sábado, 24 de septiembre de 2011
CUESTIONES BLOQUE II.
3.1. Evolución política: Conquista, Emirato y Califato de Córdoba.
CONQUISTA MUSULMANA.
Los árabes musulmanes, alentados por la idea de la "guerra santa", iniciaron en el siglo VII una fulgurante expansión por el Oriente Medio y el norte de África, llegando hasta las costas del océano Atlántico.
Aprovechando la crisis interna del reino visigodo, envuelto en una de sus constantes luchas internas por el poder monárquico, tropas musulmanas, compuestas por árabes y beréberes, cruzaron el estrecho de Gibraltar en el año 711 iniciando la conquista de la península ibérica.
Dirigidos por el beréber Tariq, lugarteniente del gobernador del Norte de África, Musa ibn Nusayr los musulmanes derrotaron en la batalla de Guadalete (711) al último rey visigodo, Rodrigo, que perdió la vida en el combate.
Animados por aquel éxito, los invasores decidieron proseguir el avance por las tierras hispanas, primero en dirección a Toledo, posteriormente hacia Zaragoza. En apenas tres años, los musulmanes lograron conquistar la mayor parte de las tierras hispánicas sin encontrar apenas resistencia. Solo las regiones montañosas de las zonas cantábrica y pirenaica escaparon a su control.
Junto a los árabes, que ocupaban los puestos dirigentes, grupo bereberes del norte de África engrosaron las filas de los invasores musulmanes.
Los árabes tenían fuertes estructuras tribales (qaysíes, kalbíes) que mantuvieron largo tiempo fuertes enemistades que pronto se manifestaron al repartirse las tierras ocupadas.
A todos estos problemas entre los árabes, hay que añadir los provocados por los beréberes islamizados del norte de África, reacios a someterse a un autoridad central. Resultado de todo ello fue un oscuro período de luchas y enfrentamientos entre los distintos clanes árabes, y entre árabes y beréberes, que durará toda la primera mitad del siglo VIII.
Diversos magnates nobiliarios visigodos decidieron pactar con los invasores, como fue el caso de Teodomiro, en la región murciana. Las escasas fuentes disponibles nos hacen pensar que la conquista se realizó principalmente mediante capitulaciones y rendiciones acordadas entre los señores godos y los conquistadores musulmanes. La violencia fue más la excepción que la regla.
CALIFATO Y EMIRATO.
El Emirato (756-929)
Tras la invasión musulmana, la mayor parte de la península ibérica se convirtió en una nueva provincia del califato islámico, Al-Andalus. Al frente de este territorio se colocó a un Emir o gobernador que actuaba como delegado del Califa musulmán, por entonces perteneciente a la dinastía Omeya, con capital en ciudad de Damasco.
Los musulmanes realizaron algunas incursiones por el norte de la Peninsula, pero fueron derrotados por los astures en Covadonga (722). También penetraron en suelo franco, donde ocuparon ciudades como Narbona, pero sufrieron un duro golpe ante el ejército de los francos en las proximidades de Poitiers (732). Esta batalla supuso el fin de la expansión árabe musulmana en Europa.
A mediados del siglo VIII tuvo lugar un hecho clave. La dinastía Omeya fue víctima de la revolución Abasí, familia que se adueñó del Califato. Un miembro de la familia derrotada logró escapar, refugiándose en Al-Andalus, donde, gracias a los apoyos que encontró, se proclamó emir. Se trataba de Abd-al-Rahman I (756-788), con quien comenzaba en Al-Andalus el período conocido como emirato independiente, debido a que acabó con la dependencia política de los califas abasíes, que habían establecido su sede en la ciudad de Bagdad. Al-Andalus siguió reconociendo al Califa Abasí como líder espiritual del mundo musulmán.
Abd-al-Rahman I fijó su capital en la ciudad de Córdoba e inició la tarea de construcción de un estado independiente en Al Andalus. Para ello necesitaba fundamentalmente tres cosas: un ejército, unos ingresos económicos, y sofocar las posibles revueltas de sus enemigos. El desafío al poder central de Córdoba fue una constante en las grandes familias nobles musulmanas asentadas en las diversas regiones de Al-Andalus.
El Califato de Córdoba (929-1031)
Un importante paso en el fortalecimiento de Al-Andalus se dio en el año 929, cuando el emir Abd-al-Rahman III (912-961) decidió proclamarse Califa, cargo en el que confluían el poder político y el religioso. “Nos parece oportuno que, en adelante, seamos llamado Príncipe de los Creyentes”, se escribía en una carta que el nuevo califa envió a sus gobernadores.
El Califa residía en el alcázar de Córdoba, situado junto a la gran mezquita. Unos años después de su autoproclamación, Abd-al-Rahman III ordenó construir, al oeste de la capital, la impresionante ciudad-palacio de Madinat al-Zahra, convertida en residencia califal y en el centro del poder político de Al-Andalus.
Almanzor y la crisis del Califato de Córdoba
En las últimas décadas del siglo X, Almanzor se hizo con el poder efectivo en Al-Andalus; ejercía el cargo de hachib, una especie de primer ministro. Mientras tanto, el califa de la época, Hisham II (976-1009), vivía recluido en el palacio de Madinat al-Zahra sin ejercer en lo más mínimo el poder político.
Almanzor, que basó su poder en el Ejército, integrado sobre todo por soldados beréberes, organizó terroríficas campañas contra los cristianos del norte peninsular. Su muerte en año 1002 inició el proceso de descomposición política (fitna) que llevó al fin del Califato en el 1031.
3.2. La crisis del siglo XI. Reinos de taifas e imperios norteafricanos.
En 1031 acabó el Califato de Córdoba y Al Andalus se desintegró en 30 reinos de taifas (en árabe banderías), ricos y cultos pero débiles militar y políticamente. Las disputas entre ellos eran frecuentes y debían pagar parias (tributos) a los reinos cristianos para no ser invadidos. En 1085 Alfonso VI de Castilla tomó Toledo y los reyezuelos taifas asustados pidieron ayuda a los Almorávides, bereberes integristas que hacían la yihad o guerra santa a los cristianos. Unificaron los reinos taifas desde 1086, pero su dominio se desintegró desde 1140 por el ataque de los Almohades surgiendo nuevas taifas. En 1147 cruzaron a la península los Almohades, aún más fanáticos. Su califa Abd-al-Mumin construyó un imperio en el norte de Africa, con capital en Rabat. Unificaron los reinos taifas, derrotando en Alarcos (1195) a los castellanos; pero fueron vencidos en las Navas de Tolosa (1212) ante una coalición cristiana dirigida por Alfonso VIII de Castilla. Tras la toma de Sevilla (1248) sólo quedó el reino taifa de Granada.
. La crisis del siglo XI: Los reinos de Taifas.
Al morir el dictador Almanzor (1002) el Califato de Córdoba entró en un periodo de decadencia, estallando una guerra civil, hasta que en 1031 desapareció. Surgieron unos 30 pequeños reinos de taifas (banderías). Se clasifican en tres grupos, según su composición étnica: taifas árabes (Zaragoza, Sevilla, Córdoba, Toledo, Badajoz, entre las más importantes), beréberes (Granada, Málaga) y eslavas (Murcia, Valencia). Eran muy débiles militar y políticamente, por lo que no pudieron impedir el avance de los reinos cristianos del Norte, a los que tuvieron que pagar fuertes tributos en oro (parias) para mantener su independencia. Por ello, los reyes aumentaron los impuestos a sus súbditos. Estos reinos eran muy brillantes cultural y artísticamente. Cuando el rey Alfonso VI de Castilla conquistó Toledo (1085) el reyezuelo taifa de Sevilla, asustado, pidió ayuda a los almorávides del Norte de África, que invadieron la península, unificando Al- Andalus y acabando con las taifas.
3.3. La organización económica y social.
La principal fuente de riqueza de Al Ándalus -el Estado musulmán en la Península durante la Edad Media era la agricultura, basada en la trilogía mediterránea (trigo, vid y olivo), que se cultivaban en grandes latifundios de secano; los musulmanes incorporaron nuevos cultivos (algodón, arroz, caña de azúcar, los cítricos?) y avanzadas técnicas de riego (norias y acequias). Las ciudades fueron marco de la industria textil (seda y lino) y de la artesanía especializada: Toledo era famosa por sus armas, Játiva por su papel, Málaga por su cerámica de reflejos metálicos, Granada por sus espadas y Córdoba por su rica orfebrería, repujados de cuero y objetos de cristal. También era muy importante el comercio. El exterior se benefició del uso de la moneda y de la posición privilegiada de Al Andalus entre Europa y África; se exportaban aceite, armas, tejidos? y se importaban productos de lujo de Oriente, especias y esclavos. El interior se realizaba alrededor del zoco o mercado.
La sociedad de Al Ándalus estaba dividida en diferentes grupos étnicos, religiosos y económicos:
La aristocracia árabe era propietaria de grandes latifundios en las mejores tierras y ocupaba los puestos clave en la administración; los bereberes eran campesinos o artesanos pobres y estaban marginados. Ambos eran musulmanes.
Los hispanovisigodos que vivían bajo dominio musulmán y que formaban la mayoría de la población se dividían en dos grupos: los muladíes convertidos al Islam y los mozárabes, minoría cristiana que pudo conservar su religión a cambio del pago de impuestos.
Los judíos, dedicados a los negocios mercantiles, residían en barrios diferenciados (juderías) y gozaron de consideración por su papel comercial y cultural.
Otros grupos minoritarios eran esclavos: los eslavos, que formaban parte del ejército mercenario y que llegaron a ocupar altos cargos y poseer riquezas, una vez libertos, y los negros.
3.4. El legado cultural. Al-Andalus: El pensamiento y las letras.
Al Andalus conoció un gran esplendor cultural en el siglo X (Califato de Córdoba), durante los reinados de Abd-al-Rahmán III y Al-Hakam II. Córdoba se convirtió en un atractivo centro cultural, donde se desarrollaron las ciencias -matemáticas, astronomía, botánica, medicina, historia- y la literatura, en especial la poesía, que cantaba el amor y la vida palaciega. Los eruditos, que se expresaban en lengua árabe, tradujeron obras de la ciencia griega, persa e india, que se divulgaron por Occidente a través de la España musulmana.
El periodo de los reinos de taifas, en el siglo XI, fue la edad de oro de la cultura andalusí, pese al declive político. Los principales reyezuelos rivalizaron como mecenas artísticos, en un clima de gran libertad intelectual. La corte de Sevilla fue famosa por sus poetas, como Ibn Zaydun y el propio rey Almotamid. El poeta y erudito cordobés Ibn Hazm escribió El collar de la paloma, un importante tratado sobre el amor.
Las invasiones norteafricanas de almorávides y almohades, con su fanatismo e intolerancia religiosa, provocaron el exilio de muchos intelectuales como los tres grandes de la filosofía y la medicina del siglo XII: Avempace, Averroes y el judío Maimónides, que trataron de conciliar la filosofía de Aristóteles con sus respectivas creencias y ejercieron enorme influencia en Europa.
El reino nazarita de Granada conoció durante los siglos XIV y XV un gran esplendor cultural. Destacan el historiador Ibn Jaldun y el poeta Ibn Zamrak, cuyos poemas decoran la Alhambra.
3.5. La mezquita y el palacio en el arte hispano-musulmán.
Aunque la arquitectura andalusí se asentó sobre la tradición romano-visigoda y aportó los elementos más típicos del mundo islámico: arcos, cubiertas y la rica ornamentación basada en motivos geométricos, vegetales y epigráficos.
La gran mezquita de Córdoba es la obra emblemática de al-Ándalus. Su construcción comenzó a mediados del siglo VIII, en tiempos del emir Abd-al-Rahman I, y más tarde sería objeto de sucesivas ampliaciones. Las partes más brillantes datan del siglo X, sobre todo de tiempos del califa al-Hakam II, en cuya época se construyó el espectacularmihrab, caracterizado por la riqueza de los materiales empleados (en particular, los mármoles), por la original solución constructiva de las originales bóvedas de nervios y, finalmente, por la impresionante fantasía decorativa que lo acompaña.
Muy importante fue, asimismo, la impresionante ciudad-palacio de Madinat al-Zahra, edificada en tiempos de Abd-al-Rahman III. Para su construcción se trajeron materiales de diversos lugares, como el norte de África, de donde procedía el mármol. Madinat al-Zahra albergaba, en su parte superior, una serie de palacios; en la zona media, jardines y vergeles, y en la parte inferior, la mezquita mayor y las viviendas de los servidores de palacio. Desafortunadamente, durante la guerra civil que precedió a la desaparición del califato, Madinat al-Zahra fue destruida.
También hay buenos ejemplos del arte musulmán fuera de Córdoba, como la mezquita toledana de Bib al-Mardom, posteriormente convertida en la iglesia del Cristo de la Luz.
Otros ejemplos esenciales de la arquitectura en Al-Ándalus son el Palacio de la Alfajeríaen Zaragoza, del período almorávide, la torre de la Giralda en Sevilla, de tiempos almohades, y sobre todo, el palacio granadino de la Alhambra, obra cumbre de los nazaríes. Exponente de la potencia económica y el brillo cultural del reino nazarí es un recinto fortificado que reúne en un mismo conjunto, un palacio oficial con funciones administrativas, un palacio privado, la residencia del monarca y amplias zonas de ocio. La Alhambra sobresale por su fantasía ornamental así como la conjunción entre arquitectura y entorno natural.
CONQUISTA MUSULMANA.
Los árabes musulmanes, alentados por la idea de la "guerra santa", iniciaron en el siglo VII una fulgurante expansión por el Oriente Medio y el norte de África, llegando hasta las costas del océano Atlántico.
Aprovechando la crisis interna del reino visigodo, envuelto en una de sus constantes luchas internas por el poder monárquico, tropas musulmanas, compuestas por árabes y beréberes, cruzaron el estrecho de Gibraltar en el año 711 iniciando la conquista de la península ibérica.
Dirigidos por el beréber Tariq, lugarteniente del gobernador del Norte de África, Musa ibn Nusayr los musulmanes derrotaron en la batalla de Guadalete (711) al último rey visigodo, Rodrigo, que perdió la vida en el combate.
Animados por aquel éxito, los invasores decidieron proseguir el avance por las tierras hispanas, primero en dirección a Toledo, posteriormente hacia Zaragoza. En apenas tres años, los musulmanes lograron conquistar la mayor parte de las tierras hispánicas sin encontrar apenas resistencia. Solo las regiones montañosas de las zonas cantábrica y pirenaica escaparon a su control.
Junto a los árabes, que ocupaban los puestos dirigentes, grupo bereberes del norte de África engrosaron las filas de los invasores musulmanes.
Los árabes tenían fuertes estructuras tribales (qaysíes, kalbíes) que mantuvieron largo tiempo fuertes enemistades que pronto se manifestaron al repartirse las tierras ocupadas.
A todos estos problemas entre los árabes, hay que añadir los provocados por los beréberes islamizados del norte de África, reacios a someterse a un autoridad central. Resultado de todo ello fue un oscuro período de luchas y enfrentamientos entre los distintos clanes árabes, y entre árabes y beréberes, que durará toda la primera mitad del siglo VIII.
Diversos magnates nobiliarios visigodos decidieron pactar con los invasores, como fue el caso de Teodomiro, en la región murciana. Las escasas fuentes disponibles nos hacen pensar que la conquista se realizó principalmente mediante capitulaciones y rendiciones acordadas entre los señores godos y los conquistadores musulmanes. La violencia fue más la excepción que la regla.
CALIFATO Y EMIRATO.
El Emirato (756-929)
Tras la invasión musulmana, la mayor parte de la península ibérica se convirtió en una nueva provincia del califato islámico, Al-Andalus. Al frente de este territorio se colocó a un Emir o gobernador que actuaba como delegado del Califa musulmán, por entonces perteneciente a la dinastía Omeya, con capital en ciudad de Damasco.
Los musulmanes realizaron algunas incursiones por el norte de la Peninsula, pero fueron derrotados por los astures en Covadonga (722). También penetraron en suelo franco, donde ocuparon ciudades como Narbona, pero sufrieron un duro golpe ante el ejército de los francos en las proximidades de Poitiers (732). Esta batalla supuso el fin de la expansión árabe musulmana en Europa.
A mediados del siglo VIII tuvo lugar un hecho clave. La dinastía Omeya fue víctima de la revolución Abasí, familia que se adueñó del Califato. Un miembro de la familia derrotada logró escapar, refugiándose en Al-Andalus, donde, gracias a los apoyos que encontró, se proclamó emir. Se trataba de Abd-al-Rahman I (756-788), con quien comenzaba en Al-Andalus el período conocido como emirato independiente, debido a que acabó con la dependencia política de los califas abasíes, que habían establecido su sede en la ciudad de Bagdad. Al-Andalus siguió reconociendo al Califa Abasí como líder espiritual del mundo musulmán.
Abd-al-Rahman I fijó su capital en la ciudad de Córdoba e inició la tarea de construcción de un estado independiente en Al Andalus. Para ello necesitaba fundamentalmente tres cosas: un ejército, unos ingresos económicos, y sofocar las posibles revueltas de sus enemigos. El desafío al poder central de Córdoba fue una constante en las grandes familias nobles musulmanas asentadas en las diversas regiones de Al-Andalus.
El Califato de Córdoba (929-1031)
Un importante paso en el fortalecimiento de Al-Andalus se dio en el año 929, cuando el emir Abd-al-Rahman III (912-961) decidió proclamarse Califa, cargo en el que confluían el poder político y el religioso. “Nos parece oportuno que, en adelante, seamos llamado Príncipe de los Creyentes”, se escribía en una carta que el nuevo califa envió a sus gobernadores.
El Califa residía en el alcázar de Córdoba, situado junto a la gran mezquita. Unos años después de su autoproclamación, Abd-al-Rahman III ordenó construir, al oeste de la capital, la impresionante ciudad-palacio de Madinat al-Zahra, convertida en residencia califal y en el centro del poder político de Al-Andalus.
Almanzor y la crisis del Califato de Córdoba
En las últimas décadas del siglo X, Almanzor se hizo con el poder efectivo en Al-Andalus; ejercía el cargo de hachib, una especie de primer ministro. Mientras tanto, el califa de la época, Hisham II (976-1009), vivía recluido en el palacio de Madinat al-Zahra sin ejercer en lo más mínimo el poder político.
Almanzor, que basó su poder en el Ejército, integrado sobre todo por soldados beréberes, organizó terroríficas campañas contra los cristianos del norte peninsular. Su muerte en año 1002 inició el proceso de descomposición política (fitna) que llevó al fin del Califato en el 1031.
3.2. La crisis del siglo XI. Reinos de taifas e imperios norteafricanos.
En 1031 acabó el Califato de Córdoba y Al Andalus se desintegró en 30 reinos de taifas (en árabe banderías), ricos y cultos pero débiles militar y políticamente. Las disputas entre ellos eran frecuentes y debían pagar parias (tributos) a los reinos cristianos para no ser invadidos. En 1085 Alfonso VI de Castilla tomó Toledo y los reyezuelos taifas asustados pidieron ayuda a los Almorávides, bereberes integristas que hacían la yihad o guerra santa a los cristianos. Unificaron los reinos taifas desde 1086, pero su dominio se desintegró desde 1140 por el ataque de los Almohades surgiendo nuevas taifas. En 1147 cruzaron a la península los Almohades, aún más fanáticos. Su califa Abd-al-Mumin construyó un imperio en el norte de Africa, con capital en Rabat. Unificaron los reinos taifas, derrotando en Alarcos (1195) a los castellanos; pero fueron vencidos en las Navas de Tolosa (1212) ante una coalición cristiana dirigida por Alfonso VIII de Castilla. Tras la toma de Sevilla (1248) sólo quedó el reino taifa de Granada.
. La crisis del siglo XI: Los reinos de Taifas.
Al morir el dictador Almanzor (1002) el Califato de Córdoba entró en un periodo de decadencia, estallando una guerra civil, hasta que en 1031 desapareció. Surgieron unos 30 pequeños reinos de taifas (banderías). Se clasifican en tres grupos, según su composición étnica: taifas árabes (Zaragoza, Sevilla, Córdoba, Toledo, Badajoz, entre las más importantes), beréberes (Granada, Málaga) y eslavas (Murcia, Valencia). Eran muy débiles militar y políticamente, por lo que no pudieron impedir el avance de los reinos cristianos del Norte, a los que tuvieron que pagar fuertes tributos en oro (parias) para mantener su independencia. Por ello, los reyes aumentaron los impuestos a sus súbditos. Estos reinos eran muy brillantes cultural y artísticamente. Cuando el rey Alfonso VI de Castilla conquistó Toledo (1085) el reyezuelo taifa de Sevilla, asustado, pidió ayuda a los almorávides del Norte de África, que invadieron la península, unificando Al- Andalus y acabando con las taifas.
3.3. La organización económica y social.
La principal fuente de riqueza de Al Ándalus -el Estado musulmán en la Península durante la Edad Media era la agricultura, basada en la trilogía mediterránea (trigo, vid y olivo), que se cultivaban en grandes latifundios de secano; los musulmanes incorporaron nuevos cultivos (algodón, arroz, caña de azúcar, los cítricos?) y avanzadas técnicas de riego (norias y acequias). Las ciudades fueron marco de la industria textil (seda y lino) y de la artesanía especializada: Toledo era famosa por sus armas, Játiva por su papel, Málaga por su cerámica de reflejos metálicos, Granada por sus espadas y Córdoba por su rica orfebrería, repujados de cuero y objetos de cristal. También era muy importante el comercio. El exterior se benefició del uso de la moneda y de la posición privilegiada de Al Andalus entre Europa y África; se exportaban aceite, armas, tejidos? y se importaban productos de lujo de Oriente, especias y esclavos. El interior se realizaba alrededor del zoco o mercado.
La sociedad de Al Ándalus estaba dividida en diferentes grupos étnicos, religiosos y económicos:
La aristocracia árabe era propietaria de grandes latifundios en las mejores tierras y ocupaba los puestos clave en la administración; los bereberes eran campesinos o artesanos pobres y estaban marginados. Ambos eran musulmanes.
Los hispanovisigodos que vivían bajo dominio musulmán y que formaban la mayoría de la población se dividían en dos grupos: los muladíes convertidos al Islam y los mozárabes, minoría cristiana que pudo conservar su religión a cambio del pago de impuestos.
Los judíos, dedicados a los negocios mercantiles, residían en barrios diferenciados (juderías) y gozaron de consideración por su papel comercial y cultural.
Otros grupos minoritarios eran esclavos: los eslavos, que formaban parte del ejército mercenario y que llegaron a ocupar altos cargos y poseer riquezas, una vez libertos, y los negros.
3.4. El legado cultural. Al-Andalus: El pensamiento y las letras.
Al Andalus conoció un gran esplendor cultural en el siglo X (Califato de Córdoba), durante los reinados de Abd-al-Rahmán III y Al-Hakam II. Córdoba se convirtió en un atractivo centro cultural, donde se desarrollaron las ciencias -matemáticas, astronomía, botánica, medicina, historia- y la literatura, en especial la poesía, que cantaba el amor y la vida palaciega. Los eruditos, que se expresaban en lengua árabe, tradujeron obras de la ciencia griega, persa e india, que se divulgaron por Occidente a través de la España musulmana.
El periodo de los reinos de taifas, en el siglo XI, fue la edad de oro de la cultura andalusí, pese al declive político. Los principales reyezuelos rivalizaron como mecenas artísticos, en un clima de gran libertad intelectual. La corte de Sevilla fue famosa por sus poetas, como Ibn Zaydun y el propio rey Almotamid. El poeta y erudito cordobés Ibn Hazm escribió El collar de la paloma, un importante tratado sobre el amor.
Las invasiones norteafricanas de almorávides y almohades, con su fanatismo e intolerancia religiosa, provocaron el exilio de muchos intelectuales como los tres grandes de la filosofía y la medicina del siglo XII: Avempace, Averroes y el judío Maimónides, que trataron de conciliar la filosofía de Aristóteles con sus respectivas creencias y ejercieron enorme influencia en Europa.
El reino nazarita de Granada conoció durante los siglos XIV y XV un gran esplendor cultural. Destacan el historiador Ibn Jaldun y el poeta Ibn Zamrak, cuyos poemas decoran la Alhambra.
3.5. La mezquita y el palacio en el arte hispano-musulmán.
Aunque la arquitectura andalusí se asentó sobre la tradición romano-visigoda y aportó los elementos más típicos del mundo islámico: arcos, cubiertas y la rica ornamentación basada en motivos geométricos, vegetales y epigráficos.
La gran mezquita de Córdoba es la obra emblemática de al-Ándalus. Su construcción comenzó a mediados del siglo VIII, en tiempos del emir Abd-al-Rahman I, y más tarde sería objeto de sucesivas ampliaciones. Las partes más brillantes datan del siglo X, sobre todo de tiempos del califa al-Hakam II, en cuya época se construyó el espectacularmihrab, caracterizado por la riqueza de los materiales empleados (en particular, los mármoles), por la original solución constructiva de las originales bóvedas de nervios y, finalmente, por la impresionante fantasía decorativa que lo acompaña.
Muy importante fue, asimismo, la impresionante ciudad-palacio de Madinat al-Zahra, edificada en tiempos de Abd-al-Rahman III. Para su construcción se trajeron materiales de diversos lugares, como el norte de África, de donde procedía el mármol. Madinat al-Zahra albergaba, en su parte superior, una serie de palacios; en la zona media, jardines y vergeles, y en la parte inferior, la mezquita mayor y las viviendas de los servidores de palacio. Desafortunadamente, durante la guerra civil que precedió a la desaparición del califato, Madinat al-Zahra fue destruida.
También hay buenos ejemplos del arte musulmán fuera de Córdoba, como la mezquita toledana de Bib al-Mardom, posteriormente convertida en la iglesia del Cristo de la Luz.
Otros ejemplos esenciales de la arquitectura en Al-Ándalus son el Palacio de la Alfajeríaen Zaragoza, del período almorávide, la torre de la Giralda en Sevilla, de tiempos almohades, y sobre todo, el palacio granadino de la Alhambra, obra cumbre de los nazaríes. Exponente de la potencia económica y el brillo cultural del reino nazarí es un recinto fortificado que reúne en un mismo conjunto, un palacio oficial con funciones administrativas, un palacio privado, la residencia del monarca y amplias zonas de ocio. La Alhambra sobresale por su fantasía ornamental así como la conjunción entre arquitectura y entorno natural.
domingo, 18 de septiembre de 2011
CUESTIONES BLOQUE I
CUESTIONES.
1.1 El proceso de hominización en la Península Ibérica: Nuevos hallazgos.
El proceso de hominización se inició en África. De allí salió hace 1,5 millones años la especie homo ergaster ("hombre trabajador") que se extendió por O. Próximo, Asia y Europa. En la Gran Dolina de la sierra de Atapuerca (Burgos) se hallaron en 1994 los restos fósiles más antiguos de Europa (de hace unos 800.000 años). Se trataba de cráneos y mandíbulas de seis individuos- dos adultos y cuatro niños- pertenecientes a una nueva especie del género Homo, el homo antecessor ("hombre predecesor). Eran altos y fuertes y practicaban el canibalismo.
En la Sima de los Huesos del yacimiento de Atapuerca se han encontrado esqueletos completos de 32 individuos de hace unos 300.000 años, clasificados como preneanderthales. El homo sapiens de Neanderthal en la Península durante el Paleolítico Medio (100.000- 35.000 a.C). Era muy robusto, conocía el fuego, hacía útiles elaborados y enterraba a los muertos. Se extinguió hace unos 25.000 años por causas desconocidas. Se han hallado restos en Santander (Cueva Morin),Granada, Málaga y recientemente en Gibraltar los que quizá sean los últimos neandertales
El homo sapiens sapiens o de Cro-Magnon, nueva especie de procedencia africana con rasgos físicos semejantes a los actuales, llegó a la Península hace unos 40.000 años y convivió con el Neanderthal. Hacía arcos y flechas, útiles de hueso y pinturas rupestres. El hombre actual desciende genéticamente de él.
1.2. La pueblos prerromanos.
Entre los siglos V y III a. de C, la Península Ibérica era un mosaico de pueblos que vivían en la Edad del Hierro o Protohistoria. Se agrupaban en dos grandes áreas culturales:
a) Pueblos ibéricos (sur y levante): mostraban influencia cultural de fenicios y griegos. Hablaban la misma lengua y conocían la escritura. Su economía era agropecuaria pero también realizaban actividades comerciales y usaban moneda. Se organizaban políticamente en ciudades-estado, bajo el gobierno de reyezuelos (régulos) o asambleas. Sus poblados amurallados se situaban en lugares elevados. La sociedad estaba jerarquizada, comprendiendo desde la aristocracia hasta los esclavos; había relaciones de carácter personal (como la "devotio ibérica". Su arte era importante -Damas de Elche y de Baza- la cerámica..).
b) Pueblos celtas (norte, centro, oeste): eran de origen indoeuropeo y estaban más atrasados que los iberos. Los del centro y oeste (vacceos, vetones, carpetanos, lusitanos) tenían una economía agrícola o ganadera, con escaso comercio y no usaban moneda; la sociedad estaba organizaba en tribus, agrupadas por parentesco en clanes y gobernadas por una aristocracia guerrera, elegida según el prestigio personal. Los pueblos del norte (galaicos, astures, cántabros, vascones) eran los más atrasados debido a su aislamiento geográfico. Eran ganaderos y pescadores; sus poblados (castros) estaban fuertemente amurallados. Los celtíberos de la zona centro-oriental de la meseta eran indígenas que habían asimilado la cultura celta.
1.3. Las colonizaciones históricas: Fenicios, griegos y cartagineses.
En el primer milenio a. C llegaron a la Península estos tres pueblos colonizadores. Buscaban comerciar con los indígenas para obtener metales (cobre, oro, plata, estaño) y otros productos. Aportaron nuevos modos de vida.
Los fenicios establecieron enclaves comerciales en Gadir (Cádiz) - fundada hacia 800 a. C-, Malaka (Malaga), Sexi (Almuñécar) y Abdera (Adra). Introdujeron la vid, el cerdo,tejidos de púrpura, el torno del alfarero, salinas, salazones y el alfabeto. Los griegos, sus rivales comerciales, llegaron hacia el siglo VI a.C. Desde Massalia (Marsella), fundaron colonias: Rhode (Rosas) y Emporion (Ampurias); Mainake (en Málaga) y Hemeroskopeion (Denia). Trajeron el olivo, el asno, la gallina, la moneda, obras de arte y las vocales del alfabeto. Ambos comerciaron con el misterioso Tartessos. Los cartagineses, procedentes de la colonia fenicia del norte de África, llegaron en el siglo VI a.C. Tras expulsar a los griegos, se enfrentaron a Roma en las Guerras púnicas por el control del Mediterráneo occidental. Querían conseguir metales, bases territoriales y mercenarios para su ejército. Fundaron Ebussus (Ibiza) y Cartago Nova (Cartagena), su capital.
1.4. Etapas de la conquista de la Península por Roma.
En el siglo III a. C. Roma y Cártago pugnaban por el Mediterráneo Occidental. En el 219 a.C. Aníbal, militar cartaginés, atacó Sagunto (aliada de Roma). Los romanos consideraron roto el Tratado del Ebro iniciándose la II Guerra Púnica (218-206a.C) y la ocupación romana de la península. Etapas:
1ª) ocupación del litoral mediterráneo y los valles del Guadalquivir y Ebro (218-170 a.C.). En el 218 desembarcan en Ampurias. En el 209 Escipión el Africano, toma Cartago Nova y en el 206 Gades. Los abusos tributarios causan revueltas indígenas que son sofocadas con dureza por el cónsul Catón.
2ª) penetración en la Meseta (154-133 a. de C). Hallaron gran resistencia indígena: guerras lusitanas, dirigidas por Viriato usando táctica de guerrillas, asesinado por orden de Roma y guerras celtibéricas, con la heroica resistencia de Numancia, asediada por Escipión Emiliano hasta su rendición en el 133. Excepto por la conquista de Baleares en el 123, las guerras civiles en Roma frenan el avance.
3ª) las guerras cántabro-astures (29-19 a. de C): la resistencia de estos atrasados indígenas fué tan fuerte que obligó a Augusto a acudir en persona. Finalmente fueron sometidos a esclavitud en las minas .
1.5. El proceso de romanización: el legado cultural.
Llamamos romanización al proceso de asimilación de las estructuras económicas, sociales, políticas, jurídicas y culturales del Imperio romano por los pueblos conquistados. En ella podemos distinguir varios aspectos:
El latín se impuso como lengua común, el derecho romano (leyes, concepción del estado...), la religión politeísta romana (Júpiter, Saturno…) y, posteriormente, en el siglo I el cristianismo. La estancia de las legiones es otro punto fundamental en el proceso. La romanización fue intensa en el levante y sur, escasa y tardía en el norte.
El proceso de romanización llegó a su máxima expresión con la extensión de la ciudadanía romana a todos los habitantes libres del Imperio (Caracalla, s.III dC.)
. El legado cultural de los romanos es enorme: los nombres de Hispania y de las provincias romanas, ciudades (como Emérita Augusta, Tarraco, Legio o Hispalis), que se llenaron de monumentos, como el acueducto de Segovia, el arco de Bará, los teatros de Mérida y Sagunto, el anfiteatro de Itálica, las murallas de Lugo, el puente de Alcántara, etc. Hispania fue cuna de emperadores (Adriano, Trajano, Teodosio) e intelectuales (el filósofo Séneca, los escritores Marcial y Quintiliano, el geógrafo Mela, el historiador Lucano, el agrónomo Columela).
La monarquía visigoda: Las instituciones
Los visigodos eran un pueblo germánico que llegaron en el año 411 como federados de los romanos para expulsar a suevos, vándalos y alanos que habían invadido Hispania en el 409. Al caer el Imperio romano de Occidente (476) y tras ser derrotados por los francos en Vouillé (507), establecieron un reino visigodo en la Península con capital en Toledo. Leovigildo conquistó el reino suevo (585) y Suintila expulsó a los bizantinos; pero no lograron someter a los vascones. Recaredo logró la unificación religiosa al convertirse al catolicismo en el III Concilio de Toledo (589) y Recesvinto unificó la legislación visigoda y romana en el Liber Iudiciorum o Fuero Juzgo (654).
El reino visigodo fue el primer Estado político independiente y unificado de la Península. La monarquía era muy débil por ser electiva. Entre sus instituciones destacan: 1.- El Aula Regia: asamblea consultiva formada por la alta nobleza y colaboradores del rey. 2.- El Officium Palatinum, núcleo del Aula Regia con personas de confianza real. 3.- Los Concilios de Toledo, asambleas en principio religiosas y luego políticas, integradas por el rey, la Iglesia y la nobleza.
1.1 El proceso de hominización en la Península Ibérica: Nuevos hallazgos.
El proceso de hominización se inició en África. De allí salió hace 1,5 millones años la especie homo ergaster ("hombre trabajador") que se extendió por O. Próximo, Asia y Europa. En la Gran Dolina de la sierra de Atapuerca (Burgos) se hallaron en 1994 los restos fósiles más antiguos de Europa (de hace unos 800.000 años). Se trataba de cráneos y mandíbulas de seis individuos- dos adultos y cuatro niños- pertenecientes a una nueva especie del género Homo, el homo antecessor ("hombre predecesor). Eran altos y fuertes y practicaban el canibalismo.
En la Sima de los Huesos del yacimiento de Atapuerca se han encontrado esqueletos completos de 32 individuos de hace unos 300.000 años, clasificados como preneanderthales. El homo sapiens de Neanderthal en la Península durante el Paleolítico Medio (100.000- 35.000 a.C). Era muy robusto, conocía el fuego, hacía útiles elaborados y enterraba a los muertos. Se extinguió hace unos 25.000 años por causas desconocidas. Se han hallado restos en Santander (Cueva Morin),Granada, Málaga y recientemente en Gibraltar los que quizá sean los últimos neandertales
El homo sapiens sapiens o de Cro-Magnon, nueva especie de procedencia africana con rasgos físicos semejantes a los actuales, llegó a la Península hace unos 40.000 años y convivió con el Neanderthal. Hacía arcos y flechas, útiles de hueso y pinturas rupestres. El hombre actual desciende genéticamente de él.
1.2. La pueblos prerromanos.
Entre los siglos V y III a. de C, la Península Ibérica era un mosaico de pueblos que vivían en la Edad del Hierro o Protohistoria. Se agrupaban en dos grandes áreas culturales:
a) Pueblos ibéricos (sur y levante): mostraban influencia cultural de fenicios y griegos. Hablaban la misma lengua y conocían la escritura. Su economía era agropecuaria pero también realizaban actividades comerciales y usaban moneda. Se organizaban políticamente en ciudades-estado, bajo el gobierno de reyezuelos (régulos) o asambleas. Sus poblados amurallados se situaban en lugares elevados. La sociedad estaba jerarquizada, comprendiendo desde la aristocracia hasta los esclavos; había relaciones de carácter personal (como la "devotio ibérica". Su arte era importante -Damas de Elche y de Baza- la cerámica..).
b) Pueblos celtas (norte, centro, oeste): eran de origen indoeuropeo y estaban más atrasados que los iberos. Los del centro y oeste (vacceos, vetones, carpetanos, lusitanos) tenían una economía agrícola o ganadera, con escaso comercio y no usaban moneda; la sociedad estaba organizaba en tribus, agrupadas por parentesco en clanes y gobernadas por una aristocracia guerrera, elegida según el prestigio personal. Los pueblos del norte (galaicos, astures, cántabros, vascones) eran los más atrasados debido a su aislamiento geográfico. Eran ganaderos y pescadores; sus poblados (castros) estaban fuertemente amurallados. Los celtíberos de la zona centro-oriental de la meseta eran indígenas que habían asimilado la cultura celta.
1.3. Las colonizaciones históricas: Fenicios, griegos y cartagineses.
En el primer milenio a. C llegaron a la Península estos tres pueblos colonizadores. Buscaban comerciar con los indígenas para obtener metales (cobre, oro, plata, estaño) y otros productos. Aportaron nuevos modos de vida.
Los fenicios establecieron enclaves comerciales en Gadir (Cádiz) - fundada hacia 800 a. C-, Malaka (Malaga), Sexi (Almuñécar) y Abdera (Adra). Introdujeron la vid, el cerdo,tejidos de púrpura, el torno del alfarero, salinas, salazones y el alfabeto. Los griegos, sus rivales comerciales, llegaron hacia el siglo VI a.C. Desde Massalia (Marsella), fundaron colonias: Rhode (Rosas) y Emporion (Ampurias); Mainake (en Málaga) y Hemeroskopeion (Denia). Trajeron el olivo, el asno, la gallina, la moneda, obras de arte y las vocales del alfabeto. Ambos comerciaron con el misterioso Tartessos. Los cartagineses, procedentes de la colonia fenicia del norte de África, llegaron en el siglo VI a.C. Tras expulsar a los griegos, se enfrentaron a Roma en las Guerras púnicas por el control del Mediterráneo occidental. Querían conseguir metales, bases territoriales y mercenarios para su ejército. Fundaron Ebussus (Ibiza) y Cartago Nova (Cartagena), su capital.
1.4. Etapas de la conquista de la Península por Roma.
En el siglo III a. C. Roma y Cártago pugnaban por el Mediterráneo Occidental. En el 219 a.C. Aníbal, militar cartaginés, atacó Sagunto (aliada de Roma). Los romanos consideraron roto el Tratado del Ebro iniciándose la II Guerra Púnica (218-206a.C) y la ocupación romana de la península. Etapas:
1ª) ocupación del litoral mediterráneo y los valles del Guadalquivir y Ebro (218-170 a.C.). En el 218 desembarcan en Ampurias. En el 209 Escipión el Africano, toma Cartago Nova y en el 206 Gades. Los abusos tributarios causan revueltas indígenas que son sofocadas con dureza por el cónsul Catón.
2ª) penetración en la Meseta (154-133 a. de C). Hallaron gran resistencia indígena: guerras lusitanas, dirigidas por Viriato usando táctica de guerrillas, asesinado por orden de Roma y guerras celtibéricas, con la heroica resistencia de Numancia, asediada por Escipión Emiliano hasta su rendición en el 133. Excepto por la conquista de Baleares en el 123, las guerras civiles en Roma frenan el avance.
3ª) las guerras cántabro-astures (29-19 a. de C): la resistencia de estos atrasados indígenas fué tan fuerte que obligó a Augusto a acudir en persona. Finalmente fueron sometidos a esclavitud en las minas .
1.5. El proceso de romanización: el legado cultural.
Llamamos romanización al proceso de asimilación de las estructuras económicas, sociales, políticas, jurídicas y culturales del Imperio romano por los pueblos conquistados. En ella podemos distinguir varios aspectos:
El latín se impuso como lengua común, el derecho romano (leyes, concepción del estado...), la religión politeísta romana (Júpiter, Saturno…) y, posteriormente, en el siglo I el cristianismo. La estancia de las legiones es otro punto fundamental en el proceso. La romanización fue intensa en el levante y sur, escasa y tardía en el norte.
El proceso de romanización llegó a su máxima expresión con la extensión de la ciudadanía romana a todos los habitantes libres del Imperio (Caracalla, s.III dC.)
. El legado cultural de los romanos es enorme: los nombres de Hispania y de las provincias romanas, ciudades (como Emérita Augusta, Tarraco, Legio o Hispalis), que se llenaron de monumentos, como el acueducto de Segovia, el arco de Bará, los teatros de Mérida y Sagunto, el anfiteatro de Itálica, las murallas de Lugo, el puente de Alcántara, etc. Hispania fue cuna de emperadores (Adriano, Trajano, Teodosio) e intelectuales (el filósofo Séneca, los escritores Marcial y Quintiliano, el geógrafo Mela, el historiador Lucano, el agrónomo Columela).
La monarquía visigoda: Las instituciones
Los visigodos eran un pueblo germánico que llegaron en el año 411 como federados de los romanos para expulsar a suevos, vándalos y alanos que habían invadido Hispania en el 409. Al caer el Imperio romano de Occidente (476) y tras ser derrotados por los francos en Vouillé (507), establecieron un reino visigodo en la Península con capital en Toledo. Leovigildo conquistó el reino suevo (585) y Suintila expulsó a los bizantinos; pero no lograron someter a los vascones. Recaredo logró la unificación religiosa al convertirse al catolicismo en el III Concilio de Toledo (589) y Recesvinto unificó la legislación visigoda y romana en el Liber Iudiciorum o Fuero Juzgo (654).
El reino visigodo fue el primer Estado político independiente y unificado de la Península. La monarquía era muy débil por ser electiva. Entre sus instituciones destacan: 1.- El Aula Regia: asamblea consultiva formada por la alta nobleza y colaboradores del rey. 2.- El Officium Palatinum, núcleo del Aula Regia con personas de confianza real. 3.- Los Concilios de Toledo, asambleas en principio religiosas y luego políticas, integradas por el rey, la Iglesia y la nobleza.
domingo, 15 de mayo de 2011
LA TRANSICIÓN
La Transición a la Democracia (1976/1982)
1.- LA TRANSICIÓN POLÍTICA
Rasgos definidores
Mientras en los años 60 y 70 se estaban produciendo vertiginosos cambios en la sociedad española, el régimen de Franco permanecía estático en lo fundamental; una estructura política fosilizada convivía con una sociedad dinámica:
La población se concentra en las ciudades: cada vez tienen más peso las clases medias y los obreros industriales.
Se producen cambios en las formas de vida y los comportamientos sociales: progresiva incorporación de la mujer al trabajo.
Se va formando una nueva escala de valores de carácter más abierto y menos influida por la cultura religiosa: ideas, modas, música, costumbres..
Se diversifican los medios de comunicación con la aparición de nuevos medios, especialmente con la televisión, una ventana abierta al exterior de España.
El acceso a la educación de amplias capas sociales contribuyó al cambio de mentalidad.
Irrumpen generaciones que no han vivido la guerra civil y que miran al futuro.
Aparecen fisuras en los pilares del régimen: en especial en la Iglesia y el ejército con la aparición de la UMD.
Se quiebra el sistema de relaciones laborales: el sindicato vertical deja de controlar el movimiento obrero.
Las dos dictaduras de la Europa no comunista caen en 1974: Portugal y Grecia.
El fin de un modelo económico agotado: crisis del petróleo a partir de 1973.
En esta situación se produce la muerte de Franco, cuyas Leyes Fundamentales preveían la continuidad del régimen en forma de monarquía no democrática. Sin embargo, los protagonistas de la política de los primeros años del reinado de Juan Carlos I, pronto dieron muestras de querer adecuar la situación política a los cambios sociales que se habían producido, más todavía dada la necesidad de la economía española de integrarse en las comunidades europeas ante la situación a la que se había llegado como consecuencia de la crisis de 1973.
Todo ello condujo a la transición a la democracia partiendo de la estructura jurídica del franquismo, aprobando una nueva Ley Fundamental que derogaba otras y que va a permitir abrir en España un proceso constituyente que nos lleve un sistema democrático homologable en Europa, tal como pedían las conclusiones de Munich de 1962 (“Contubernio de Munich”).
Características: protagonistas colectivos e individuales – contexto internacional
Aunque hubo una cierta, pero limitada movilización popular, mayor en las zonas en las que se pedían libertades nacionales, y de que la oposición al franquismo se movilizó en petición de una ruptura al régimen franquista creando dos plataformas que se agruparon alrededor del PSOE y PCE1 y que acabarán fusionándose en la Platajunta2 de 1976, la transición fue impulsada desde el poder, ya que se piensa que el régimen era insostenible, que la monarquía para afianzarse necesitaba democratizarse y, sobre todo, por el callejón sin salida a que ha llegado la economía española tras la crisis de 1973, que había agotado el modelo de crecimiento económico y necesitaba de un nuevo impulso que solo podía venir de nuestra integración en Europa, siendo necesario para ello que España se convirtiese en una democracia homologable.
Estas circunstancias hicieron que los principales protagonistas de la transición fueran el Rey (nombrado su sucesor por Franco), Torcuato Fernández Miranda (presidente de las cortes franquistas) y Adolfo Suárez, nombrado presidente del gobierno por el Rey y cuya carrera política la había hecho en el Movimiento Nacional (Vicesecretario General del Movimiento y Ministro Secretario General del Movimiento en el gobierno de Arias Navarro).
La transición se vio favorecida por la crisis final del franquismo que enfrentaba a los partidarios del régimen en dos sectores irreconciliables, sobre todo tras el asesinato de Carrero Blanco: reformistas y “bunker”. Coincidió además con un proceso de avance de las democracias y caída de las dictaduras que quedaban en Europa Occidental con la desaparición del gobierno de los Coroneles en Grecia y de los Salazar en Portugal, el avance de la democracia en América Latina y después en Europa del Este.
Acontecimientos significativos:
El 20 de noviembre de 1975 muere, después de una larga agonía, Franco. Semanas antes (27 de septiembre) habían sido ejecutados 5 miembros de ETA y del FRAP. Por si no fuera suficiente, en el Sahara, la “Marcha Verde” organizada por Marruecos situó al país al, borde de la guerra. El desgobierno de los últimos meses, provocado por la incertidumbre del futuro después de la muerte de Franco, acentuó los problemas.
NOTAS:
1 En junio de 1956 el PCE diseña su política de "Reconciliación Nacional" que será fundamental para integrar a este partido en la política de la Transición.
2 Coordinación Democrática o Platajunta fue un organismo unitario creado el 26 de marzo de 1976, fruto de la fusión de la Junta Democrática de España (establecida en 1974 por el PCE y con la adhesión gradual de CCOO, PSP, PTE, ASA e independientes) con el organismo rival, Plataforma de Convergencia Democrática (establecida en 1975 por el PSOE, Movimiento Comunista, democristianos y socialdemócratas). Sus objetivos eran la amnistía, la libertad de asociación política y la convocatoria de elecciones a Cortes Constituyentes.
De todas las maneras, tan pronto murió Franco, se cumplieron las previsiones sucesorias y el Príncipe Juan Carlos juró como rey el 22 de noviembre de 1975. En este momento la monarquía significaba la continuidad del régimen, pero el Rey parecía decidido a abrir una nueva etapa.
De la muerte de Franco a las elecciones de junio de 1977: El primer gobierno de la monarquía continuó presidido por Arias Navarro, aunque con innovaciones importantes:
1. Fraga en Gobernación, Areilza en Asuntos Exteriores y Garrigues en Justicia. Todos partidarios de un cambio, aunque moderado de la política española. Además eran personas muy relacionadas con la empresa y sus deseos de reforma expresaba la necesidad de llevarlas a cabo para salir de la difícil situación económica (crisis de 1973). Así mismo, el nombramiento como presidente de las Cortes de Torcuato Fernández Miranda, consejero del Rey, hombre hábil y profundo conocedor de las leyes franquistas, fue también de gran importancia.
Este equipo inició una cierta reforma política que Arias calificó de “democracia a la española”. Con todo, dos fuerzas antagónicas acelerarán los cambios:
.
La sociedad demostró un vigor extraordinario en la demanda de libertades.
• La oposición, la Junta Democrática liderada por el PCE y la Plataforma de Convergencia Democrática liderada por el PSOE, se unificó el 4 de abril de 1976 en un solo organismo: Coordinación Democrática (“Platajunta”) que definió como programa para la “ruptura democrática”: legalización de los partidos, amnistía, estatutos de autonomía, libertades políticas y personales…
Durante los primeros meses del año 1976 se producen una serie de manifestaciones en las principales ciudades españolas (sobre todo Barcelona y Madrid) dando apoyo a estas peticiones. Comisiones Obreras organizó huelgas. En Barcelona en febrero de 1976 una manifestación de 100.000 personas pedía “libertad, amnistía y estatuto de autonomía”.
En Vitoria, la muerte de 5 personas en una manifestación provocó una huelga general.
Los conflictos en la Universidad eran continuos.
Por otra parte el “bunker” volvió a manifestar su intención de no permitir la más leve desviación de la ortodoxia franquista. Los numerosos órganos de poder que controlaba la extrema derecha, su peso en el ejército y el miedo a que un aumento de la tensión en la calle acabase de retraer a una buena parte de la población, hizo ver a amplios sectores de la oposición la dificultad de los cambios.
Ante esta situación se abrió camino una oposición más posibilista. El PCE, el PSOE y los demócrata-cristianos aceptaron una ampliación del frente político con la inclusión de algunos grupos de centro y centro-derecha, con el fin de llevar a cabo una reforma pactada, aislando al aparato franquista.
La dimisión de Arias, el 1 de julio de 1976, permitió al Rey el nombramiento de un nuevo Presidente del gobierno, Adolfo Suárez, que al principio suscitó la desconfianza de todas las fuerzas democráticas. Pero Suárez expresó bien pronto sus intenciones:
“Los gobiernos del futuro serán el resultado de la voluntad de la mayoría de los españoles”.
El Presidente Adolfo Suárez consiguió que las Cortes franquistas aceptasen una ley de reforma política (noviembre de 1976), que fue aprobada mediante referéndum en diciembre de 1976 y que significara la convocatoria de Cortes Constituyentes. Durante el invierno y la primavera de 1977, Suárez legalizó los partidos políticos (el PSOE en diciembre de 1976, el PCE en abril de 1977) y los sindicatos. Finalmente pactó con la oposición las condiciones de una nueva ley electoral que permitía convocar elecciones; la fecha fue fijada para junio de 1977.
La legislatura constituyente: El 15 de junio de 1977, 18 millones de españoles, el 80% del censo, acudieron a las urnas. A pesar del improvisado censo (lleno de errores) y de
40 años de ausencia de la democracia, la votación fue multitudinaria y constituyó un acontecimiento histórico. Millones de españoles concurrían por primera vez a las urnas, para dotarse en uso de su soberanía, de un gobierno legítimo.
El triunfo fue para el partido de centro derecha liderado por el mismo Suárez, la Unión de Centro Democrático (UCD) que consiguió el 34 % de los votos; el PSOE el 29%, lo que demostraba que la izquierda tenía un gran apoyo. Del resto de las fuerzas, sólo el
PCE (con el 9.5%) y la derecha con Alianza Popular (con el 8%) tuvieron porcentajes significativos. Un caso aparte fueron las fuerzas nacionalistas, que tanto en Cataluña como en el País Vasco obtuvieron cifras importantes que anunciaban los resultados de las posteriores elecciones autonómicas.
El gobierno de la UCD y las Cortes surgidas de estas elecciones se enfrentaron con una serie de tareas históricas: por una parte, dotar al país de una Constitución y de unas leyes que permitiesen el asentamiento de la democracia; por otro lado, realizar una política económica que hiciese frente a una crisis que en 1977 ya era alarmante. Por último, también se había de hacer frente a una descentralización del Estado para dar solución a las aspiraciones autonomistas de nacionalidades y regiones. Para llevar adelante estas tareas se consiguió un consenso político, es decir, un acuerdo entre las fuerzas políticas parlamentarias para establecer unos mínimos aceptables para todos y corresponsabilizarse de esta manera en la defensa del nuevo sistema.
Constitución de 1978
Fruto de este acuerdo es la redacción de una constitución que proclama la soberanía nacional, acepta las autonomías, abole la pena de muerte (excepto en caso de guerra) y garantiza todas las libertades clásicas. Se trata de una constitución que puede ser aplicada tanto por la derecha como por la izquierda, ya que es poco concreta y sus artículos se refieren a muchas leyes posteriores. Fue aprobada en referéndum por amplia mayoría el 6 de diciembre de 1978. Así mismo se decretó una amnistía total, que permitió la vuelta de numerosos exiliados. En febrero de 1978 se convocaron elecciones sindicales libres y se emprendieron reformas urgentes en la legislación vigente.
Por lo que se refiere a la economía se firmaron el 27 de octubre de 1977 los llamados Pactos de la Moncloa, que era un ambicioso proyecto para luchar contra el paro, reactivar la inversión, frenar la inflación (que era del 14%) y garantizar un límite de un 15 % para los aumentos salariales. Las medidas económicas no consiguieron frenar el paro (situado en un millón de trabajadores) ni parar la inflación.
La consecución de las autonomías: en las nacionalidades históricas (sobre todo en Cataluña y el País Vasco) el paso hacia la democracia iba indisolublemente ligado a la recuperación de la autonomía. La mayoría de los partidos políticos de la oposición habían introducido en su programa la reivindicación de estatutos. Después de las elecciones de 1977 se evidenció que era imposible llegar a un clima de normalidad política y social en estas nacionalidades si antes no se resolvía la cuestión autonómica.
La manifestación del 11 de septiembre de un millón de personas en Barcelona y las de octubre en Bilbao así lo dejaron de manifiesto. El gobierno de Suárez, que ya había establecido contactos con el presidente de la Generalitat en el exilio Joseph Tarradellas, aprobó a finales de septiembre el establecimiento de una Generalitat
Provisional y el nombramiento de Tarradellas como President. Tarradellas llegó a Barcelona a finales de octubre de 1977 y formó un gobierno de concentración de todas las fuerzas políticas catalanas. En el País Vasco, en noviembre se reconoció la preautonomía vasca y se constituyó el Consejo General Vasco, con la participación de la mayoría de las fuerzas políticas vascas.
Los sentimientos autonomistas no quedaron restringidos a las nacionalidades históricas y a finales de 1977 las manifestaciones proautonómicas se extendieron por toda España.
Como resultado de esto se aprobaron organismos pre-autonómicos en Galicia,
Andalucía, Aragón, Baleares, Extremadura y Castilla-León. El Estado español se iba configurando como un “Estado de las autonomías”.
Se había dotado al país de un marco político y se había superado la parte más difícil de la transición; la democracia se había asentado en España. En este contexto y acabada su tarea, las Cortes Constituyentes se disolvieron para convocar nuevas elecciones (1 de marzo de 1979) que diesen paso a un periodo de normalidad legislativa.
2.- LA DEMOCRACIA HASTA 1982
Último gobierno de Suárez:
En esta etapa se rompe el consenso anterior que había permitido aprobar la constitución y los Pactos de la Moncloa.
En las elecciones del 1 de marzo del 79 los resultados fueron parecidos a las anteriores.
El 3 de marzo se convocaron las primeras elecciones municipales que dieron al PSOE con el apoyo del PCE las principales alcaldías del país.
Se iniciaba un periodo marcado por dos hechos:
Por una parte los partidos democráticos, con la ayuda de diversos sectores de la UCD, intentan apartar a Adolfo Suárez de la presidencia; por otra, la extrema derecha, el bunker, intenta abortar la democracia. Las graves divisiones dentro de la UCD dieron la sensación de inestabilidad que fue aprovechada por la extrema derecha para llevar a cabo la intentona más importante para impedir el desarrollo democrático: el 23 de febrero de 1981.
La inestabilidad que creaba el acoso a Adolfo Suárez (moción de censura del PSOE en abril de 1980) y la propia crisis de la UCD, unido a la conspiración militar, conducen a
Suárez a presentar la dimisión el 29 de enero de 1981. Esta situación fue aprovechada por los golpistas el 23-F.
Gobierno Calvo Sotelo:
La etapa posterior al 23-F transcurrió bajo el síndrome de sus efectos. Leopoldo Calvo
Sotelo fue investido Presidente, pero fue incapaz de parar la desintegración de la UCD, lo que le condujo a convocar elecciones para octubre de 1982.
Una de las decisiones más controvertidas de Leopoldo Calvo Sotelo fue el ingreso de
España en la OTAN, mediante una decisión parlamentaria, lo que provocó una fuerte movilización de socialistas y comunistas en la calle para exigir un referéndum.
El triunfo del PSOE:
Para muchos este hecho pone fin a la transición, pues supone la llegada al poder de un partido que perdió la guerra civil, así como un relevo generacional al situar al frente de
las instituciones a gentes no vinculadas al régimen anterior.
El nuevo gobierno presidido por Felipe González orientó sus esfuerzos a la consecución
de una España más moderna y más integrada en la comunidad internacional con una
política pragmática que tenía por objetivo la ocupación del centro político.
1.- LA TRANSICIÓN POLÍTICA
Rasgos definidores
Mientras en los años 60 y 70 se estaban produciendo vertiginosos cambios en la sociedad española, el régimen de Franco permanecía estático en lo fundamental; una estructura política fosilizada convivía con una sociedad dinámica:
La población se concentra en las ciudades: cada vez tienen más peso las clases medias y los obreros industriales.
Se producen cambios en las formas de vida y los comportamientos sociales: progresiva incorporación de la mujer al trabajo.
Se va formando una nueva escala de valores de carácter más abierto y menos influida por la cultura religiosa: ideas, modas, música, costumbres..
Se diversifican los medios de comunicación con la aparición de nuevos medios, especialmente con la televisión, una ventana abierta al exterior de España.
El acceso a la educación de amplias capas sociales contribuyó al cambio de mentalidad.
Irrumpen generaciones que no han vivido la guerra civil y que miran al futuro.
Aparecen fisuras en los pilares del régimen: en especial en la Iglesia y el ejército con la aparición de la UMD.
Se quiebra el sistema de relaciones laborales: el sindicato vertical deja de controlar el movimiento obrero.
Las dos dictaduras de la Europa no comunista caen en 1974: Portugal y Grecia.
El fin de un modelo económico agotado: crisis del petróleo a partir de 1973.
En esta situación se produce la muerte de Franco, cuyas Leyes Fundamentales preveían la continuidad del régimen en forma de monarquía no democrática. Sin embargo, los protagonistas de la política de los primeros años del reinado de Juan Carlos I, pronto dieron muestras de querer adecuar la situación política a los cambios sociales que se habían producido, más todavía dada la necesidad de la economía española de integrarse en las comunidades europeas ante la situación a la que se había llegado como consecuencia de la crisis de 1973.
Todo ello condujo a la transición a la democracia partiendo de la estructura jurídica del franquismo, aprobando una nueva Ley Fundamental que derogaba otras y que va a permitir abrir en España un proceso constituyente que nos lleve un sistema democrático homologable en Europa, tal como pedían las conclusiones de Munich de 1962 (“Contubernio de Munich”).
Características: protagonistas colectivos e individuales – contexto internacional
Aunque hubo una cierta, pero limitada movilización popular, mayor en las zonas en las que se pedían libertades nacionales, y de que la oposición al franquismo se movilizó en petición de una ruptura al régimen franquista creando dos plataformas que se agruparon alrededor del PSOE y PCE1 y que acabarán fusionándose en la Platajunta2 de 1976, la transición fue impulsada desde el poder, ya que se piensa que el régimen era insostenible, que la monarquía para afianzarse necesitaba democratizarse y, sobre todo, por el callejón sin salida a que ha llegado la economía española tras la crisis de 1973, que había agotado el modelo de crecimiento económico y necesitaba de un nuevo impulso que solo podía venir de nuestra integración en Europa, siendo necesario para ello que España se convirtiese en una democracia homologable.
Estas circunstancias hicieron que los principales protagonistas de la transición fueran el Rey (nombrado su sucesor por Franco), Torcuato Fernández Miranda (presidente de las cortes franquistas) y Adolfo Suárez, nombrado presidente del gobierno por el Rey y cuya carrera política la había hecho en el Movimiento Nacional (Vicesecretario General del Movimiento y Ministro Secretario General del Movimiento en el gobierno de Arias Navarro).
La transición se vio favorecida por la crisis final del franquismo que enfrentaba a los partidarios del régimen en dos sectores irreconciliables, sobre todo tras el asesinato de Carrero Blanco: reformistas y “bunker”. Coincidió además con un proceso de avance de las democracias y caída de las dictaduras que quedaban en Europa Occidental con la desaparición del gobierno de los Coroneles en Grecia y de los Salazar en Portugal, el avance de la democracia en América Latina y después en Europa del Este.
Acontecimientos significativos:
El 20 de noviembre de 1975 muere, después de una larga agonía, Franco. Semanas antes (27 de septiembre) habían sido ejecutados 5 miembros de ETA y del FRAP. Por si no fuera suficiente, en el Sahara, la “Marcha Verde” organizada por Marruecos situó al país al, borde de la guerra. El desgobierno de los últimos meses, provocado por la incertidumbre del futuro después de la muerte de Franco, acentuó los problemas.
NOTAS:
1 En junio de 1956 el PCE diseña su política de "Reconciliación Nacional" que será fundamental para integrar a este partido en la política de la Transición.
2 Coordinación Democrática o Platajunta fue un organismo unitario creado el 26 de marzo de 1976, fruto de la fusión de la Junta Democrática de España (establecida en 1974 por el PCE y con la adhesión gradual de CCOO, PSP, PTE, ASA e independientes) con el organismo rival, Plataforma de Convergencia Democrática (establecida en 1975 por el PSOE, Movimiento Comunista, democristianos y socialdemócratas). Sus objetivos eran la amnistía, la libertad de asociación política y la convocatoria de elecciones a Cortes Constituyentes.
De todas las maneras, tan pronto murió Franco, se cumplieron las previsiones sucesorias y el Príncipe Juan Carlos juró como rey el 22 de noviembre de 1975. En este momento la monarquía significaba la continuidad del régimen, pero el Rey parecía decidido a abrir una nueva etapa.
De la muerte de Franco a las elecciones de junio de 1977: El primer gobierno de la monarquía continuó presidido por Arias Navarro, aunque con innovaciones importantes:
1. Fraga en Gobernación, Areilza en Asuntos Exteriores y Garrigues en Justicia. Todos partidarios de un cambio, aunque moderado de la política española. Además eran personas muy relacionadas con la empresa y sus deseos de reforma expresaba la necesidad de llevarlas a cabo para salir de la difícil situación económica (crisis de 1973). Así mismo, el nombramiento como presidente de las Cortes de Torcuato Fernández Miranda, consejero del Rey, hombre hábil y profundo conocedor de las leyes franquistas, fue también de gran importancia.
Este equipo inició una cierta reforma política que Arias calificó de “democracia a la española”. Con todo, dos fuerzas antagónicas acelerarán los cambios:
.
La sociedad demostró un vigor extraordinario en la demanda de libertades.
• La oposición, la Junta Democrática liderada por el PCE y la Plataforma de Convergencia Democrática liderada por el PSOE, se unificó el 4 de abril de 1976 en un solo organismo: Coordinación Democrática (“Platajunta”) que definió como programa para la “ruptura democrática”: legalización de los partidos, amnistía, estatutos de autonomía, libertades políticas y personales…
Durante los primeros meses del año 1976 se producen una serie de manifestaciones en las principales ciudades españolas (sobre todo Barcelona y Madrid) dando apoyo a estas peticiones. Comisiones Obreras organizó huelgas. En Barcelona en febrero de 1976 una manifestación de 100.000 personas pedía “libertad, amnistía y estatuto de autonomía”.
En Vitoria, la muerte de 5 personas en una manifestación provocó una huelga general.
Los conflictos en la Universidad eran continuos.
Por otra parte el “bunker” volvió a manifestar su intención de no permitir la más leve desviación de la ortodoxia franquista. Los numerosos órganos de poder que controlaba la extrema derecha, su peso en el ejército y el miedo a que un aumento de la tensión en la calle acabase de retraer a una buena parte de la población, hizo ver a amplios sectores de la oposición la dificultad de los cambios.
Ante esta situación se abrió camino una oposición más posibilista. El PCE, el PSOE y los demócrata-cristianos aceptaron una ampliación del frente político con la inclusión de algunos grupos de centro y centro-derecha, con el fin de llevar a cabo una reforma pactada, aislando al aparato franquista.
La dimisión de Arias, el 1 de julio de 1976, permitió al Rey el nombramiento de un nuevo Presidente del gobierno, Adolfo Suárez, que al principio suscitó la desconfianza de todas las fuerzas democráticas. Pero Suárez expresó bien pronto sus intenciones:
“Los gobiernos del futuro serán el resultado de la voluntad de la mayoría de los españoles”.
El Presidente Adolfo Suárez consiguió que las Cortes franquistas aceptasen una ley de reforma política (noviembre de 1976), que fue aprobada mediante referéndum en diciembre de 1976 y que significara la convocatoria de Cortes Constituyentes. Durante el invierno y la primavera de 1977, Suárez legalizó los partidos políticos (el PSOE en diciembre de 1976, el PCE en abril de 1977) y los sindicatos. Finalmente pactó con la oposición las condiciones de una nueva ley electoral que permitía convocar elecciones; la fecha fue fijada para junio de 1977.
La legislatura constituyente: El 15 de junio de 1977, 18 millones de españoles, el 80% del censo, acudieron a las urnas. A pesar del improvisado censo (lleno de errores) y de
40 años de ausencia de la democracia, la votación fue multitudinaria y constituyó un acontecimiento histórico. Millones de españoles concurrían por primera vez a las urnas, para dotarse en uso de su soberanía, de un gobierno legítimo.
El triunfo fue para el partido de centro derecha liderado por el mismo Suárez, la Unión de Centro Democrático (UCD) que consiguió el 34 % de los votos; el PSOE el 29%, lo que demostraba que la izquierda tenía un gran apoyo. Del resto de las fuerzas, sólo el
PCE (con el 9.5%) y la derecha con Alianza Popular (con el 8%) tuvieron porcentajes significativos. Un caso aparte fueron las fuerzas nacionalistas, que tanto en Cataluña como en el País Vasco obtuvieron cifras importantes que anunciaban los resultados de las posteriores elecciones autonómicas.
El gobierno de la UCD y las Cortes surgidas de estas elecciones se enfrentaron con una serie de tareas históricas: por una parte, dotar al país de una Constitución y de unas leyes que permitiesen el asentamiento de la democracia; por otro lado, realizar una política económica que hiciese frente a una crisis que en 1977 ya era alarmante. Por último, también se había de hacer frente a una descentralización del Estado para dar solución a las aspiraciones autonomistas de nacionalidades y regiones. Para llevar adelante estas tareas se consiguió un consenso político, es decir, un acuerdo entre las fuerzas políticas parlamentarias para establecer unos mínimos aceptables para todos y corresponsabilizarse de esta manera en la defensa del nuevo sistema.
Constitución de 1978
Fruto de este acuerdo es la redacción de una constitución que proclama la soberanía nacional, acepta las autonomías, abole la pena de muerte (excepto en caso de guerra) y garantiza todas las libertades clásicas. Se trata de una constitución que puede ser aplicada tanto por la derecha como por la izquierda, ya que es poco concreta y sus artículos se refieren a muchas leyes posteriores. Fue aprobada en referéndum por amplia mayoría el 6 de diciembre de 1978. Así mismo se decretó una amnistía total, que permitió la vuelta de numerosos exiliados. En febrero de 1978 se convocaron elecciones sindicales libres y se emprendieron reformas urgentes en la legislación vigente.
Por lo que se refiere a la economía se firmaron el 27 de octubre de 1977 los llamados Pactos de la Moncloa, que era un ambicioso proyecto para luchar contra el paro, reactivar la inversión, frenar la inflación (que era del 14%) y garantizar un límite de un 15 % para los aumentos salariales. Las medidas económicas no consiguieron frenar el paro (situado en un millón de trabajadores) ni parar la inflación.
La consecución de las autonomías: en las nacionalidades históricas (sobre todo en Cataluña y el País Vasco) el paso hacia la democracia iba indisolublemente ligado a la recuperación de la autonomía. La mayoría de los partidos políticos de la oposición habían introducido en su programa la reivindicación de estatutos. Después de las elecciones de 1977 se evidenció que era imposible llegar a un clima de normalidad política y social en estas nacionalidades si antes no se resolvía la cuestión autonómica.
La manifestación del 11 de septiembre de un millón de personas en Barcelona y las de octubre en Bilbao así lo dejaron de manifiesto. El gobierno de Suárez, que ya había establecido contactos con el presidente de la Generalitat en el exilio Joseph Tarradellas, aprobó a finales de septiembre el establecimiento de una Generalitat
Provisional y el nombramiento de Tarradellas como President. Tarradellas llegó a Barcelona a finales de octubre de 1977 y formó un gobierno de concentración de todas las fuerzas políticas catalanas. En el País Vasco, en noviembre se reconoció la preautonomía vasca y se constituyó el Consejo General Vasco, con la participación de la mayoría de las fuerzas políticas vascas.
Los sentimientos autonomistas no quedaron restringidos a las nacionalidades históricas y a finales de 1977 las manifestaciones proautonómicas se extendieron por toda España.
Como resultado de esto se aprobaron organismos pre-autonómicos en Galicia,
Andalucía, Aragón, Baleares, Extremadura y Castilla-León. El Estado español se iba configurando como un “Estado de las autonomías”.
Se había dotado al país de un marco político y se había superado la parte más difícil de la transición; la democracia se había asentado en España. En este contexto y acabada su tarea, las Cortes Constituyentes se disolvieron para convocar nuevas elecciones (1 de marzo de 1979) que diesen paso a un periodo de normalidad legislativa.
2.- LA DEMOCRACIA HASTA 1982
Último gobierno de Suárez:
En esta etapa se rompe el consenso anterior que había permitido aprobar la constitución y los Pactos de la Moncloa.
En las elecciones del 1 de marzo del 79 los resultados fueron parecidos a las anteriores.
El 3 de marzo se convocaron las primeras elecciones municipales que dieron al PSOE con el apoyo del PCE las principales alcaldías del país.
Se iniciaba un periodo marcado por dos hechos:
Por una parte los partidos democráticos, con la ayuda de diversos sectores de la UCD, intentan apartar a Adolfo Suárez de la presidencia; por otra, la extrema derecha, el bunker, intenta abortar la democracia. Las graves divisiones dentro de la UCD dieron la sensación de inestabilidad que fue aprovechada por la extrema derecha para llevar a cabo la intentona más importante para impedir el desarrollo democrático: el 23 de febrero de 1981.
La inestabilidad que creaba el acoso a Adolfo Suárez (moción de censura del PSOE en abril de 1980) y la propia crisis de la UCD, unido a la conspiración militar, conducen a
Suárez a presentar la dimisión el 29 de enero de 1981. Esta situación fue aprovechada por los golpistas el 23-F.
Gobierno Calvo Sotelo:
La etapa posterior al 23-F transcurrió bajo el síndrome de sus efectos. Leopoldo Calvo
Sotelo fue investido Presidente, pero fue incapaz de parar la desintegración de la UCD, lo que le condujo a convocar elecciones para octubre de 1982.
Una de las decisiones más controvertidas de Leopoldo Calvo Sotelo fue el ingreso de
España en la OTAN, mediante una decisión parlamentaria, lo que provocó una fuerte movilización de socialistas y comunistas en la calle para exigir un referéndum.
El triunfo del PSOE:
Para muchos este hecho pone fin a la transición, pues supone la llegada al poder de un partido que perdió la guerra civil, así como un relevo generacional al situar al frente de
las instituciones a gentes no vinculadas al régimen anterior.
El nuevo gobierno presidido por Felipe González orientó sus esfuerzos a la consecución
de una España más moderna y más integrada en la comunidad internacional con una
política pragmática que tenía por objetivo la ocupación del centro político.
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