflictos en la Universidad eran continuos.
Por otra parte el “bunker” volvió a manifestar su intención de no permitir la más leve desviación de la ortodoxia franquista. Los numerosos órganos de poder que controlaba la extrema derecha, su peso en el ejército y el miedo a que un aumento de la tensión en la calle acabase de retraer a una buena parte de la población, hizo ver a amplios sectores de la oposición la dificultad de los cambios.
Ante esta situación se abrió camino una oposición más posibilista. El PCE, el PSOE y los demócrata-cristianos aceptaron una ampliación del frente político con la inclusión de algunos grupos de centro y centro-derecha, con el fin de llevar a cabo una reforma pactada, aislando al aparato franquista.
La dimisión de Arias, el 1 de julio de 1976, permitió al Rey el nombramiento de un nuevo Presidente del gobierno, Adolfo Suárez, que al principio suscitó la desconfianza de todas las fuerzas democráticas. Pero Suárez expresó bien pronto sus intenciones:
“Los gobiernos del futuro serán el resultado de la voluntad de la mayoría de los españoles”.
El Presidente Adolfo Suárez consiguió que las Cortes franquistas aceptasen una ley de reforma política (noviembre de 1976), que fue aprobada mediante referéndum en diciembre de 1976 y que significara la convocatoria de Cortes Constituyentes. Durante el invierno y la primavera de 1977, Suárez legalizó los partidos políticos (el PSOE en diciembre de 1976, el PCE en abril de 1977) y los sindicatos. Finalmente pactó con la oposición las condiciones de una nueva ley electoral que permitía convocar elecciones; la fecha fue fijada para junio de 1977.
La legislatura constituyente: El 15 de junio de 1977, 18 millones de españoles, el 80% del censo, acudieron a las urnas. A pesar del improvisado censo (lleno de errores) y de
40 años de ausencia de la democracia, la votación fue multitudinaria y constituyó un acontecimiento histórico. Millones de españoles concurrían por primera vez a las urnas, para dotarse en uso de su soberanía, de un gobierno legítimo.
El triunfo fue para el partido de centro derecha liderado por el mismo Suárez, la Unión de Centro Democrático (UCD) que consiguió el 34 % de los votos; el PSOE el 29%, lo que demostraba que la izquierda tenía un gran apoyo. Del resto de las fuerzas, sólo el
PCE (con el 9.5%) y la derecha con Alianza Popular (con el 8%) tuvieron porcentajes significativos. Un caso aparte fueron las fuerzas nacionalistas, que tanto en Cataluña como en el País Vasco obtuvieron cifras importantes que anunciaban los resultados de las posteriores elecciones autonómicas.
El gobierno de la UCD y las Cortes surgidas de estas elecciones se enfrentaron con una serie de tareas históricas: por una parte, dotar al país de una Constitución y de unas leyes que permitiesen el asentamiento de la democracia; por otro lado, realizar una política económica que hiciese frente a una crisis que en 1977 ya era alarmante. Por último, también se había de hacer frente a una descentralización del Estado para dar solución a las aspiraciones autonomistas de nacionalidades y regiones. Para llevar adelante estas tareas se consiguió un consenso político, es decir, un acuerdo entre las fuerzas políticas parlamentarias para establecer unos mínimos aceptables para todos y corresponsabilizarse de esta manera en la defensa del nuevo sistema.
Constitución de 1978
Fruto de este acuerdo es la redacción de una constitución que proclama la soberanía nacional, acepta las autonomías, abole la pena de muerte (excepto en caso de guerra) y garantiza todas las libertades clásicas. Se trata de una constitución que puede ser aplicada tanto por la derecha como por la izquierda, ya que es poco concreta y sus artículos se refieren a muchas leyes posteriores. Fue aprobada en referéndum por amplia mayoría el 6 de diciembre de 1978. Así mismo se decretó una amnistía total, que permitió la vuelta de numerosos exiliados. En febrero de 1978 se convocaron elecciones sindicales libres y se emprendieron reformas urgentes en la legislación vigente.
Por lo que se refiere a la economía se firmaron el 27 de octubre de 1977 los llamados Pactos de la Moncloa, que era un ambicioso proyecto para luchar contra el paro, reactivar la inversión, frenar la inflación (que era del 14%) y garantizar un límite de un 15 % para los aumentos salariales. Las medidas económicas no consiguieron frenar el paro (situado en un millón de trabajadores) ni parar la inflación.
La consecución de las autonomías: en las nacionalidades históricas (sobre todo en Cataluña y el País Vasco) el paso hacia la democracia iba indisolublemente ligado a la recuperación de la autonomía. La mayoría de los partidos políticos de la oposición habían introducido en su programa la reivindicación de estatutos. Después de las elecciones de 1977 se evidenció que era imposible llegar a un clima de normalidad política y social en estas nacionalidades si antes no se resolvía la cuestión autonómica.
La manifestación del 11 de septiembre de un millón de personas en Barcelona y las de octubre en Bilbao así lo dejaron de manifiesto. El gobierno de Suárez, que ya había establecido contactos con el presidente de la Generalitat en el exilio Joseph Tarradellas, aprobó a finales de septiembre el establecimiento de una Generalitat
Provisional y el nombramiento de Tarradellas como President. Tarradellas llegó a Barcelona a finales de octubre de 1977 y formó un gobierno de concentración de todas las fuerzas políticas catalanas. En el País Vasco, en noviembre se reconoció la preautonomía vasca y se constituyó el Consejo General Vasco, con la participación de la mayoría de las fuerzas políticas vascas.
Los sentimientos autonomistas no quedaron restringidos a las nacionalidades históricas y a finales de 1977 las manifestaciones proautonómicas se extendieron por toda España.
Como resultado de esto se aprobaron organismos pre-autonómicos en Galicia,
Andalucía, Aragón, Baleares, Extremadura y Castilla-León. El Estado español se iba configurando como un “Estado de las autonomías”.
Se había dotado al país de un marco político y se había superado la parte más difícil de la transición; la democracia se había asentado en España. En este contexto y acabada su tarea, las Cortes Constituyentes se disolvieron para convocar nuevas elecciones (1 de marzo de 1979) que diesen paso a un periodo de normalidad legislativa.
2.- LA DEMOCRACIA HASTA 1982
Último gobierno de Suárez:
En esta etapa se rompe el consenso anterior que había permitido aprobar la constitución y los Pactos de la Moncloa.
En las elecciones del 1 de marzo del 79 los resultados fueron parecidos a las anteriores.
El 3 de marzo se convocaron las primeras elecciones municipales que dieron al PSOE con el apoyo del PCE las principales alcaldías del país.
Se iniciaba un periodo marcado por dos hechos:
Por una parte los partidos democráticos, con la ayuda de diversos sectores de la UCD, intentan apartar a Adolfo Suárez de la presidencia; por otra, la extrema derecha, el bunker, intenta abortar la democracia. Las graves divisiones dentro de la UCD dieron la sensación de inestabilidad que fue aprovechada por la extrema derecha para llevar a cabo la intentona más importante para impedir el desarrollo democrático: el 23 de febrero de 1981.
La inestabilidad que creaba el acoso a Adolfo Suárez (moción de censura del PSOE en abril de 1980) y la propia crisis de la UCD, unido a la conspiración militar, conducen a
Suárez a presentar la dimisión el 29 de enero de 1981. Esta situación fue aprovechada por los golpistas el 23-F.
Gobierno Calvo Sotelo:
La etapa posterior al 23-F transcurrió bajo el síndrome de sus efectos. Leopoldo Calvo
Sotelo fue investido Presidente, pero fue incapaz de parar la desintegración de la UCD, lo que le condujo a convocar elecciones para octubre de 1982.
Una de las decisiones más controvertidas de Leopoldo Calvo Sotelo fue el ingreso de
España en la OTAN, mediante una decisión parlamentaria, lo que provocó una fuerte movilización de socialistas y comunistas en la calle para exigir un referéndum.
El triunfo del PSOE:
Para muchos este hecho pone fin a la transición, pues supone la llegada al poder de un partido que perdió la guerra civil, así como un relevo generacional al situar al frente de
las instituciones a gentes no vinculadas al régimen anterior.
El nuevo gobierno presidido por Felipe González orientó sus esfuerzos a la consecución
de una España más moderna y más integrada en la comunidad internacional con una
política pragmática que tenía por objetivo la ocupación del centro político.
1.- LA TRANSICIÓN POLÍTICA
Rasgos definidores
Mientras en los años 60 y 70 se estaban produciendo vertiginosos cambios en la sociedad española, el régimen de Franco permanecía estático en lo fundamental; una estructura política fosilizada convivía con una sociedad dinámica:
La población se concentra en las ciudades: cada vez tienen más peso las clases medias y los obreros industriales.
Se producen cambios en las formas de vida y los comportamientos sociales: progresiva incorporación de la mujer al trabajo.
Se va formando una nueva escala de valores de carácter más abierto y menos influida por la cultura religiosa: ideas, modas, música, costumbres..
Se diversifican los medios de comunicación con la aparición de nuevos medios, especialmente con la televisión, una ventana abierta al exterior de España.
El acceso a la educación de amplias capas sociales contribuyó al cambio de mentalidad.
Irrumpen generaciones que no han vivido la guerra civil y que miran al futuro.
Aparecen fisuras en los pilares del régimen: en especial en la Iglesia y el ejército con la aparición de la UMD.
Se quiebra el sistema de relaciones laborales: el sindicato vertical deja de controlar el movimiento obrero.
Las dos dictaduras de la Europa no comunista caen en 1974: Portugal y Grecia.
El fin de un modelo económico agotado: crisis del petróleo a partir de 1973.
En esta situación se produce la muerte de Franco, cuyas Leyes Fundamentales preveían la continuidad del régimen en forma de monarquía no democrática. Sin embargo, los protagonistas de la política de los primeros años del reinado de Juan Carlos I, pronto dieron muestras de querer adecuar la situación política a los cambios sociales que se habían producido, más todavía dada la necesidad de la economía española de integrarse en las comunidades europeas ante la situación a la que se había llegado como consecuencia de la crisis de 1973.
Todo ello condujo a la transición a la democracia partiendo de la estructura jurídica del franquismo, aprobando una nueva Ley Fundamental que derogaba otras y que va a permitir abrir en España un proceso constituyente que nos lleve un sistema democrático homologable en Europa, tal como pedían las conclusiones de Munich de 1962 (“Contubernio de Munich”).
Características: protagonistas colectivos e individuales – contexto internacional
Aunque hubo una cierta, pero limitada movilización popular, mayor en las zonas en las que se pedían libertades nacionales, y de que la oposición al franquismo se movilizó en petición de una ruptura al régimen franquista creando dos plataformas que se agruparon alrededor del PSOE y PCE1 y que acabarán fusionándose en la Platajunta2 de 1976, la transición fue impulsada desde el poder, ya que se piensa que el régimen era insostenible, que la monarquía para afianzarse necesitaba democratizarse y, sobre todo, por el callejón sin salida a que ha llegado la economía española tras la crisis de 1973, que había agotado el modelo de crecimiento económico y necesitaba de un nuevo impulso que solo podía venir de nuestra integración en Europa, siendo necesario para ello que España se convirtiese en una democracia homologable.
Estas circunstancias hicieron que los principales protagonistas de la transición fueran el Rey (nombrado su sucesor por Franco), Torcuato Fernández Miranda (presidente de las cortes franquistas) y Adolfo Suárez, nombrado presidente del gobierno por el Rey y cuya carrera política la había hecho en el Movimiento Nacional (Vicesecretario General del Movimiento y Ministro Secretario General del Movimiento en el gobierno de Arias Navarro).
La transición se vio favorecida por la crisis final del franquismo que enfrentaba a los partidarios del régimen en dos sectores irreconciliables, sobre todo tras el asesinato de Carrero Blanco: reformistas y “bunker”. Coincidió además con un proceso de avance de las democracias y caída de las dictaduras que quedaban en Europa Occidental con la desaparición del gobierno de los Coroneles en Grecia y de los Salazar en Portugal, el avance de la democracia en América Latina y después en Europa del Este.
Acontecimientos significativos:
El 20 de noviembre de 1975 muere, después de una larga agonía, Franco. Semanas antes (27 de septiembre) habían sido ejecutados 5 miembros de ETA y del FRAP. Por si no fuera suficiente, en el Sahara, la “Marcha Verde” organizada por Marruecos situó al país al, borde de la guerra. El desgobierno de los últimos meses, provocado por la incertidumbre del futuro después de la muerte de Franco, acentuó los problemas.
NOTAS:
1 En junio de 1956 el PCE diseña su política de "Reconciliación Nacional" que será fundamental para integrar a este partido en la política de la Transición.
2 Coordinación Democrática o Platajunta fue un organismo unitario creado el 26 de marzo de 1976, fruto de la fusión de la Junta Democrática de España (establecida en 1974 por el PCE y con la adhesión gradual de CCOO, PSP, PTE, ASA e independientes) con el organismo rival, Plataforma de Convergencia Democrática (establecida en 1975 por el PSOE, Movimiento Comunista, democristianos y socialdemócratas). Sus objetivos eran la amnistía, la libertad de asociación política y la convocatoria de elecciones a Cortes Constituyentes.
De todas las maneras, tan pronto murió Franco, se cumplieron las previsiones sucesorias y el Príncipe Juan Carlos juró como rey el 22 de noviembre de 1975. En este momento la monarquía significaba la continuidad del régimen, pero el Rey parecía decidido a abrir una nueva etapa.
De la muerte de Franco a las elecciones de junio de 1977: El primer gobierno de la monarquía continuó presidido por Arias Navarro, aunque con innovaciones importantes:
1. Fraga en Gobernación, Areilza en Asuntos Exteriores y Garrigues en Justicia. Todos partidarios de un cambio, aunque moderado de la política española. Además eran personas muy relacionadas con la empresa y sus deseos de reforma expresaba la necesidad de llevarlas a cabo para salir de la difícil situación económica (crisis de 1973). Así mismo, el nombramiento como presidente de las Cortes de Torcuato Fernández Miranda, consejero del Rey, hombre hábil y profundo conocedor de las leyes franquistas, fue también de gran importancia.
Este equipo inició una cierta reforma política que Arias calificó de “democracia a la española”. Con todo, dos fuerzas antagónicas acelerarán los cambios:
.
La sociedad demostró un vigor extraordinario en la demanda de libertades.
• La oposición, la Junta Democrática liderada por el PCE y la Plataforma de Convergencia Democrática liderada por el PSOE, se unificó el 4 de abril de 1976 en un solo organismo: Coordinación Democrática (“Platajunta”) que definió como programa para la “ruptura democrática”: legalización de los partidos, amnistía, estatutos de autonomía, libertades políticas y personales…
Durante los primeros meses del año 1976 se producen una serie de manifestaciones en las principales ciudades españolas (sobre todo Barcelona y Madrid) dando apoyo a estas peticiones. Comisiones Obreras organizó huelgas. En Barcelona en febrero de 1976 una manifestación de 100.000 personas pedía “libertad, amnistía y estatuto de autonomía”.
En Vitoria, la muerte de 5 personas en una manifestación provocó una huelga general.
Los conflictos en la Universidad eran continuos.
Por otra parte el “bunker” volvió a manifestar su intención de no permitir la más leve desviación de la ortodoxia franquista. Los numerosos órganos de poder que controlaba la extrema derecha, su peso en el ejército y el miedo a que un aumento de la tensión en la calle acabase de retraer a una buena parte de la población, hizo ver a amplios sectores de la oposición la dificultad de los cambios.
Ante esta situación se abrió camino una oposición más posibilista. El PCE, el PSOE y los demócrata-cristianos aceptaron una ampliación del frente político con la inclusión de algunos grupos de centro y centro-derecha, con el fin de llevar a cabo una reforma pactada, aislando al aparato franquista.
La dimisión de Arias, el 1 de julio de 1976, permitió al Rey el nombramiento de un nuevo Presidente del gobierno, Adolfo Suárez, que al principio suscitó la desconfianza de todas las fuerzas democráticas. Pero Suárez expresó bien pronto sus intenciones:
“Los gobiernos del futuro serán el resultado de la voluntad de la mayoría de los españoles”.
El Presidente Adolfo Suárez consiguió que las Cortes franquistas aceptasen una ley de reforma política (noviembre de 1976), que fue aprobada mediante referéndum en diciembre de 1976 y que significara la convocatoria de Cortes Constituyentes. Durante el invierno y la primavera de 1977, Suárez legalizó los partidos políticos (el PSOE en diciembre de 1976, el PCE en abril de 1977) y los sindicatos. Finalmente pactó con la oposición las condiciones de una nueva ley electoral que permitía convocar elecciones; la fecha fue fijada para junio de 1977.
La legislatura constituyente: El 15 de junio de 1977, 18 millones de españoles, el 80% del censo, acudieron a las urnas. A pesar del improvisado censo (lleno de errores) y de
40 años de ausencia de la democracia, la votación fue multitudinaria y constituyó un acontecimiento histórico. Millones de españoles concurrían por primera vez a las urnas, para dotarse en uso de su soberanía, de un gobierno legítimo.
El triunfo fue para el partido de centro derecha liderado por el mismo Suárez, la Unión de Centro Democrático (UCD) que consiguió el 34 % de los votos; el PSOE el 29%, lo que demostraba que la izquierda tenía un gran apoyo. Del resto de las fuerzas, sólo el
PCE (con el 9.5%) y la derecha con Alianza Popular (con el 8%) tuvieron porcentajes significativos. Un caso aparte fueron las fuerzas nacionalistas, que tanto en Cataluña como en el País Vasco obtuvieron cifras importantes que anunciaban los resultados de las posteriores elecciones autonómicas.
El gobierno de la UCD y las Cortes surgidas de estas elecciones se enfrentaron con una serie de tareas históricas: por una parte, dotar al país de una Constitución y de unas leyes que permitiesen el asentamiento de la democracia; por otro lado, realizar una política económica que hiciese frente a una crisis que en 1977 ya era alarmante. Por último, también se había de hacer frente a una descentralización del Estado para dar solución a las aspiraciones autonomistas de nacionalidades y regiones. Para llevar adelante estas tareas se consiguió un consenso político, es decir, un acuerdo entre las fuerzas políticas parlamentarias para establecer unos mínimos aceptables para todos y corresponsabilizarse de esta manera en la defensa del nuevo sistema.
Constitución de 1978
Fruto de este acuerdo es la redacción de una constitución que proclama la soberanía nacional, acepta las autonomías, abole la pena de muerte (excepto en caso de guerra) y garantiza todas las libertades clásicas. Se trata de una constitución que puede ser aplicada tanto por la derecha como por la izquierda, ya que es poco concreta y sus artículos se refieren a muchas leyes posteriores. Fue aprobada en referéndum por amplia mayoría el 6 de diciembre de 1978. Así mismo se decretó una amnistía total, que permitió la vuelta de numerosos exiliados. En febrero de 1978 se convocaron elecciones sindicales libres y se emprendieron reformas urgentes en la legislación vigente.
Por lo que se refiere a la economía se firmaron el 27 de octubre de 1977 los llamados Pactos de la Moncloa, que era un ambicioso proyecto para luchar contra el paro, reactivar la inversión, frenar la inflación (que era del 14%) y garantizar un límite de un 15 % para los aumentos salariales. Las medidas económicas no consiguieron frenar el paro (situado en un millón de trabajadores) ni parar la inflación.
La consecución de las autonomías: en las nacionalidades históricas (sobre todo en Cataluña y el País Vasco) el paso hacia la democracia iba indisolublemente ligado a la recuperación de la autonomía. La mayoría de los partidos políticos de la oposición habían introducido en su programa la reivindicación de estatutos. Después de las elecciones de 1977 se evidenció que era imposible llegar a un clima de normalidad política y social en estas nacionalidades si antes no se resolvía la cuestión autonómica.
La manifestación del 11 de septiembre de un millón de personas en Barcelona y las de octubre en Bilbao así lo dejaron de manifiesto. El gobierno de Suárez, que ya había establecido contactos con el presidente de la Generalitat en el exilio Joseph Tarradellas, aprobó a finales de septiembre el establecimiento de una Generalitat
Provisional y el nombramiento de Tarradellas como President. Tarradellas llegó a Barcelona a finales de octubre de 1977 y formó un gobierno de concentración de todas las fuerzas políticas catalanas. En el País Vasco, en noviembre se reconoció la preautonomía vasca y se constituyó el Consejo General Vasco, con la participación de la mayoría de las fuerzas políticas vascas.
Los sentimientos autonomistas no quedaron restringidos a las nacionalidades históricas y a finales de 1977 las manifestaciones proautonómicas se extendieron por toda España.
Como resultado de esto se aprobaron organismos pre-autonómicos en Galicia,
Andalucía, Aragón, Baleares, Extremadura y Castilla-León. El Estado español se iba configurando como un “Estado de las autonomías”.
Se había dotado al país de un marco político y se había superado la parte más difícil de la transición; la democracia se había asentado en España. En este contexto y acabada su tarea, las Cortes Constituyentes se disolvieron para convocar nuevas elecciones (1 de marzo de 1979) que diesen paso a un periodo de normalidad legislativa.
2.- LA DEMOCRACIA HASTA 1982
Último gobierno de Suárez:
En esta etapa se rompe el consenso anterior que había permitido aprobar la constitución y los Pactos de la Moncloa.
En las elecciones del 1 de marzo del 79 los resultados fueron parecidos a las anteriores.
El 3 de marzo se convocaron las primeras elecciones municipales que dieron al PSOE con el apoyo del PCE las principales alcaldías del país.
Se iniciaba un periodo marcado por dos hechos:
Por una parte los partidos democráticos, con la ayuda de diversos sectores de la UCD, intentan apartar a Adolfo Suárez de la presidencia; por otra, la extrema derecha, el bunker, intenta abortar la democracia. Las graves divisiones dentro de la UCD dieron la sensación de inestabilidad que fue aprovechada por la extrema derecha para llevar a cabo la intentona más importante para impedir el desarrollo democrático: el 23 de febrero de 1981.
La inestabilidad que creaba el acoso a Adolfo Suárez (moción de censura del PSOE en abril de 1980) y la propia crisis de la UCD, unido a la conspiración militar, conducen a
Suárez a presentar la dimisión el 29 de enero de 1981. Esta situación fue aprovechada por los golpistas el 23-F.
Gobierno Calvo Sotelo:
La etapa posterior al 23-F transcurrió bajo el síndrome de sus efectos. Leopoldo Calvo
Sotelo fue investido Presidente, pero fue incapaz de parar la desintegración de la UCD, lo que le condujo a convocar elecciones para octubre de 1982.
Una de las decisiones más controvertidas de Leopoldo Calvo Sotelo fue el ingreso de
España en la OTAN, mediante una decisión parlamentaria, lo que provocó una fuerte movilización de socialistas y comunistas en la calle para exigir un referéndum.
El triunfo del PSOE:
Para muchos este hecho pone fin a la transición, pues supone la llegada al poder de un partido que perdió la guerra civil, así como un relevo generacional al situar al frente de
las instituciones a gentes no vinculadas al régimen anterior.
El nuevo gobierno presidido por Felipe González orientó sus esfuerzos a la consecución
de una España más moderna y más integrada en la comunidad internacional con una
política pragmática que tenía por objetivo la ocupación del centro político.
sábado, 23 de abril de 2011
TEXTO GUERRA CIVIL
Circular preparatoria del alzamiento
Tan pronto tenga éxito el movimiento nacional, se constituirá un Directorio, que lo integrará un presidente y cuatro vocales militares ( ... ) El Directorio ejercerá el poder en toda su amplitud; tendrá la iniciativa de los Decretos-Leyes que se dicten ( .. ) Dichos Decretos-Leyes serán refrendados en su día por el Parlamento Constituyente elegido por sufragio, en la forma que oportunamente se determine ( ... ).
Los primeros Decretos-Leyes serán los siguientes: a) Suspensión de la Constitución de 1931. b) Cese del Presidente de la República y miembros del gobierno (. .. ) d) Defensa de la Dictadura Republicana ( .. ) f) Disolución de las actuales Cortes ( ... ).
El Directorio se comprometerá durante su gestión a no cambiar el régimen republicano, mantener en todo las reivindicaciones obreras legalmente logradas ( ... ) y adoptar cuantas medidas estimen necesarias para crear un Estado fuerte y disciplinado.
General Mola. Documento de circulación clandestina. (Archivo Histórico Militar).
1. Realizar el comentario de texto atendiendo a las siguientes cuestiones:
a. Tipo de texto, circunstancias concretas en que fue escrito, destino y propósito de quién lo escribió.
2. Indicar y explicar las ideas aparecidas en el texto resumiendo el contenido.
3. Responder a las siguientes cuestiones:
a. Explicar los rasgos definitorios de la situación política que conducen a los motivos y estado de opinión a la que obedece el texto.
b. Exponer el desarrollo de la crisis final de la IIª Republica y el desarrollo inicial de la Guerra Civil.
Tan pronto tenga éxito el movimiento nacional, se constituirá un Directorio, que lo integrará un presidente y cuatro vocales militares ( ... ) El Directorio ejercerá el poder en toda su amplitud; tendrá la iniciativa de los Decretos-Leyes que se dicten ( .. ) Dichos Decretos-Leyes serán refrendados en su día por el Parlamento Constituyente elegido por sufragio, en la forma que oportunamente se determine ( ... ).
Los primeros Decretos-Leyes serán los siguientes: a) Suspensión de la Constitución de 1931. b) Cese del Presidente de la República y miembros del gobierno (. .. ) d) Defensa de la Dictadura Republicana ( .. ) f) Disolución de las actuales Cortes ( ... ).
El Directorio se comprometerá durante su gestión a no cambiar el régimen republicano, mantener en todo las reivindicaciones obreras legalmente logradas ( ... ) y adoptar cuantas medidas estimen necesarias para crear un Estado fuerte y disciplinado.
General Mola. Documento de circulación clandestina. (Archivo Histórico Militar).
1. Realizar el comentario de texto atendiendo a las siguientes cuestiones:
a. Tipo de texto, circunstancias concretas en que fue escrito, destino y propósito de quién lo escribió.
2. Indicar y explicar las ideas aparecidas en el texto resumiendo el contenido.
3. Responder a las siguientes cuestiones:
a. Explicar los rasgos definitorios de la situación política que conducen a los motivos y estado de opinión a la que obedece el texto.
b. Exponer el desarrollo de la crisis final de la IIª Republica y el desarrollo inicial de la Guerra Civil.
miércoles, 20 de abril de 2011
EL FRANQUISMO
TEMA XV: ESPAÑA DURANTE EL FRANQUISMO
1. La creación del Estado franquista: fundamentos ideológicos y apoyos sociales.
Los enfrentamientos habían acabado porque el ejército republicano había sido "cautivo y desarmado". Pero la paz no llegó. Fueron años tristes, sobre todo para los vencidos.
Aunque, en general, toda la población, excepto los que pasaron a ser la clase dirigente del nuevo régimen, sufrirán, en un país destrozado por la guerra y aislado económicamente, hambre, miseria y miedo.
El nuevo régimen se definía por la concentración de todos los poderes políticos en la figura del Jefe del Estado, Franco, que concentra el poder ejecutivo y el legislativo.
Incluso parte del poder judicial dependía de él, a través de los tribunales militares, por la depuración de la judicatura, convirtiendo el judicial en un instrumento del ejecutivo.
Todos los organismos creados durante la guerra (Junta de Defensa Nacional, Consejo de Ministros...) eran órganos meramente consultivos.
El dictador era, además, generalísimo de los tres ejércitos, jefe del partido único (FET y de las JONS)... en resumen, el "Caudillo" era jefe del gobierno, del Estado, generalísimo y por si no fuera suficiente "responsable ante Dios y ante la Historia".
La constitución de 1931 fue suprimida, así como los partidos y sindicatos. Sólo se reconocía el partido único y por la ley del 26 de enero de 1940 se obligaba a la unidad sindical en los sindicatos verticales oficiales: la Central Nacional Sindicalista (CNS).
Para crear una cierta estructura institucional, el dictador aprobó una serie de leyes fundamentales:
- Fuero del Trabajo 1938 (declarado ley fundamental el 1947).
- Fuero de los españoles 1945.
- Ley del Referendum nacional 1945.
- Ley de sucesión en la jefatura del Estado 1947.
Se trataba de garantizar la continuidad del sistema en un momento de aislamiento internacional, sin aportar ninguna reforma substancial (1945 final de la II Guerra Mundial).
En resumen: el nuevo sistema quedó articulado como una mezcla de fascismo (caudillo, partido único y sindicato único) y de conservadurismo tradicional (defensa de los intereses de la oligarquía agraria, del ejército y de la Iglesia).
En la primera época, el régimen efectuó un rígido control social a través de la Falange.
Así, junto con los grandes poderes tradicionales, la España franquista asistió al ascenso de una serie de personas que por su adhesión al régimen gozaron de privilegios en tiempos de escasez y de hambre. La Falange tuvo, en sus mejores momentos, alrededor de 600.000 afiliados y dotó al régimen de una parafernalia (himnos, uniformes, desfiles) y de una cierta política social a través de instituciones como el Frente de Juventudes, la Sección Femenina o el Auxilio Social. Los jerarcas de estos organismos, antiguos monárquicos, militares, más los que habían hecho carrera durante la guerra o se unían al
movimiento como forma de ascenso social, formaban la masa social que daba apoyo al sistema en los grandes actos públicos.
2. Evolución del régimen:
a) Evolución y coyuntura exterior: 1939-1959
El estallido de la segunda guerra mundial marcó durante 10 años la política
internacional española y en cierta manera el desarrollo del régimen.
a/ 1939-1942. Franco decide una política de neutralidad, a pesar de que durante la guerra civil Alemania e Italia le habían ayudado y se habían creado relaciones morales.
En los signos externos, en la formación de gobiernos con predominio de falangistas y militares, la presencia de Serrano Suñer (partidario del apoyo a Alemania e Italia) como ministro de Asuntos Exteriores, se encuentran las señales del apoyo no formal, pero sí evidente al bloque fascista. En junio de 1940 se pasa de la neutralidad a la "no beligerancia" y en octubre se produce la entrevista de Hendaya, que equivalía a un alineamiento moral con el Eje. El momento de máxima colaboración se produjo en junio de 1941, con la formación de la División Azul, "voluntarios" para colaborar en el combate contra el "comunismo".
b/ A partir de 1942, con la pérdida progresiva de posiciones por parte de Alemania provocó una rectificación. Serrano Suñer fue apartado del ministerio de Asuntos Exteriores y sustituido por el conde de Jordana (anglófilo). El gobierno fue reestructurado para iniciar una aproximación a los aliados, a los que se garantizó la neutralidad mientras se retiraba la División Azul del frente ruso.
c/ La victoria aliada en 1945 provocó una sensación de peligro y de inestabilidad del régimen, que no era bien visto por los vencedores. El Caudillo, sin renunciar a lo esencial, impuso cambios en los signos externos: suprimió la obligatoriedad del saludo a la romana, disolvió la organización paramilitar de la Falange, promulgó el Fuero de los Españoles y cambió de gobierno con más presencia de católicos y la eliminación de los más comprometidos con el fascismo.
Todos estos esfuerzos no evitaron el clima de rechazo hacia el régimen fascista español.
La ONU rechazó por aclamación la entrada de España y una resolución de la misma ONU del 13 de diciembre de 1946 pedía la retirada de embajadores de España.
Aunque el gobierno contestó con desprecio hacia Europa (manifestación en la Plaza de Oriente), la verdad es que el boicot político y económico de casi todos los países del mundo agravó la difícil coyuntura española y condenó al país a la autarquía, reforzando el aislamiento de España.
Tras la Segunda Guerra Mundial se inicia también un periodo de tensión entre EEUU y la URSS (aliados en la guerra) que conocemos como guerra fría. El invierno de 1947-48 se inicia el bloqueo de Berlín y es en este contexto que surge la idea de crear un pacto militar antisocialista (OTAN en 1945), a lo que respondieron los países del Este con el Pacto de Varsovia (1955). El mundo se dividía en dos bloques y la geopolítica mundial giró desde entonces alrededor del nuevo conflicto. En la nueva organización del mundo, la España de Franco constituyó más un fiel aliado anticomunista que no un enemigo.
Fueron los EEUU los que iniciaron su acercamiento a Franco. Con su ayuda y gracias a su presión los embajadores extranjeros volvieron a Madrid (1950-51). En 1951 se firmaron los primeros pactos que significaban la llegada de créditos y materias primas vitales para el régimen franquista. Por fin, en 1953 se firmaron unos acuerdos bilaterales que permitieron la ayuda norteamericana a cambio de la instalación de bases militares.
Los EEUU ayudaron también a que España fuese admitida en los organismos
internacionales (ONU, FMI,...) y pudiese iniciar contactos con otros países para la concesión de créditos y para reiniciar el comercio exterior. Europa vivía en los años 50 una época de prosperidad y reconstrucción, por lo que necesitaba mano de obra abundante y mercados para sus capitales. Se abrieron fronteras a la emigración y se inició la llegada de turistas que buscaban precios bajos y sol asegurado. Por último, recibió otro apoyo con la firma, en 1953, del concordato con la Santa Sede, lo que significaba el reconocimiento absoluto de la legitimidad del régimen de Franco. Todos estos cambios se reflejan en una readecuación política y económica del régimen.
b) La consolidación del régimen: 1959-1973.
A finales de los 50 era evidente que la política económica de la autarquía había
fracasado. Entre 1957-1959 la vida había subido un 40%, el déficit comercial había alcanzado cifras astronómicas y las reservas de oro habían caído un 70% en cuatro años.
Era evidente que la economía española necesitaba una orientación que abriese las puertas de la modernización y superase las dificultades.
La vieja ideología del nacional-sindicalismo comenzó a quedar totalmente anacrónica y obsoleta en una España que comenzaba a hacer del desarrollo económico y del industrialismo la ideología oficial del Estado.
La entrada dentro del aparto del Estado de nuevas generaciones de políticos, los llamados tecnócratas, fue desplazando progresivamente falangistas, carlistas y tradicionalistas, dando al régimen una nueva orientación. Fue el quinto gobierno nombrado por Franco en 1957 el que pone de manifiesto por primera vez el cambio en la correlación de fuerzas entre las diferentes "familias" del régimen. De los 18 miembros anteriores se cambiaron 12 y la gran novedad fue la entrada de un núcleo importante de miembros del Opus Dei encabezados por Alberto Ullastres y Mariano Navarro Rubio. La pérdida de la influencia de los falangistas tuvo como signo más evidente la sustitución de la Falange como partido único por una nueva formación política que agrupaba a todos los colaboradores del régimen: el Movimiento Nacional.
El nuevo equipo dirigente vio la necesidad de crear un cuerpo de normas y valores inmutables que fuesen una síntesis de todos los principios sobre los que descansaba el Estado español. Con esta voluntad nació la Ley de Principios del Movimiento Nacional (1958) que reconocía España como "una monarquía tradicional, católica, social y representativa". El régimen se alejaba de la ideología fascista de los primeros años e iniciaba una tímida apertura política, aunque rechazando la democracia parlamentaria.
Como las leyes fundamentales (Fuero del Trabajo, Fuero de los Españoles, Ley de Cortes, Ley de Sucesión, Ley de Principios del Movimiento Nacional) no conformaban un verdadero sistema político, en 1966 se aprobó la Ley Orgánica del Estado que caracterizaba a España como una democracia orgánica: se introducen en las Cortes 100 procuradores representantes de la familia y de carácter electivo; las elecciones seguían siendo por sufragio corporativo (tercio familiar, tercio sindical y tercio corporativo).
Por otro lado, la continuidad del sistema después de la muerte de Franco se vio
asegurada cuando las Cortes aceptaron, en 1969, al príncipe Juan Carlos como sucesor a la jefatura del Estado con el título de rey ("atado y bien atado").
En el nuevo gobierno formado en 1965 es la última vez que Franco utiliza la fórmula del equilibrio entre las familias del Régimen: semifalangistas, monárquicos, Opus Dei y católicos de derechas.
Un aspecto notorio de estos años es el intento aperturista que supone la aprobación en 1966 de la Ley de Prensa (Fraga) que suprimía la censura previa, aunque mantenían rígidos controles sobre todo lo que se publicaba. La Ley de Libertad Religiosa (1967) y la Ley de Educación (1970) completaron este proceso reformista con la voluntad de aminorar las discriminaciones por motivos religiosos y hacer más asequible la educación a las clases más humildes.
También en el territorio sindical se produjo una tímida apertura: se reconocen las negociaciones colectivas y se fija un salario mínimo interprofesional. Así mismo, se mejoran las prestaciones sociales (1963, Ley de Bases de la Seguridad Social). P. A. Ruiz Lalinde.
c) El final del franquismo: 1973-1975.
A pesar de que la continuidad del régimen parecía asegurada, continuaban las
discrepancias respecto a la orientación futura del sistema. Las divisiones entre
"aperturistas", partidarios de una cierta liberalización política del régimen y los
"inmovilistas" (el denominado "bunker") deterioraban la cohesión del sistema.
Para estructurar el gobierno y reducir los conflictos, Franco nombró a Luis Carrero Blanco vicepresidente del gobierno (1967) consciente de que era el hombre clave para mantener la paz entre las familias políticas. Sus años de gobierno se caracterizaron por el mantenimiento de una situación contradictoria que cabalgaba entre la reforma (Ley de Educación 1970, Nueva Ley Sindical 1971...) y la represión (estados de excepción, juicio de Burgos, proceso 1001...).
El escándalo MATESA (apropiación ilegal de fondos del Estado obtenidos
fraudulentamente) implicó a diversos ministros y personalidades del Opus Dei. Este hecho fue aprovechado por sectores vinculados a la Falange para poner en marcha una campaña de desprestigio que culminase con su alejamiento del poder. Franco, aconsejado por Carrero, había decidido jugar a fondo la carta de los tecnócratas y cuando reformó el gobierno excluyó a los que habían hecho público el escándalo MATESA (Solís, Fraga...). El nuevo gobierno (1969) fue "monocolor", ya que los ministros más importantes permanecieron en manos de miembros del Opus Dei.
Sin embargo, el año 1973, cuando Carrero Blanco fue nombrado Presidente del
Gobierno (hasta entonces Franco era Jefe del Estado y del Gobierno) la situación de crisis se agudizaba más. Algunos sectores del ejército culpaban a los aperturistas del desastre político y la movilización en la calle crecía pese a la represión. El gobierno de Carrero no había solucionado el descontento social y político ni había reducido la hostilidad entre aperturistas e inmovilistas. Con este telón de fondo, la muerte de Carrero Blanco en un atentado efectuado por miembros de ETA (20-XII-73) y el inicio de la crisis económica aceleraron la descomposición del franquismo.
Carlos Arias Navarro fue elegido para sustituirle (en febrero de 1974). En su primer discurso prometió importantes reformas ("espíritu del 12 de febrero") que se vieron frenadas por varios hechos:
i/ 2 marzo 1974: ejecución de Salvador Puig Antich (anarquista acusado de forma injusta).
ii/ La homilía de Monseñor Añoveros, obispo de Bilbao, que contenía duras censuras contra el régimen.
iii/ Éxito de la revolución de los claveles en Portugal.
El 9 de julio Franco enfermó y ya no se repondría.
Varios hechos marcaron los últimos meses de vida del régimen franquista:
- Ejecución en septiembre de 1975 de cinco acusados de actividades violentas (3 del FRAP y 2 de ETA), a pesar de las repetidas peticiones de clemencia desde todos los ámbitos y la presión internacional que existió.
- La Marcha Verde marroquí sobre el Sahara español.
- La muerte de Franco el 20 de noviembre de 1975.
3. Las transformaciones económicas: de la autarquía al desarrollismo y la crisis a partir de 1973. Los cambios sociales.
3.1. La postguerra.
La primera dificultad era el hundimiento demográfico provocado por las víctimas de la guerra, por el número de exiliados y fusilados al acabar la guerra. Gran cantidad de puestos de trabajo que requerían una cierta cualificación no encontraban especialistas.
Numerosas familias se refugiaron en el campo, provocando un movimiento de
ruralización de la economía. La situación en el campo tampoco era buena, la gente iba a los pueblos con la única esperanza de sobrevivir. La agricultura sufrió un estancamiento e incluso un retroceso.
Las explicaciones clásicas de esta baja productividad se centran, sobre todo, en la falta de maquinaria, de abonos, a causa tanto de la guerra mundial, como del posterior aislamiento internacional, así como en la desfavorable climatología ("pertinaz sequía" de 1945 a 1949) que arruinó parte de las cosechas.
Tampoco la industria pudo recuperarse en un principio. No es sino hacia 1950 que se produce un aumento de la producción (8%) en relación a la época anterior a la guerra.
Hay que tener en cuenta que no tenemos estadísticas de los años 40 y las que existen son poco fiables. Seguramente la falta de bienes de equipo, de recambios, de materias primas y de energía fue decisiva para mantener la producción industrial a un ritmo muy bajo. Las relaciones con el Eje hicieron que al acabar la guerra el país no se beneficiase del Plan Marshall.
La poca industria que había obtenía grandes beneficios por los bajos salarios y la escasez que hacía subir los precios.
La renta per cápita española no registró los niveles anteriores a 1936 hasta 1953, lo que demuestra el bajo nivel de vida del conjunto de la población en esta primera década.
3.2. La política económica: autarquía e intervencionismo.
Forzados por la propia guerra civil, por el conflicto mundial, y después por el
aislamiento internacional, la política de estos primeros años (económica) se podía definir con los conceptos de autarquía e intervencionismo estatal.
La política de autarquía propugnaba la autosuficiencia de un determinado país,
limitando al máximo su dependencia respecto al exterior. En la formulación de esta política influyeron las tendencias proteccionistas anteriores a la guerra, el propio proceso bélico, y la propia influencia del fascismo que propugnaba un nacionalismo económico que tenía como objetivo la autarquía.
La política de autarquía se acompañó de un fuerte intervencionismo del Estado:
regulación estatal del comercio exterior, protección de la industria nacional. Se reguló la creación de nuevas empresas y se impidieron las inversiones extranjeras que superasen el 25% de una empresa. Esto creó una industria débil, incapaz de competir con el exterior. A la vez el Estado controlaba el mercado interior por medio del racionamiento (hasta 1953), fijaba los salarios y controlaba los precios.
Se constituyeron empresas públicas con carácter subsidiario de la empresa privada como el INI (Instituto Nacional de Industria en 1940) o la RENFE (1940) que se ocupaban de sectores no rentables, pero necesarios para el país. Finalmente en 1940 se fijó el denominado "status quo" bancario, que limitaba el número de bancos y sucursales a los existentes en esos momentos, lo que significaba el monopolio financiero del país en beneficio de estos bancos.
Esta intervención, con la burocracia administrativa que comportaba, era enormemente costosa e implicaba la disponibilidad de grandes sumas de dinero por parte del Estado.
Como el sistema impositivo era ineficaz y casi inexistente, se recurría a la emisión de deuda pública para financiar los gastos, deuda que era adquirida obligatoriamente por los bancos. Pero esta forma de financiación provocaba una alta inflación que reducía cada vez más el poder adquisitivo de los salarios.
3.3. El agotamiento de la vía autárquica (1951-1956).
a) Los cambios y sus limitaciones.
Franco cambió su gobierno en julio de 1951. En el nuevo gobierno predominaban los católicos sobre los falangistas y entran personalidades no tan comprometidas con el modelo autoritario (Ruiz-Jiménez en Educación y Martín Artajo en Asuntos Exteriores).
Los falangistas mantenían parcelas de poder (Girón, en el ministerio de Trabajo), pero el tono del nuevo gobierno, al que se incorporará un personaje clave (Carrero Blanco) pretendía una homologación internacional, el régimen pretendía el entendimiento con el exterior y consiguió unos éxitos en política internacional que le hacían falta.
Esta pequeña liberalización escondía una situación interior bastante preocupante. Las ayudas internacionales entre 1951-56 no consiguieron salvar la angustiosa situación económica mientras en la calle comienzan a surgir los primeros signos claros de descontento. Hacia 1956 una serie de circunstancias: malas cosechas, déficit de la balanza comercial, huelgas universitarias..., pusieron de manifiesto que era preciso algo más que un cambio de gobierno para poder perpetuar un sistema que fuera de eso permanecía intacto. Fue entonces cuando se produjo el primer gran giro en la gestión económica del régimen franquista.
3.4. El primer intento de adecuación económica.
Las condiciones internacionales que a partir de 1950 implicaron el final del aislamiento (ayuda americana, integración en organismos internacionales...) significó, también en el interior, un leve cambio en la política económica.
La vía autárquica llevaba al país al colapso económico, ya que implicaba un nivel tan escaso de consumo que incluso para las escasas posibilidades industriales del país era más rentable la evasión de capitales que invertirlos en una industria sin consumidores.
La agricultura, por su parte, continuaba siendo incapaz de atender la demanda nacional.
El nuevo gobierno del 18 de julio de 1951 se proponía un programa de aumento de la producción y la productividad, sobre todo industrial, reordenando toda la actividad económica. Por eso se intentaba la reactivación del comercio interior (fin del racionamiento y del control sobre el mercado en 1953), la apertura al mercado internacional, la reducción de los gastos del Estado y el freno a la inflación.
A pesar de algunos esfuerzos por superar el nivel de subsistencia en el campo (Ley de Concentración Parcelaria 1952, Plan Badajoz 1953) y el aumento de la producción industrial, lo cierto es que nuestra relación con la economía exterior aumentó todavía más nuestro déficit comercial y aceleró la inflación. Igualmente la industrialización comenzó a movilizar a las masas campesinas hacia las ciudades: problemas de vivienda y de infraestructura urbana. Los gastos del Estado continuaron siendo muy altos y la recaudación insuficiente, mientras las reservas de oro se reducían (a la mitad entre 1956 y 1958). Era evidente que eran necesarios más cambios.
3.5. La acelerada transformación de la economía española.
a) El Plan de Estabilización.
La acción correctora que necesitaba la economía española vendrá con el Plan de Estabilización (1959). Este plan era un conjunto a acciones destinadas a corregir las deformaciones de la autarquía y a iniciar después una nueva etapa de crecimiento económico. Se pretendía pasar en poco tiempo de una economía cerrada, con el comercio exterior reglamentado, a una economía abierta con gran parte del comercio exterior liberalizado.
Las principales líneas de actuación del plan fueron las siguientes:
- nuevas normas de carácter fiscal y monetario.
- progresiva liberalización del comercio exterior.
- medidas para favorecer las inversiones extranjeras.
- nueva paridad de la peseta: 1 dólar = 60 pesetas.
El camino abierto por este plan fue seguido por una profunda transformación en la estructura económica del país que significó la conversión de España en un país preferentemente industrial. Esta transformación tuvo lugar de una forma muy acelerada (15 años), por lo que se ha hablado de "milagro español". Pero se ha de tener en cuenta que el "milagro" no fue sólo español, sino que es el crecimiento europeo el que potenció la acelerada transformación de la economía española. El crecimiento económico fue claramente estimulado por la inversión de capitales extranjeros, la adopción de tecnología foránea, la emigración de trabajadores a la CEE y por la entrada masiva de turistas. Fenómenos, todos ellos, estrechamente vinculados al crecimiento económico de Europa Occidental.
b)La crisis de la agricultura tradicional.
En la posguerra, la agricultura española quedó reducida a las más estrictas condiciones de subsistencia, con abundante mano de obra y escasa mecanización. A partir de 1969, con el proceso de industrialización, se produce la crisis de esta agricultura tradicional. Dos son los factores fundamentales que propician la transformación:
- el éxodo rural hacia Cataluña, Madrid, País Vasco y CEE: aumento de salarios agrícolas: mecanización.
- diversificación, con el aumento del nivel de vida, de la demanda de alimentos.
Disminuye la demanda de cereales y aumenta la de carne, leche, fruta,...
Estimulado por estos cambios, el campo español inició un proceso de mecanización y de mejora de las técnicas de cultivo (abonos, especialización, diversificación de la producción...). Este proceso significó la sustitución de mano de obra por capital. La gran beneficiaria de este cambio fue la gran explotación agrícola, ya que la pequeña explotación familiar no puede hacer frente a la mecanización (por las pequeñas dimensiones o por falta de capital). Muchos pequeños propietarios, se vieron obligados a emigrar a las ciudades.
La política agraria franquista pretendía paliar el problema del minifundismo (Plan de Concentración Parcelaria) y aumentar los rendimientos mediante el desarrollo de un programa de regadíos (1962: Ley de Grandes Zonas Regables). La cuestión de los latifundios pasó a segundo plano.
c) Una rápida industrialización.
A partir de 1961 las medidas del Plan de Estabilización comenzaron a dar resultados: desarrollo industrial, crecimiento de las ciudades, aumento del nivel de vida.
En esta renovación industrial tuvieron gran importancia las inversiones de capital extranjero (el 18% de las inversiones entre 1961 y 1971). Esta presencia de capital extranjero, motivada por las condiciones de inversión favorables que el Estado español ofrecía (bajo coste de la mano de obra, escasa conflictividad social, baja presión fiscal...) acentuó la dependencia del exterior.
La entrada masiva de bienes extranjeros posibilitó la renovación del equipo industrial y la adopción de nueva tecnología mientras que la posibilidad de exportar mano de obra liberaba al país de la presión que un alto índice de paro habría supuesto para la economía española.
El aumento de la producción y la productividad industrial incidió sobre la estructura de las exportaciones: los productos agrarios tradicionales pierden peso y lo ganan los productos manufacturados.
Los sectores protagonistas fueron el químico, energético, la maquinaria y el sector servicios gracias al turismo.
d) La planificación económica.
El programa de liberalización iniciado en 1959 se completa con un programa de
planificación. En 1962 se creó la comisaría del Plan de Desarrollo dirigida por Laureano López Rodó. En 1963 se aprobó el primer Plan de Desarrollo Económico y Social, con una vigencia de 4 años (1964-1967) seguido de dos más: 1968-71 y 1971-1975.
Los planes tenían carácter indicativo y centraban su atención en el sector industrial, al que se consideraba clave para el crecimiento económico. Planteaban dos acciones básicas:
- las llamadas "acciones estructurales" que pretendían solucionar algunos de los males endémicos de la industria española, es decir, bajo volumen de producción y la pequeña dimensión de las empresas.
- las acciones de localización industrial, que tenían como objetivo disminuir los
desequilibrios económicos entre diferentes regiones. Para ello se crearon los Polos de Desarrollo.
e) Los desequilibrios de la balanza de pagos.
La liberalización de las importaciones comportó una fuerte expansión del comercio exterior. El crecimiento de la industria nacional exigía una serie de importaciones (bienes de equipo, energía, tecnología...) que las tradicionales exportaciones no podían financiar: saldo negativo de la balanza comercial.
La corrección de estos desequilibrios fue posible gracias a una serie de factores exteriores (emigración, inversiones extranjeras y turismo), dando lugar a superávits importantes en la balanza de pagos en los años 60.
El interés demostrado por la Administración en el desarrollo turístico no fue
acompañado de una planificación racional del sector y los costes sociales (destrucción del paisaje, caos urbanístico, falta de infraestructura...) del fenómeno turístico han sido enormes.
f) El agotamiento del modelo de crecimiento.
Se puede afirmar que en 1970 España había dejado de ser un país eminentemente agrícola para entrar en la esfera de los países industrializados. Pero fue en esta década, y sobre todo a partir de 1973, cuando la crisis económica mundial evidenció las debilidades y el agotamiento del modelo de crecimiento económico adoptado durante el franquismo.
Los primeros síntomas de este agotamiento aparecen a finales de los 60: primeras tendencias inflacionistas, problemas con la balanza de pagos... Por ello, la crisis de los 70 no hay que buscar sólo en factores externos (crisis del petróleo de 1973) sino también en factores internos. En PNB empezó también a crecer menos (8´5% anual entre 1960-65 y un 5´6 entre 1966-70).
Con este telón de fondo, la incidencia de la crisis económica mundial mostró con gran crudeza las deficiencias de la economía española.
3.6. Las transformaciones sociales.
La modernización de la economía española comportó un proceso de cambio social que en pocos años modificó substancialmente la realidad social de España.
La evolución demográfica.
En los últimos 40 años (1940-1980) España conoció el mayor crecimiento demográfico de la historia: 25 millones en 1940, 37 millones en 1980. España entró también en el ciclo demográfico moderno: tasas de natalidad y mortalidad muy bajas, progresivo freno al crecimiento y en consecuencia, envejecimiento de la población.
Otra característica demográfica de la España franquista es la generalización de los movimientos migratorios. Las migraciones exteriores cambian de destino: ya no van hacia América, sino hacia Europa. Entre 1960 y 1973 más de dos millones marcharon a buscar trabajo (1 millón de forma permanente y otro de forma temporal).
Todavía más relevancia tendrá el éxodo rural: entre 1960 y 1970 más de 4 millones de personas abandonarán su lugar de origen. Marcharon de las zonas rurales a las zonas industriales: Madrid, Cataluña, País Vasco... La consecuencia fue la despoblación del campo y un gran crecimiento de las ciudades.
La transformación de la estructura social.
La modernización del campo supuso una drástica reducción de la población activa del sector primario. Por otro lado, la expansión industrial generó un aumento considerable de la clase obrera en su conjunto y la aparición de ésta en zonas que hasta aquel momento se habían mantenido básicamente agrícolas (Zaragoza, Pamplona, Valladolid...). También cabe destacar la progresiva tendencia al aumento del número de obreros cualificados y especializados frente al número de peones.
La clase media también aumentó su peso en el conjunto social español a la vez que pasaba de ser la típica de las sociedades no industriales (tenderos, funcionarios, maestros, pequeños industriales...) a ser similar a la de los países industrializados (aumento del peso del personal administrativo, técnico, comercial...).
Hacia una sociedad de consumo.
El aumento de la producción de bienes de consumo y crecimiento de la renta per cápita propició la entrada en lo que se llama la "sociedad de consumo", aunque no plenamente si la comparamos con el resto de los países occidentales. Así, entre 1966 y 1975 la adquisición de alguno de los típicos bienes de consumo (coche, frigorífico, lavadora, televisión...) se duplicó. De todas las maneras, esta mejora del nivel de vida presenta diferencias importantes entre regiones y entre el medio urbano y rural.
4. La oposición al régimen
Las circunstancias del nuevo régimen (prohibición de partidos, sindicatos, falta de libertades...) hacían que todo intento de disidencia política fuese clandestino, minoritario y esporádico.
4.1. Los primeros tiempos.
Con el exilio de cientos de miles de personas, en Francia, en Inglaterra o en América, los partidos y las organizaciones intentaron reorganizarse e incluso constituyeron un gobierno republicano en el exilio.
También los gobiernos autonómicos (Cataluña y País Vasco) se constituyeron de nuevo en el exilio. El fusilamiento del presidente Companys en octubre de 1940 llevó al nombramiento de Josep Tarradellas.
En el interior de España, la oposición se inició en realidad durante la misma guerra civil; en las zonas franquistas, sobre todo en Galicia y Asturias, pequeños grupos guerrilleros se lanzaron a las montañas tanto para huir de la represión como para intentar un fustigamiento del ejército franquista. Al acabar la guerra este movimiento se amplió y en la confianza de que al acabar la Segunda Guerra Mundial los aliados penetrarán en España, las partidas de "maquis" mantuvieron la resistencia armada.
El problema más grave era que las direcciones de las diferentes organizaciones estaban fuera del país, y al no conocer bien la situación interior, confiaban en que por la vía armada sería posible alzar al país contra el fascismo. Cuando en 1944 fracasó una invasión guerrillera por el Valle de Arán (organizada por el PC) se evidenció que sería muy difícil mantener una guerrilla en España. La población, agotada por los años de la guerra, hambrienta y amedrentada por la represión que encarcelaba, torturaba o fusilaba por la más leve señal de oposición, tendió a apartarse de las guerrillas.
Dentro del mismo régimen franquista las conspiraciones monárquicas tuvieron una cierta importancia. Así, en 1943 algunos procuradores a Cortes reclamaron a Franco la vuelta a la monarquía. Como creían que el triunfo aliado permitiría el cambio de régimen en España, grupos monárquicos fieles a Don Juan (hijo del Alfonso XIII) firmaron un pacto con el PSOE, el PNV y otros grupos republicanos (pacto de San Juan de Luz), del cual fue excluído el PCE, para la transición a un régimen constitucional. La habilidad de Franco para atraerse a Don Juan y hacer que éste optase la sucesión monárquica en la persona de su hijo Juan Carlos, eliminó esta oposición, al menos de manera activa.
4.2. La reorganización de la oposición.
Cuando la coyuntura internacional dejó claro que el régimen se consolidaba y que España no se integraba en las democracias, se produjo un momento duro para la oposición. Los anarquistas (CNT), escindidos y con sus cuadros presos, perseguidos o aislados en la guerrilla rural o urbana, se diluyeron poco a poco y perdieron su influencia en el movimiento obrero.
El PSOE y la UGT, con sus direcciones en el extranjero y desconectadas de la realidad española, intentaron continuar apostando por pactos con los monárquicos, mientras sus organizaciones casi desaparecían de España.
Sólo el PCE y el PSUC en Cataluña consiguieron reorganizar penosamente sus cuadros y hacer notar su presencia en los primeros movimientos populares. La dirección continuaba en el exilio y bastante desconcertada de la realidad interior.
Sin embargo, poco a poco, a partir de 1950 aparecen en escena otros grupos:
Movimiento Socialista de Cataluña, los demócratas-cristianos, los grupos nacionalistas en Cataluña y el País Vasco. Su actividad fue mínima y los riesgos que corrían eran enormes. Lo más importante fue el inicio de un movimiento de masas como la huelga de tranvías de Barcelona de 1951, las primeras huelgas en Asturias, las movilizaciones universitarias de 1956 o la huelga de Barcelona del mismo año. Aunque es indudable
que estos movimientos eran débiles y escasos, conformaron la situación que más tarde abrió paso a los movimientos de los años 60.
4.3. El fortalecimiento de la oposición.
La década de los 60 significó la progresiva consolidación del movimiento de oposición al franquismo. El crecimiento de la oposición en el interior propició la creación de nuevos núcleos de dirección política situados en el interior del país que se van a enfrentar muchas veces a los puntos de vista de los viejos dirigentes del exilio que van a ir perdiendo progresivamente su hegemonía.
a) La reconstrucción del movimiento obrero y estudiantil.
La reactivación económica y la discusión de los primeros convenios colectivos
significaron un aumento de la conflictividad obrera. Las huelgas obreras se multiplicaron y aunque era un derecho no reconocido, dejaron de ser delitos de sedición. La posibilidad de elegir enlaces sindicales desbordó la CNS, ya que en muchas fábricas los obreros comenzaron a crear sus propios órganos de representación (comisiones obreras).
En este contexto nació la organización Comisiones Obreras. La primera comisión obrera surgió en Asturias en la huelga de 1962, pero su expansión se produce entre 1964 y 1966. En las elecciones sindicales de 1966 obtuvo un éxito notable con lo que el régimen dio marcha atrás, declaró a Comisiones ilegal y sus miembros fueron perseguidos.
Al lado de las movilizaciones obreras, la década de los 60 se caracterizó por la aparición de un potente movimiento estudiantil de carácter democrático. La organización estudiantil falangista (SEU) quedó arrinconada por la aparición de los Sindicatos Democráticos en 1965.
b) El renacimiento de los nacionalismos.
El nacionalismo catalán comenzó a ser un factor aglutinador de amplios sectores sociales, lo que llevó a una actuación unitaria de las diferentes fuerzas políticas catalanas: formación de la Tabla Redonda de 1966 y en 1971 de la Asamblea de Cataluña.
En el País Vasco, la Iglesia tuvo un protagonismo básico en la configuración de la oposición al franquismo, sobre todo con la progresiva desvinculación de la Iglesia del Régimen. En PNV siguió siendo el partido hegemónico, pero por su conservadurismo social propició la radicalización de algunos grupos nacionalistas. Así nació en 1959 ETA que comenzó las acciones armadas en 1962, provocando una fuerte represión en todo el País Vasco.
c) Las diferentes fuerzas políticas.
De los grandes partidos de la República, sólo el PC conservó una cierta fuerza y organización en el interior. El PSOE fue, hasta bien entrada la década de los sesenta, un partido en el exilio que conoció la desarticulación y la divergencia entre la dirección del interior y la del exterior. Los viejos líderes del exilio como Rodolfo Llopis entraron en conflicto con los jóvenes militantes del interior: en 1974, en el Congreso de Suresnes se superan las dificultades y el partido queda en manos de los militares del interior (Felipe González).
El PC fue, a pesar de sus disensiones internas, como la expulsión de Jorge Semprum y Fernando Claudín, el partido que mejor supo mantener su organización clandestina y el único con una cierta organización de masas. Esto fue a causa de su línea política de penetración en las organizaciones de masas (comisiones obreras, sindicatos estudiantiles, asociaciones de vecinos...) y su acercamiento a todas las fuerzas antifranquistas, independientemente del lado en que hubiesen hecho la guerra: política de "reconciliación nacional".
También fue importante la toma de conciencia de algunos sectores católicos que se pusieron del lado de la oposición. Así, cabe destacar la formación de organizaciones católicas de carácter demócrata-cristiano que se van a mostrar hostiles a la dictadura (Unió Democrática de Catalunya).
También antiguos colaboradores del régimen (como el monárquico José Mª de Areilza, los demócrata-cristianos, como Ruiz Jiménez, o antiguos falangistas como Dionisio Ridruejo) se desmarcaron públicamente del franquismo y se manifestaron a favor de un gobierno democrático. En junio de 1962, esta oposición moderada participó, conjuntamente con un sector de exiliados (con exclusión de comunistas y anarquistas) en una reunión en Munich, convocada por el Movimiento Europeo (reunión llamada por el franquismo "contubernio de Munich". Lo que en Munich se debatió es sobre las condiciones políticas que debían darse en España para entrar en el Mercado Común Europeo:
- instituciones democráticas: parlamento elegido democráticamente; gobierno elegido por sufragio universal.
- garantías para ejercer los derechos de persona: libertad individual, derecho a la vida, a la expresión.
- reconocimiento de la personalidad de los pueblos de España: derechos para los pueblos que se constituyen en Naciones dentro de España.
- libertades sindicales, derecho de huelga.
- legalización de partidos políticos y respeto a la oposición.
1. La creación del Estado franquista: fundamentos ideológicos y apoyos sociales.
Los enfrentamientos habían acabado porque el ejército republicano había sido "cautivo y desarmado". Pero la paz no llegó. Fueron años tristes, sobre todo para los vencidos.
Aunque, en general, toda la población, excepto los que pasaron a ser la clase dirigente del nuevo régimen, sufrirán, en un país destrozado por la guerra y aislado económicamente, hambre, miseria y miedo.
El nuevo régimen se definía por la concentración de todos los poderes políticos en la figura del Jefe del Estado, Franco, que concentra el poder ejecutivo y el legislativo.
Incluso parte del poder judicial dependía de él, a través de los tribunales militares, por la depuración de la judicatura, convirtiendo el judicial en un instrumento del ejecutivo.
Todos los organismos creados durante la guerra (Junta de Defensa Nacional, Consejo de Ministros...) eran órganos meramente consultivos.
El dictador era, además, generalísimo de los tres ejércitos, jefe del partido único (FET y de las JONS)... en resumen, el "Caudillo" era jefe del gobierno, del Estado, generalísimo y por si no fuera suficiente "responsable ante Dios y ante la Historia".
La constitución de 1931 fue suprimida, así como los partidos y sindicatos. Sólo se reconocía el partido único y por la ley del 26 de enero de 1940 se obligaba a la unidad sindical en los sindicatos verticales oficiales: la Central Nacional Sindicalista (CNS).
Para crear una cierta estructura institucional, el dictador aprobó una serie de leyes fundamentales:
- Fuero del Trabajo 1938 (declarado ley fundamental el 1947).
- Fuero de los españoles 1945.
- Ley del Referendum nacional 1945.
- Ley de sucesión en la jefatura del Estado 1947.
Se trataba de garantizar la continuidad del sistema en un momento de aislamiento internacional, sin aportar ninguna reforma substancial (1945 final de la II Guerra Mundial).
En resumen: el nuevo sistema quedó articulado como una mezcla de fascismo (caudillo, partido único y sindicato único) y de conservadurismo tradicional (defensa de los intereses de la oligarquía agraria, del ejército y de la Iglesia).
En la primera época, el régimen efectuó un rígido control social a través de la Falange.
Así, junto con los grandes poderes tradicionales, la España franquista asistió al ascenso de una serie de personas que por su adhesión al régimen gozaron de privilegios en tiempos de escasez y de hambre. La Falange tuvo, en sus mejores momentos, alrededor de 600.000 afiliados y dotó al régimen de una parafernalia (himnos, uniformes, desfiles) y de una cierta política social a través de instituciones como el Frente de Juventudes, la Sección Femenina o el Auxilio Social. Los jerarcas de estos organismos, antiguos monárquicos, militares, más los que habían hecho carrera durante la guerra o se unían al
movimiento como forma de ascenso social, formaban la masa social que daba apoyo al sistema en los grandes actos públicos.
2. Evolución del régimen:
a) Evolución y coyuntura exterior: 1939-1959
El estallido de la segunda guerra mundial marcó durante 10 años la política
internacional española y en cierta manera el desarrollo del régimen.
a/ 1939-1942. Franco decide una política de neutralidad, a pesar de que durante la guerra civil Alemania e Italia le habían ayudado y se habían creado relaciones morales.
En los signos externos, en la formación de gobiernos con predominio de falangistas y militares, la presencia de Serrano Suñer (partidario del apoyo a Alemania e Italia) como ministro de Asuntos Exteriores, se encuentran las señales del apoyo no formal, pero sí evidente al bloque fascista. En junio de 1940 se pasa de la neutralidad a la "no beligerancia" y en octubre se produce la entrevista de Hendaya, que equivalía a un alineamiento moral con el Eje. El momento de máxima colaboración se produjo en junio de 1941, con la formación de la División Azul, "voluntarios" para colaborar en el combate contra el "comunismo".
b/ A partir de 1942, con la pérdida progresiva de posiciones por parte de Alemania provocó una rectificación. Serrano Suñer fue apartado del ministerio de Asuntos Exteriores y sustituido por el conde de Jordana (anglófilo). El gobierno fue reestructurado para iniciar una aproximación a los aliados, a los que se garantizó la neutralidad mientras se retiraba la División Azul del frente ruso.
c/ La victoria aliada en 1945 provocó una sensación de peligro y de inestabilidad del régimen, que no era bien visto por los vencedores. El Caudillo, sin renunciar a lo esencial, impuso cambios en los signos externos: suprimió la obligatoriedad del saludo a la romana, disolvió la organización paramilitar de la Falange, promulgó el Fuero de los Españoles y cambió de gobierno con más presencia de católicos y la eliminación de los más comprometidos con el fascismo.
Todos estos esfuerzos no evitaron el clima de rechazo hacia el régimen fascista español.
La ONU rechazó por aclamación la entrada de España y una resolución de la misma ONU del 13 de diciembre de 1946 pedía la retirada de embajadores de España.
Aunque el gobierno contestó con desprecio hacia Europa (manifestación en la Plaza de Oriente), la verdad es que el boicot político y económico de casi todos los países del mundo agravó la difícil coyuntura española y condenó al país a la autarquía, reforzando el aislamiento de España.
Tras la Segunda Guerra Mundial se inicia también un periodo de tensión entre EEUU y la URSS (aliados en la guerra) que conocemos como guerra fría. El invierno de 1947-48 se inicia el bloqueo de Berlín y es en este contexto que surge la idea de crear un pacto militar antisocialista (OTAN en 1945), a lo que respondieron los países del Este con el Pacto de Varsovia (1955). El mundo se dividía en dos bloques y la geopolítica mundial giró desde entonces alrededor del nuevo conflicto. En la nueva organización del mundo, la España de Franco constituyó más un fiel aliado anticomunista que no un enemigo.
Fueron los EEUU los que iniciaron su acercamiento a Franco. Con su ayuda y gracias a su presión los embajadores extranjeros volvieron a Madrid (1950-51). En 1951 se firmaron los primeros pactos que significaban la llegada de créditos y materias primas vitales para el régimen franquista. Por fin, en 1953 se firmaron unos acuerdos bilaterales que permitieron la ayuda norteamericana a cambio de la instalación de bases militares.
Los EEUU ayudaron también a que España fuese admitida en los organismos
internacionales (ONU, FMI,...) y pudiese iniciar contactos con otros países para la concesión de créditos y para reiniciar el comercio exterior. Europa vivía en los años 50 una época de prosperidad y reconstrucción, por lo que necesitaba mano de obra abundante y mercados para sus capitales. Se abrieron fronteras a la emigración y se inició la llegada de turistas que buscaban precios bajos y sol asegurado. Por último, recibió otro apoyo con la firma, en 1953, del concordato con la Santa Sede, lo que significaba el reconocimiento absoluto de la legitimidad del régimen de Franco. Todos estos cambios se reflejan en una readecuación política y económica del régimen.
b) La consolidación del régimen: 1959-1973.
A finales de los 50 era evidente que la política económica de la autarquía había
fracasado. Entre 1957-1959 la vida había subido un 40%, el déficit comercial había alcanzado cifras astronómicas y las reservas de oro habían caído un 70% en cuatro años.
Era evidente que la economía española necesitaba una orientación que abriese las puertas de la modernización y superase las dificultades.
La vieja ideología del nacional-sindicalismo comenzó a quedar totalmente anacrónica y obsoleta en una España que comenzaba a hacer del desarrollo económico y del industrialismo la ideología oficial del Estado.
La entrada dentro del aparto del Estado de nuevas generaciones de políticos, los llamados tecnócratas, fue desplazando progresivamente falangistas, carlistas y tradicionalistas, dando al régimen una nueva orientación. Fue el quinto gobierno nombrado por Franco en 1957 el que pone de manifiesto por primera vez el cambio en la correlación de fuerzas entre las diferentes "familias" del régimen. De los 18 miembros anteriores se cambiaron 12 y la gran novedad fue la entrada de un núcleo importante de miembros del Opus Dei encabezados por Alberto Ullastres y Mariano Navarro Rubio. La pérdida de la influencia de los falangistas tuvo como signo más evidente la sustitución de la Falange como partido único por una nueva formación política que agrupaba a todos los colaboradores del régimen: el Movimiento Nacional.
El nuevo equipo dirigente vio la necesidad de crear un cuerpo de normas y valores inmutables que fuesen una síntesis de todos los principios sobre los que descansaba el Estado español. Con esta voluntad nació la Ley de Principios del Movimiento Nacional (1958) que reconocía España como "una monarquía tradicional, católica, social y representativa". El régimen se alejaba de la ideología fascista de los primeros años e iniciaba una tímida apertura política, aunque rechazando la democracia parlamentaria.
Como las leyes fundamentales (Fuero del Trabajo, Fuero de los Españoles, Ley de Cortes, Ley de Sucesión, Ley de Principios del Movimiento Nacional) no conformaban un verdadero sistema político, en 1966 se aprobó la Ley Orgánica del Estado que caracterizaba a España como una democracia orgánica: se introducen en las Cortes 100 procuradores representantes de la familia y de carácter electivo; las elecciones seguían siendo por sufragio corporativo (tercio familiar, tercio sindical y tercio corporativo).
Por otro lado, la continuidad del sistema después de la muerte de Franco se vio
asegurada cuando las Cortes aceptaron, en 1969, al príncipe Juan Carlos como sucesor a la jefatura del Estado con el título de rey ("atado y bien atado").
En el nuevo gobierno formado en 1965 es la última vez que Franco utiliza la fórmula del equilibrio entre las familias del Régimen: semifalangistas, monárquicos, Opus Dei y católicos de derechas.
Un aspecto notorio de estos años es el intento aperturista que supone la aprobación en 1966 de la Ley de Prensa (Fraga) que suprimía la censura previa, aunque mantenían rígidos controles sobre todo lo que se publicaba. La Ley de Libertad Religiosa (1967) y la Ley de Educación (1970) completaron este proceso reformista con la voluntad de aminorar las discriminaciones por motivos religiosos y hacer más asequible la educación a las clases más humildes.
También en el territorio sindical se produjo una tímida apertura: se reconocen las negociaciones colectivas y se fija un salario mínimo interprofesional. Así mismo, se mejoran las prestaciones sociales (1963, Ley de Bases de la Seguridad Social). P. A. Ruiz Lalinde.
c) El final del franquismo: 1973-1975.
A pesar de que la continuidad del régimen parecía asegurada, continuaban las
discrepancias respecto a la orientación futura del sistema. Las divisiones entre
"aperturistas", partidarios de una cierta liberalización política del régimen y los
"inmovilistas" (el denominado "bunker") deterioraban la cohesión del sistema.
Para estructurar el gobierno y reducir los conflictos, Franco nombró a Luis Carrero Blanco vicepresidente del gobierno (1967) consciente de que era el hombre clave para mantener la paz entre las familias políticas. Sus años de gobierno se caracterizaron por el mantenimiento de una situación contradictoria que cabalgaba entre la reforma (Ley de Educación 1970, Nueva Ley Sindical 1971...) y la represión (estados de excepción, juicio de Burgos, proceso 1001...).
El escándalo MATESA (apropiación ilegal de fondos del Estado obtenidos
fraudulentamente) implicó a diversos ministros y personalidades del Opus Dei. Este hecho fue aprovechado por sectores vinculados a la Falange para poner en marcha una campaña de desprestigio que culminase con su alejamiento del poder. Franco, aconsejado por Carrero, había decidido jugar a fondo la carta de los tecnócratas y cuando reformó el gobierno excluyó a los que habían hecho público el escándalo MATESA (Solís, Fraga...). El nuevo gobierno (1969) fue "monocolor", ya que los ministros más importantes permanecieron en manos de miembros del Opus Dei.
Sin embargo, el año 1973, cuando Carrero Blanco fue nombrado Presidente del
Gobierno (hasta entonces Franco era Jefe del Estado y del Gobierno) la situación de crisis se agudizaba más. Algunos sectores del ejército culpaban a los aperturistas del desastre político y la movilización en la calle crecía pese a la represión. El gobierno de Carrero no había solucionado el descontento social y político ni había reducido la hostilidad entre aperturistas e inmovilistas. Con este telón de fondo, la muerte de Carrero Blanco en un atentado efectuado por miembros de ETA (20-XII-73) y el inicio de la crisis económica aceleraron la descomposición del franquismo.
Carlos Arias Navarro fue elegido para sustituirle (en febrero de 1974). En su primer discurso prometió importantes reformas ("espíritu del 12 de febrero") que se vieron frenadas por varios hechos:
i/ 2 marzo 1974: ejecución de Salvador Puig Antich (anarquista acusado de forma injusta).
ii/ La homilía de Monseñor Añoveros, obispo de Bilbao, que contenía duras censuras contra el régimen.
iii/ Éxito de la revolución de los claveles en Portugal.
El 9 de julio Franco enfermó y ya no se repondría.
Varios hechos marcaron los últimos meses de vida del régimen franquista:
- Ejecución en septiembre de 1975 de cinco acusados de actividades violentas (3 del FRAP y 2 de ETA), a pesar de las repetidas peticiones de clemencia desde todos los ámbitos y la presión internacional que existió.
- La Marcha Verde marroquí sobre el Sahara español.
- La muerte de Franco el 20 de noviembre de 1975.
3. Las transformaciones económicas: de la autarquía al desarrollismo y la crisis a partir de 1973. Los cambios sociales.
3.1. La postguerra.
La primera dificultad era el hundimiento demográfico provocado por las víctimas de la guerra, por el número de exiliados y fusilados al acabar la guerra. Gran cantidad de puestos de trabajo que requerían una cierta cualificación no encontraban especialistas.
Numerosas familias se refugiaron en el campo, provocando un movimiento de
ruralización de la economía. La situación en el campo tampoco era buena, la gente iba a los pueblos con la única esperanza de sobrevivir. La agricultura sufrió un estancamiento e incluso un retroceso.
Las explicaciones clásicas de esta baja productividad se centran, sobre todo, en la falta de maquinaria, de abonos, a causa tanto de la guerra mundial, como del posterior aislamiento internacional, así como en la desfavorable climatología ("pertinaz sequía" de 1945 a 1949) que arruinó parte de las cosechas.
Tampoco la industria pudo recuperarse en un principio. No es sino hacia 1950 que se produce un aumento de la producción (8%) en relación a la época anterior a la guerra.
Hay que tener en cuenta que no tenemos estadísticas de los años 40 y las que existen son poco fiables. Seguramente la falta de bienes de equipo, de recambios, de materias primas y de energía fue decisiva para mantener la producción industrial a un ritmo muy bajo. Las relaciones con el Eje hicieron que al acabar la guerra el país no se beneficiase del Plan Marshall.
La poca industria que había obtenía grandes beneficios por los bajos salarios y la escasez que hacía subir los precios.
La renta per cápita española no registró los niveles anteriores a 1936 hasta 1953, lo que demuestra el bajo nivel de vida del conjunto de la población en esta primera década.
3.2. La política económica: autarquía e intervencionismo.
Forzados por la propia guerra civil, por el conflicto mundial, y después por el
aislamiento internacional, la política de estos primeros años (económica) se podía definir con los conceptos de autarquía e intervencionismo estatal.
La política de autarquía propugnaba la autosuficiencia de un determinado país,
limitando al máximo su dependencia respecto al exterior. En la formulación de esta política influyeron las tendencias proteccionistas anteriores a la guerra, el propio proceso bélico, y la propia influencia del fascismo que propugnaba un nacionalismo económico que tenía como objetivo la autarquía.
La política de autarquía se acompañó de un fuerte intervencionismo del Estado:
regulación estatal del comercio exterior, protección de la industria nacional. Se reguló la creación de nuevas empresas y se impidieron las inversiones extranjeras que superasen el 25% de una empresa. Esto creó una industria débil, incapaz de competir con el exterior. A la vez el Estado controlaba el mercado interior por medio del racionamiento (hasta 1953), fijaba los salarios y controlaba los precios.
Se constituyeron empresas públicas con carácter subsidiario de la empresa privada como el INI (Instituto Nacional de Industria en 1940) o la RENFE (1940) que se ocupaban de sectores no rentables, pero necesarios para el país. Finalmente en 1940 se fijó el denominado "status quo" bancario, que limitaba el número de bancos y sucursales a los existentes en esos momentos, lo que significaba el monopolio financiero del país en beneficio de estos bancos.
Esta intervención, con la burocracia administrativa que comportaba, era enormemente costosa e implicaba la disponibilidad de grandes sumas de dinero por parte del Estado.
Como el sistema impositivo era ineficaz y casi inexistente, se recurría a la emisión de deuda pública para financiar los gastos, deuda que era adquirida obligatoriamente por los bancos. Pero esta forma de financiación provocaba una alta inflación que reducía cada vez más el poder adquisitivo de los salarios.
3.3. El agotamiento de la vía autárquica (1951-1956).
a) Los cambios y sus limitaciones.
Franco cambió su gobierno en julio de 1951. En el nuevo gobierno predominaban los católicos sobre los falangistas y entran personalidades no tan comprometidas con el modelo autoritario (Ruiz-Jiménez en Educación y Martín Artajo en Asuntos Exteriores).
Los falangistas mantenían parcelas de poder (Girón, en el ministerio de Trabajo), pero el tono del nuevo gobierno, al que se incorporará un personaje clave (Carrero Blanco) pretendía una homologación internacional, el régimen pretendía el entendimiento con el exterior y consiguió unos éxitos en política internacional que le hacían falta.
Esta pequeña liberalización escondía una situación interior bastante preocupante. Las ayudas internacionales entre 1951-56 no consiguieron salvar la angustiosa situación económica mientras en la calle comienzan a surgir los primeros signos claros de descontento. Hacia 1956 una serie de circunstancias: malas cosechas, déficit de la balanza comercial, huelgas universitarias..., pusieron de manifiesto que era preciso algo más que un cambio de gobierno para poder perpetuar un sistema que fuera de eso permanecía intacto. Fue entonces cuando se produjo el primer gran giro en la gestión económica del régimen franquista.
3.4. El primer intento de adecuación económica.
Las condiciones internacionales que a partir de 1950 implicaron el final del aislamiento (ayuda americana, integración en organismos internacionales...) significó, también en el interior, un leve cambio en la política económica.
La vía autárquica llevaba al país al colapso económico, ya que implicaba un nivel tan escaso de consumo que incluso para las escasas posibilidades industriales del país era más rentable la evasión de capitales que invertirlos en una industria sin consumidores.
La agricultura, por su parte, continuaba siendo incapaz de atender la demanda nacional.
El nuevo gobierno del 18 de julio de 1951 se proponía un programa de aumento de la producción y la productividad, sobre todo industrial, reordenando toda la actividad económica. Por eso se intentaba la reactivación del comercio interior (fin del racionamiento y del control sobre el mercado en 1953), la apertura al mercado internacional, la reducción de los gastos del Estado y el freno a la inflación.
A pesar de algunos esfuerzos por superar el nivel de subsistencia en el campo (Ley de Concentración Parcelaria 1952, Plan Badajoz 1953) y el aumento de la producción industrial, lo cierto es que nuestra relación con la economía exterior aumentó todavía más nuestro déficit comercial y aceleró la inflación. Igualmente la industrialización comenzó a movilizar a las masas campesinas hacia las ciudades: problemas de vivienda y de infraestructura urbana. Los gastos del Estado continuaron siendo muy altos y la recaudación insuficiente, mientras las reservas de oro se reducían (a la mitad entre 1956 y 1958). Era evidente que eran necesarios más cambios.
3.5. La acelerada transformación de la economía española.
a) El Plan de Estabilización.
La acción correctora que necesitaba la economía española vendrá con el Plan de Estabilización (1959). Este plan era un conjunto a acciones destinadas a corregir las deformaciones de la autarquía y a iniciar después una nueva etapa de crecimiento económico. Se pretendía pasar en poco tiempo de una economía cerrada, con el comercio exterior reglamentado, a una economía abierta con gran parte del comercio exterior liberalizado.
Las principales líneas de actuación del plan fueron las siguientes:
- nuevas normas de carácter fiscal y monetario.
- progresiva liberalización del comercio exterior.
- medidas para favorecer las inversiones extranjeras.
- nueva paridad de la peseta: 1 dólar = 60 pesetas.
El camino abierto por este plan fue seguido por una profunda transformación en la estructura económica del país que significó la conversión de España en un país preferentemente industrial. Esta transformación tuvo lugar de una forma muy acelerada (15 años), por lo que se ha hablado de "milagro español". Pero se ha de tener en cuenta que el "milagro" no fue sólo español, sino que es el crecimiento europeo el que potenció la acelerada transformación de la economía española. El crecimiento económico fue claramente estimulado por la inversión de capitales extranjeros, la adopción de tecnología foránea, la emigración de trabajadores a la CEE y por la entrada masiva de turistas. Fenómenos, todos ellos, estrechamente vinculados al crecimiento económico de Europa Occidental.
b)La crisis de la agricultura tradicional.
En la posguerra, la agricultura española quedó reducida a las más estrictas condiciones de subsistencia, con abundante mano de obra y escasa mecanización. A partir de 1969, con el proceso de industrialización, se produce la crisis de esta agricultura tradicional. Dos son los factores fundamentales que propician la transformación:
- el éxodo rural hacia Cataluña, Madrid, País Vasco y CEE: aumento de salarios agrícolas: mecanización.
- diversificación, con el aumento del nivel de vida, de la demanda de alimentos.
Disminuye la demanda de cereales y aumenta la de carne, leche, fruta,...
Estimulado por estos cambios, el campo español inició un proceso de mecanización y de mejora de las técnicas de cultivo (abonos, especialización, diversificación de la producción...). Este proceso significó la sustitución de mano de obra por capital. La gran beneficiaria de este cambio fue la gran explotación agrícola, ya que la pequeña explotación familiar no puede hacer frente a la mecanización (por las pequeñas dimensiones o por falta de capital). Muchos pequeños propietarios, se vieron obligados a emigrar a las ciudades.
La política agraria franquista pretendía paliar el problema del minifundismo (Plan de Concentración Parcelaria) y aumentar los rendimientos mediante el desarrollo de un programa de regadíos (1962: Ley de Grandes Zonas Regables). La cuestión de los latifundios pasó a segundo plano.
c) Una rápida industrialización.
A partir de 1961 las medidas del Plan de Estabilización comenzaron a dar resultados: desarrollo industrial, crecimiento de las ciudades, aumento del nivel de vida.
En esta renovación industrial tuvieron gran importancia las inversiones de capital extranjero (el 18% de las inversiones entre 1961 y 1971). Esta presencia de capital extranjero, motivada por las condiciones de inversión favorables que el Estado español ofrecía (bajo coste de la mano de obra, escasa conflictividad social, baja presión fiscal...) acentuó la dependencia del exterior.
La entrada masiva de bienes extranjeros posibilitó la renovación del equipo industrial y la adopción de nueva tecnología mientras que la posibilidad de exportar mano de obra liberaba al país de la presión que un alto índice de paro habría supuesto para la economía española.
El aumento de la producción y la productividad industrial incidió sobre la estructura de las exportaciones: los productos agrarios tradicionales pierden peso y lo ganan los productos manufacturados.
Los sectores protagonistas fueron el químico, energético, la maquinaria y el sector servicios gracias al turismo.
d) La planificación económica.
El programa de liberalización iniciado en 1959 se completa con un programa de
planificación. En 1962 se creó la comisaría del Plan de Desarrollo dirigida por Laureano López Rodó. En 1963 se aprobó el primer Plan de Desarrollo Económico y Social, con una vigencia de 4 años (1964-1967) seguido de dos más: 1968-71 y 1971-1975.
Los planes tenían carácter indicativo y centraban su atención en el sector industrial, al que se consideraba clave para el crecimiento económico. Planteaban dos acciones básicas:
- las llamadas "acciones estructurales" que pretendían solucionar algunos de los males endémicos de la industria española, es decir, bajo volumen de producción y la pequeña dimensión de las empresas.
- las acciones de localización industrial, que tenían como objetivo disminuir los
desequilibrios económicos entre diferentes regiones. Para ello se crearon los Polos de Desarrollo.
e) Los desequilibrios de la balanza de pagos.
La liberalización de las importaciones comportó una fuerte expansión del comercio exterior. El crecimiento de la industria nacional exigía una serie de importaciones (bienes de equipo, energía, tecnología...) que las tradicionales exportaciones no podían financiar: saldo negativo de la balanza comercial.
La corrección de estos desequilibrios fue posible gracias a una serie de factores exteriores (emigración, inversiones extranjeras y turismo), dando lugar a superávits importantes en la balanza de pagos en los años 60.
El interés demostrado por la Administración en el desarrollo turístico no fue
acompañado de una planificación racional del sector y los costes sociales (destrucción del paisaje, caos urbanístico, falta de infraestructura...) del fenómeno turístico han sido enormes.
f) El agotamiento del modelo de crecimiento.
Se puede afirmar que en 1970 España había dejado de ser un país eminentemente agrícola para entrar en la esfera de los países industrializados. Pero fue en esta década, y sobre todo a partir de 1973, cuando la crisis económica mundial evidenció las debilidades y el agotamiento del modelo de crecimiento económico adoptado durante el franquismo.
Los primeros síntomas de este agotamiento aparecen a finales de los 60: primeras tendencias inflacionistas, problemas con la balanza de pagos... Por ello, la crisis de los 70 no hay que buscar sólo en factores externos (crisis del petróleo de 1973) sino también en factores internos. En PNB empezó también a crecer menos (8´5% anual entre 1960-65 y un 5´6 entre 1966-70).
Con este telón de fondo, la incidencia de la crisis económica mundial mostró con gran crudeza las deficiencias de la economía española.
3.6. Las transformaciones sociales.
La modernización de la economía española comportó un proceso de cambio social que en pocos años modificó substancialmente la realidad social de España.
La evolución demográfica.
En los últimos 40 años (1940-1980) España conoció el mayor crecimiento demográfico de la historia: 25 millones en 1940, 37 millones en 1980. España entró también en el ciclo demográfico moderno: tasas de natalidad y mortalidad muy bajas, progresivo freno al crecimiento y en consecuencia, envejecimiento de la población.
Otra característica demográfica de la España franquista es la generalización de los movimientos migratorios. Las migraciones exteriores cambian de destino: ya no van hacia América, sino hacia Europa. Entre 1960 y 1973 más de dos millones marcharon a buscar trabajo (1 millón de forma permanente y otro de forma temporal).
Todavía más relevancia tendrá el éxodo rural: entre 1960 y 1970 más de 4 millones de personas abandonarán su lugar de origen. Marcharon de las zonas rurales a las zonas industriales: Madrid, Cataluña, País Vasco... La consecuencia fue la despoblación del campo y un gran crecimiento de las ciudades.
La transformación de la estructura social.
La modernización del campo supuso una drástica reducción de la población activa del sector primario. Por otro lado, la expansión industrial generó un aumento considerable de la clase obrera en su conjunto y la aparición de ésta en zonas que hasta aquel momento se habían mantenido básicamente agrícolas (Zaragoza, Pamplona, Valladolid...). También cabe destacar la progresiva tendencia al aumento del número de obreros cualificados y especializados frente al número de peones.
La clase media también aumentó su peso en el conjunto social español a la vez que pasaba de ser la típica de las sociedades no industriales (tenderos, funcionarios, maestros, pequeños industriales...) a ser similar a la de los países industrializados (aumento del peso del personal administrativo, técnico, comercial...).
Hacia una sociedad de consumo.
El aumento de la producción de bienes de consumo y crecimiento de la renta per cápita propició la entrada en lo que se llama la "sociedad de consumo", aunque no plenamente si la comparamos con el resto de los países occidentales. Así, entre 1966 y 1975 la adquisición de alguno de los típicos bienes de consumo (coche, frigorífico, lavadora, televisión...) se duplicó. De todas las maneras, esta mejora del nivel de vida presenta diferencias importantes entre regiones y entre el medio urbano y rural.
4. La oposición al régimen
Las circunstancias del nuevo régimen (prohibición de partidos, sindicatos, falta de libertades...) hacían que todo intento de disidencia política fuese clandestino, minoritario y esporádico.
4.1. Los primeros tiempos.
Con el exilio de cientos de miles de personas, en Francia, en Inglaterra o en América, los partidos y las organizaciones intentaron reorganizarse e incluso constituyeron un gobierno republicano en el exilio.
También los gobiernos autonómicos (Cataluña y País Vasco) se constituyeron de nuevo en el exilio. El fusilamiento del presidente Companys en octubre de 1940 llevó al nombramiento de Josep Tarradellas.
En el interior de España, la oposición se inició en realidad durante la misma guerra civil; en las zonas franquistas, sobre todo en Galicia y Asturias, pequeños grupos guerrilleros se lanzaron a las montañas tanto para huir de la represión como para intentar un fustigamiento del ejército franquista. Al acabar la guerra este movimiento se amplió y en la confianza de que al acabar la Segunda Guerra Mundial los aliados penetrarán en España, las partidas de "maquis" mantuvieron la resistencia armada.
El problema más grave era que las direcciones de las diferentes organizaciones estaban fuera del país, y al no conocer bien la situación interior, confiaban en que por la vía armada sería posible alzar al país contra el fascismo. Cuando en 1944 fracasó una invasión guerrillera por el Valle de Arán (organizada por el PC) se evidenció que sería muy difícil mantener una guerrilla en España. La población, agotada por los años de la guerra, hambrienta y amedrentada por la represión que encarcelaba, torturaba o fusilaba por la más leve señal de oposición, tendió a apartarse de las guerrillas.
Dentro del mismo régimen franquista las conspiraciones monárquicas tuvieron una cierta importancia. Así, en 1943 algunos procuradores a Cortes reclamaron a Franco la vuelta a la monarquía. Como creían que el triunfo aliado permitiría el cambio de régimen en España, grupos monárquicos fieles a Don Juan (hijo del Alfonso XIII) firmaron un pacto con el PSOE, el PNV y otros grupos republicanos (pacto de San Juan de Luz), del cual fue excluído el PCE, para la transición a un régimen constitucional. La habilidad de Franco para atraerse a Don Juan y hacer que éste optase la sucesión monárquica en la persona de su hijo Juan Carlos, eliminó esta oposición, al menos de manera activa.
4.2. La reorganización de la oposición.
Cuando la coyuntura internacional dejó claro que el régimen se consolidaba y que España no se integraba en las democracias, se produjo un momento duro para la oposición. Los anarquistas (CNT), escindidos y con sus cuadros presos, perseguidos o aislados en la guerrilla rural o urbana, se diluyeron poco a poco y perdieron su influencia en el movimiento obrero.
El PSOE y la UGT, con sus direcciones en el extranjero y desconectadas de la realidad española, intentaron continuar apostando por pactos con los monárquicos, mientras sus organizaciones casi desaparecían de España.
Sólo el PCE y el PSUC en Cataluña consiguieron reorganizar penosamente sus cuadros y hacer notar su presencia en los primeros movimientos populares. La dirección continuaba en el exilio y bastante desconcertada de la realidad interior.
Sin embargo, poco a poco, a partir de 1950 aparecen en escena otros grupos:
Movimiento Socialista de Cataluña, los demócratas-cristianos, los grupos nacionalistas en Cataluña y el País Vasco. Su actividad fue mínima y los riesgos que corrían eran enormes. Lo más importante fue el inicio de un movimiento de masas como la huelga de tranvías de Barcelona de 1951, las primeras huelgas en Asturias, las movilizaciones universitarias de 1956 o la huelga de Barcelona del mismo año. Aunque es indudable
que estos movimientos eran débiles y escasos, conformaron la situación que más tarde abrió paso a los movimientos de los años 60.
4.3. El fortalecimiento de la oposición.
La década de los 60 significó la progresiva consolidación del movimiento de oposición al franquismo. El crecimiento de la oposición en el interior propició la creación de nuevos núcleos de dirección política situados en el interior del país que se van a enfrentar muchas veces a los puntos de vista de los viejos dirigentes del exilio que van a ir perdiendo progresivamente su hegemonía.
a) La reconstrucción del movimiento obrero y estudiantil.
La reactivación económica y la discusión de los primeros convenios colectivos
significaron un aumento de la conflictividad obrera. Las huelgas obreras se multiplicaron y aunque era un derecho no reconocido, dejaron de ser delitos de sedición. La posibilidad de elegir enlaces sindicales desbordó la CNS, ya que en muchas fábricas los obreros comenzaron a crear sus propios órganos de representación (comisiones obreras).
En este contexto nació la organización Comisiones Obreras. La primera comisión obrera surgió en Asturias en la huelga de 1962, pero su expansión se produce entre 1964 y 1966. En las elecciones sindicales de 1966 obtuvo un éxito notable con lo que el régimen dio marcha atrás, declaró a Comisiones ilegal y sus miembros fueron perseguidos.
Al lado de las movilizaciones obreras, la década de los 60 se caracterizó por la aparición de un potente movimiento estudiantil de carácter democrático. La organización estudiantil falangista (SEU) quedó arrinconada por la aparición de los Sindicatos Democráticos en 1965.
b) El renacimiento de los nacionalismos.
El nacionalismo catalán comenzó a ser un factor aglutinador de amplios sectores sociales, lo que llevó a una actuación unitaria de las diferentes fuerzas políticas catalanas: formación de la Tabla Redonda de 1966 y en 1971 de la Asamblea de Cataluña.
En el País Vasco, la Iglesia tuvo un protagonismo básico en la configuración de la oposición al franquismo, sobre todo con la progresiva desvinculación de la Iglesia del Régimen. En PNV siguió siendo el partido hegemónico, pero por su conservadurismo social propició la radicalización de algunos grupos nacionalistas. Así nació en 1959 ETA que comenzó las acciones armadas en 1962, provocando una fuerte represión en todo el País Vasco.
c) Las diferentes fuerzas políticas.
De los grandes partidos de la República, sólo el PC conservó una cierta fuerza y organización en el interior. El PSOE fue, hasta bien entrada la década de los sesenta, un partido en el exilio que conoció la desarticulación y la divergencia entre la dirección del interior y la del exterior. Los viejos líderes del exilio como Rodolfo Llopis entraron en conflicto con los jóvenes militantes del interior: en 1974, en el Congreso de Suresnes se superan las dificultades y el partido queda en manos de los militares del interior (Felipe González).
El PC fue, a pesar de sus disensiones internas, como la expulsión de Jorge Semprum y Fernando Claudín, el partido que mejor supo mantener su organización clandestina y el único con una cierta organización de masas. Esto fue a causa de su línea política de penetración en las organizaciones de masas (comisiones obreras, sindicatos estudiantiles, asociaciones de vecinos...) y su acercamiento a todas las fuerzas antifranquistas, independientemente del lado en que hubiesen hecho la guerra: política de "reconciliación nacional".
También fue importante la toma de conciencia de algunos sectores católicos que se pusieron del lado de la oposición. Así, cabe destacar la formación de organizaciones católicas de carácter demócrata-cristiano que se van a mostrar hostiles a la dictadura (Unió Democrática de Catalunya).
También antiguos colaboradores del régimen (como el monárquico José Mª de Areilza, los demócrata-cristianos, como Ruiz Jiménez, o antiguos falangistas como Dionisio Ridruejo) se desmarcaron públicamente del franquismo y se manifestaron a favor de un gobierno democrático. En junio de 1962, esta oposición moderada participó, conjuntamente con un sector de exiliados (con exclusión de comunistas y anarquistas) en una reunión en Munich, convocada por el Movimiento Europeo (reunión llamada por el franquismo "contubernio de Munich". Lo que en Munich se debatió es sobre las condiciones políticas que debían darse en España para entrar en el Mercado Común Europeo:
- instituciones democráticas: parlamento elegido democráticamente; gobierno elegido por sufragio universal.
- garantías para ejercer los derechos de persona: libertad individual, derecho a la vida, a la expresión.
- reconocimiento de la personalidad de los pueblos de España: derechos para los pueblos que se constituyen en Naciones dentro de España.
- libertades sindicales, derecho de huelga.
- legalización de partidos políticos y respeto a la oposición.
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